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Hipólito Unanue: un prócer peruano de la Independencia

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP. (Por Miguel Arturo Seminario Ojeda) Cuanta falta hace un gran Hipólito Unanue, en estos momentos que nos acercamos al Bicentenario de la Independencia Nacional, un hombre que como él, impulse al surgimiento de nuevos amantes del país, tan necesarios en estos tiempos, para que vueltos los ojos a la patria, se preocupen por su futuro, y por su gente. Hipólito Unanue murió en julio de 1833, y es una de las figuras emblemáticas del país.

La época de la independencia ha dejado para el Perú, a un conjunto de hombres y de mujeres, que fueron los protagonistas centrales de la separación política de España, protagonistas centrales, porque hubo muchos miles más, que aportaron ideas, y que dieron su sangre o su tiempo, para que la gesta de la independencia se corone con éxito.

Dentro de esas figuras máximas, y merecidamente popularizadas, está Hipólito Unanue, el sabio e ideólogo, el hombre que vivió en la frontera de la independencia y se plegó al movimiento separatista, porque amaba su tierra, y lo impulsó, porque tenía fe en que su patria, confiando en que sus habitantes ya estaban en capacidad de organizar a la nación, que convertida en una sociedad independiente, vería a la restitución del Estado soberano, como algo que se anhelaba, en los casi 300 años de dominio extranjero.

En la segunda mitad del siglo XVIII, un grupo de intelectuales empezó a difundir sobre la idea de patria en el Mercurio Peruano, publicación periódica que hizo conocer a los peruanos, su realidad económica, social, religiosa, militar, cultural, y todo lo concerniente al virreinato del Perú, desde la mirada de un grupo de hombres identificados plenamente con la tierra en que habían nacido, o que habían hecho suya, al contacto con la gente y su espacio social. Ya existían en América sociedades similares, que en Cuba y México, motivan a los nacidos en esas tierras.

Estas descripciones coloniales del Perú se hubiesen complementado con la descripción gráfica de buena parte del virreinato del Perú, hecha por el obispo de Trujillo, don Baltazar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, pero recién estas acuarelas se conocieron en el siglo XX, después de 150 años que se mandaron a pintar. Lo cierto es, que la Sociedad de Amantes del País, fundada por José Baquíjano y Carrillo, entre los que se contó a Hipólito Unanue, desplegó una gran tarea patriótica.

A ese grupo de intelectuales de la segunda mitad del siglo XVIII, perteneció Hipólito Unanue, el precursor de la independencia nacional, que junto con José Baquíjano y Carrillo, fundaron la Sociedad Amantes del País, y tuvieron en el Mercurio Peruano, el órgano de difusión de lo que era el Perú, conscientes quizá, que la identificación con el suelo, lo que genera el sentimiento de identidad, es el conocimiento sobre ello, y eso despierta el sentimiento de hacer suyo lo material y social que existe en él, y en este caso, solo se podía conocer, leyendo.

El Prócer, Hipólito Unanue y Pavón nació en Arica, tierra peruana, el 13 de agosto de 1755, y falleció en Lima el 15 de julio de 1833. Sus padres fueron Miguel Antonio Unanue y Montalivet, y Manuela Pavón y Salgado de Araujo. Casó con Manuela de la Cuba y Ballón, y en segundas nupcias, con Josefa de la Cuba, con quien tuvo descendencia.

Unanue comenzó sus estudios en Arequipa, en el colegio San Jerónimo, orientados hacia la carrera eclesiástica, pero pronto comprendió que su vocación estaba en la ciencia, graduándose de médico, mientras paralelamente crecía en conocimientos sobre física, matemática, literatura clásica, latina y griega.

Fue titular de la cátedra de anatomía, en la Universidad de San Marcos y en ese prestigioso centro de estudios fundó en 1782, el anfiteatro anatómico, y proyectó la creación del colegio de San Fernando, establecido recién bajo el gobierno del virrey Fernando de Abascal.

Estando ya en el Perú, el general José de San Martín se realizó la entrevista de Miraflores en 1820, y por encargo del virrey Pezuela, asistió en su representación el doctor Hipólito Unanue, para tratar sobre negociaciones de paz con los enviados de San Martín, sin que llegaran a ponerse de acuerdo. Después que se juró la independencia, fue fundador de la Orden del Sol, miembro de la Sociedad Patriótica y Ministro de Hacienda. Unanue recibió la Orden del Sol de José de San Martín.

Representando a Puno, resultó electo para el primer Congreso Constituyente de 1822-1823; y en el de 1826 representó a la provincia de Arica, donde estaba la ciudad de su nacimiento. En el Congreso de 1822, fue reconocido como Benemérito de la Patria en grado Eminente; y tras la llegada del general Simón Bolívar al Perú, cuando el Libertador se ausentó de Lima, fue encargado del mando supremo, entre 1825 y 1826.

Hipólito Unanue acercó el Perú a los peruanos, contribuyendo con esto a la formación de la conciencia de patria, publicó entre 1793 y 1797, la “Guía política, eclesiástica y militar del virreinato”, donde se consignan datos estadísticos e históricos, que presentaban a los peruanos, lo que era el Perú en esos momentos.

Murió en San Vicente de Cañete, el 15 de julio de 1833. Sus restos descansan en el Panteón Nacional de los Próceres de la Independencia, desde el 16 de octubre de 1927. Unanue está en la memoria colectiva de sus connacionales, su nombre está en calles, avenidas, plazas e instituciones educativas, que lo recuerdan por sobre todo, como un gran precursor de la independencia nacional. El prócer fue reconocido en vida, fue incorporado a diferentes academias científicas de gran prestigio cultural en el mundo. Junto con el naturalista José Pavón, trabajó la “Flora Peruana”. En la ciudad de Sullana hay una calle que lleva el nombre del ilustre peruano, en el populoso barrio sur.

Diario El Regional de Piura

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