Por: Laurence Chunga Hidalgo
ERP. ¿Se imagina Ud. que mañana se aprueba una modificatoria constitucional en la que se dispone "La elección del presidente de la República se efectúa con el voto mayoritario de los ciudadanos que acrediten estudios universitarios concluidos"? De seguro, más de uno se rasgaría las vestiduras pero la opción no es descabellada. Platón y Tomás Moro defenderían con ardor la idea. Este último, por ejemplo, señalaba en su Utopía que el gobernante debe ser elegido democráticamente, aunque mediante un sistema particular de carácter piramidal: cada 30 familias se elige a los sifograntes, éstos, a su vez, eligen a los traníboros, los que, finalmente, eligen al Príncipe. El voto no es universal, sino que le corresponde a un determinado estatus. En la propuesta inicial, a una condición educativa y académica específica, que excluye a cualquier otro ciudadano que por las razones que fueran –pobreza, decisión personal y/o capacidad intelectiva- no ha podido alcanzar la universidad.