Los carnavales de Piura
ERP/Miguel Godos Curay. Refiere Jorge Moscol Urbina que los carnavales de la mangachería, al extremo norte de la ciudad eran memorables. No sólo por la aguerrida pasión de sus vecinos sino por la exaltación memoriosa de los testamentos de Ño Carnavalón con velorio acompañado de viudas y deudos por las calles. Por las tardes remojones de agua no siempre limpia y rostros pintados con anilina y betún. Inolvidables los reinados con la elección, tras venta de votos, de una soberana agraciada. Inolvidables los bailes donde se arrojaban serpentinas con sutiles mensajes amatorios, chisguetes de éter y polvo en el rostro. El carnaval era el relajo previo a la cuaresma. El saturnal romano que recorría las calles de la ciudad con jocosa celebración. Algunos barrios con las tradicionales yunzas y otros con bailes animados por la música que interpretaban pueblerinas bandas que recorrían las calles, acompañando jaranas y divirtiendo al populacho.

