Cómo celebrábamos la Semana Santa

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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miguel arturo seminario ojedaERP/M.Seminario. Quizá a muchos les sorprenda escuchar en Semana Santa, expresiones como semana tranca, es esto una falta de respeto para referirse a estos días del devocionario cristiano católico, o es la expresión de una nueva realidad, donde al parecer, hay un desborde de nuevos comportamientos, acordes con las libertades que permite la nueva sociedad. Los modelos de comportamiento se construyen socialmente, la forma de obrar es el resultado de cambios e innovaciones que van siendo aceptados y adoptados por los grupos humanos; hoy los hombres usan collares y aretes y las mujeres se ponen pantalones, cosas que en otros tiempos eran inaceptables.

Estamos en el 2014, en medio de una sociedad transicional, que sin ser moderna totalmente, mantiene fuertes lazos con la sociedad tradicional, ya que aún no se sacude del todo de las ataduras que la mantienen ligada a la sociedad ancestral, estamos en transito a la modernidad, pero aún no alcanzamos los indicadores cuantitativos ni los valores cualitativos para considerarnos totalmente como una sociedad moderna.

Una de las costumbres que permanece inalterable, sobre todo en las comidas que se consumen ese día, es la relacionada con la Semana Santa, despectivamente bautizada hoy como semana tranca por muchos, por la promoción de turismo y excesos de libertades que antes no eran permitidas, al haberse producido ahora un cambio social, básicamente en el comportamiento de los más jóvenes. vemos como se ofrecen paquetes turísticos, campamentos de varios días, y los jóvenes y adolescentes prefieren divertirse, antes que observar el rigor con el que se comportaban sus padres y abuelos en Semana Santa.

En la década del 60 del siglo XX, todavía pesaba un profundo sentido religioso entre la juventud, que al igual que sus progenitores y la mayoría de las personas mayores, vivían la Semana Santa como se protagonizaba hacía mucho, en un mundo sin la masificación de la televisión, porque la radio era el vehículo que los conectaba al resto del mundo, y la imaginación era magnificada bajo el estímulo de los locutores, así, mientras en los Viernes Santos se escuchaban relatos de la Pasión de Cristo en todas las emisoras radiales, imaginábamos el sufrimiento del Nazareno al dar la vida por nosotros.

No se escuchaba música bailable en las emisoras, todo era música sacra, ni en los domicilios se nos permitía cantar, escuchar música y menos bailar, hoy ocurre todo lo contrario, se promocionan paquetes turísticos, y lo que era semana de meditación hoy es semana de diversión, de ganancia y de lucro. La gente esperaba ansiosa la procesión del Viernes Santo, con el Santo Sudario y el cuerpo de Jesús y la imagen de la Dolorosa. A las 3 de la tarde de ese día en Sullana, Tambogrande y en todo Piura se evocaban las tinieblas que cubrieron la tierra mientras Jesús era crucificado, se escuchaban ruidos por todos los barrios porque se golpeaban las puertas y las tapas de ollas para auyentar al demonio que andaba suelto; y aún se difundía la leyenda de que quien se bañaba se convertiría en sirena o tritón, porque se buscaba que las personas se ocuparan lo menos posible en tareas que les distrajeran la mente de los ejercicios espirituales que
mandaba el santo precepto, y como esta era una costumbre virreinal y no había agua potable en ese tiempo, las mayorías populares empleaban tiempo en ir a buscar agua del río, distrayendo el tiempo que debían dedicar a lo rigurosamente espiritual.

No era raro que si alguna niña se quisiera bañar, se le reprendiera, con un: ¡Socorro, no te bañes! va a salir una ballena, y estábamos en Tambogrande, donde solo hay río, en esta villa alejada del mar, las ballenas no cabían en sus aguas. O de pronto escuchábamos: Margarita, no juegues en la calle! que va a venir el "Negro Otero", y Margarita, "patitas pa que te quiero", volvía corriendo a su casa. O un: Jesús, si sales a la calle te llevará el diablo que anda suelto! Y así se vivía en Semana Santa, con un aire a veces angelical, a veces extremadamente pueblerino, y ahora, no pocas veces, extremadamente libertino.

La comida si que permanece invariable, pescado salado o salpreso, con arroz y frejol bayo o frejol blanco, y la popular malarrabia, cuyo origen es muy discutible, aún el nombre, ya que se le registra también en Panamá y en el Caribe. Recordemos que cuando muchos colombianos llegaron a Piura en 1828, trajeron con ellos costumbres de su tierra, también dulces y comidas, y por entonces Panamá era una provincia de la Gran Colombia; con ellos vinieron los gofios y otros dulces, y quien sabe si también vino la malarrabia que se sumó a la comida de consumo esos días en base al pescado y menestras.

Esta sociedad transicional ha variado notoriamente en las formas de pensar y de obrar, estamos frente a un mundo que prefiere la coca cola frente a la chicha morada y a la inca kola y a las hamburguesas frente a las pancitas y los anticuchos, al inglés con relación al castellano y quechua, y antepone estereotipos foráneos con respecto a los nacionales.

Muchas de las nuevas costumbres sin embargo, no han podido imponerse sobre las viejas formas de ser de los piuranos, y en otras, culturalmente se ha incorporado la modernidad para la sobrevivencia de lo tradicional, como cuando en los primeros días de noviembre vamos a velar, pero con focos, vamos a alumbrar, pero encomendamos a terceros que presten el servicio, y ya no estamos desde la media noche en el camposanto que esa noche parece un circo anunciando la continuación de la vida de los muertos, a través del recuerdo de los que aún existen.

Lo cierto es que ahora en pleno "Siglo del Conocimiento", como se llama al siglo XXI, mientas muchos se divierten, hay otros tantos que si viven la Semana Santa, como la vivimos en la segunda mitad del siglo XX.

Pristina 255