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Jue, Ene

Cuando destruir una ciudad es gobernar: demolición, corrupción e indignación social

Miguel Godos Curay
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ERP. La demolición (derribo, destrucción, derrumbamiento, derrumbe, asolamiento, arrasamiento) está de moda. Es lo que más hacen hoy alcaldes y gobernadores. En sus desbocadas ambiciones políticas han encontrado en la sobrevaloración de obras públicas una indiscreta forma de desviar y dilapidar fondos públicos para financiar sus campañas reeleccionistas y perpetuarse en los cargos. Es una forma eficaz de robo.

Por: Miguel Godos Curay

Como en los tiempos de Al Capone poco importa el daño perpetuado. El mafioso engrosaba sus arcas con el contrabando de alcohol y corrupción de funcionarios. Cuando la putrefacción parecía incontrolable, Eliot Ness, agente federal del Departamento del Tesoro, lo capturó y los puso entre rejas por fraude fiscal.

Frente a la lenidad de la Contraloría y la indiferencia ciudadana. A todos los buitres se les ocurrió demoler en diciembre para asegurar el botín navideño. En tiempos electorales las campañas se financian con dineros públicos sustraídos de los presupuestos. Nadie pone la suya. Alibabá y los cuarenta se quedaron cortos. La leche bautizada, el pan sin el peso correspondiente, la cutra de los pulperos que venden en kilos de 800 gramos son un guiño en el hoy festín de la corrupción. Hoy nadie vigila, nadie reclama, ni nadie sanciona.

La lista de los ladrones y vuelteros a fin de año se suma perversamente. Empieza con la tesorera de la promoción, las obras inconclusas, las Apafas (Asociaciones de Padres de Familia) se escaldan cuando rinden cuentas. Los municipios y los gobiernos regionales son hoy escenarios preferidos para endilgarse buenos soles sin rendir cuentas. Todo se encubre en el velo de la impunidad. La gusanera empieza en la cabeza y se prolonga en las extremidades. Ni las ofrendas florales para los fallecidos institucionales se salva de la repartija, todas las boletas “bien emitidas” están infladas es la ley del oeste en los mercados.

Están infladas las rendiciones de gastos de los congresales. Los gastos de los comisionados a todos los ministerios. El Perú institucional es un choclo agusanado que no tiene granos para preparar un tamal de honestidad. Igual sucede con el programa vaso de leche en sus inocultables desvíos a las heladerías. Igual el combustible de los vehículos del Estado sin bitácora ni registro de provisión. Todos los mantenimientos están amarrados con talleres de los recomendados y favoritos. Realmente cobran por no hacer nada. Por eso reparten.

El descarado negocio tiene sus guiños pervertidos y perversos. Establecimientos en donde se consume cerveza y piqueos pero el comprobante para la finta anota alimentos. Esta forma sutil de corrupción menudea en todas partes, compromete a grandes y chicos, a gordos y flacos, a uniformados y sin uniforme. La honestidad no existe, la honradez es la virtud de los cojudos. El Perú está infestado por la incertidumbre de la corrupción y el dispendio. Cuando se presumía que la informática iba a destronar la corrupción pocos imaginaron que los sistemas informáticos iban a enfrentar una descomunal y cuantiosa descomposición.

Fallan en las obras públicas los diseños, los estudios de suelos, las supervisiones, los cronogramas sujetos a la sobre valoración. Sí Piura no se desploma por los suelos es por milagro. Al viejo casco urbano le han arrancado los cimientos. Los estudios de geología y de mecánica de suelos hacia el lecho del río no existen. La resistencia de materiales es un indicador nominal la información es irreal. La destrucción de la ecología y el ambiente es irreversible en tiempos de cambio climático. ¡Nadie repara el daño!

Nadie repone los cientos de algarrobos talados y arrancados por la ingeniería cementera y dilapidadora de recursos. Los técnicos y los ingenieros dicen que ellos obedecen sin miramientos al que manda. Ignorando que el único mandatario, en este extremo, es el ciudadano de a pie, las amas de casa, el pueblo llano, las empresas que pagan sus impuestos. La civilidad entera en donde no se admite a los come echados y sinvergüenzas.

En la vigilancia de la calidad de las obras públicas tienen cuota ineludible de responsabilidad los Colegios Profesionales que reúnen a ciudadanos con formación técnica y profesional competente. Igual los gremios y las instituciones barriales con coraje y agallas para el reclamo. Sí organismos como la Contraloría de la República, el Ministerio Público brillan por su pasmosa indiferencia no queda sino la protesta y el reclamo. Piura, se ha quedado sin prensa para expresar su protesta y opinión. Lo que no significa que el consenso comparte el aparente silencio. No son pocos los ciudadanos que en el hazmerreír electoral viciarán su voto pues no están dispuestos a elegir inelegibles. Esa especie bucanera que se disfraza de honestidad. Y tienen legítima razón.

Diario El Regional de Piura
 

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