En la memoria colectiva

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda. El sociólogo y filósofo Maurice Halbwachs acuño el término “Memoria colectiva” haciendo referencia a los recuerdos y memorias guardados por la sociedad en su conjunto. Al lado de la memoria individual, está la memoria colectiva, o sea la memoria del grupo, la memoria social, que resulta de la combinación de imágenes, nombres, y hechos que los conjuntos humanos guardan para siempre, a veces solo en forma generacional, y quizá se extinguen cuando esa generación se acaba, pero hay sucesos y nombres que se quedan para siempre, y quizá para que no caigan en el olvido, hay que ver las estrategias para que se les recuerde.

En el caso de los sullaneros, pareciera que también funciona la memoria comunicativa, esa que especificó Jan Assmann, relacionada con la “función de una memoria de todos los días que se sitúa en la actualidad”, por eso en Sullana se recuerda a “Carranza, La Pascualita, Gañán, Samuelito, y la Zamba Irene”, entre otros personajes; y son los mismos seres humanos los que propagan y mantienen la memoria colectiva, como una especie de reconocimiento conscientemente, o sin proponérselo, para quienes consideran que deben quedarse en el recuerdo de las mayorías.

El primero de mayo se ha puesto en el lugar que siempre estuvo, una carreta raspadillera de Manuel Vega, más conocido como “Gañán”, quien vendía raspadillas y chalacas en ese lugar, actividad que era su diario universo laboral no solo durante el verano.

Para ver cuánto se mantiene Gañán en la memoria colectiva, me propuse conversar con algunos paisanos de Sullana residentes en Lima, y grata fue mi satisfacción, cuando Nana Leigh, Luis Ernesto Mendoza, Mary Carrasco Cabrejos, Leopoldo Ramírez Ruiz, Manuela Arellano de Negrini, y otros tantos, guardan el recuerdo de Gañán, con sus raspadillas y chalacas de leche, menta, tamarindo y cola, que refrescaban a los sullaneros, y a cuantos viajeros visitaban la ciudad en épocas de calor.

el ganan

Asimismo quise verificar en Sullana, y las respuestas no se hicieron esperar, conocieron a Gañán, Carmen Cruz Delgado, César Antonio Leigh Arias, Francisco Villaseca Rodríguez, Frank Távara Gamio, Pablo Cruz Arrunátegui, Luis Felipe Adrianzén, Mary Loli Cruz Delgado, y una legión de Sullaneros que sería tedioso enlistar. También lo conocieron Federico Saona Ojeda, Reynaldo Moya Espinoza, Rodolfo Cruz Merino, Nila Zapata Távara, Wilfredo Castillo Castro, quienes guardaban gratos recuerdos de Gañán.

Indudablemente que habrá pocos, poquísimos, que quizá nunca lo conocieron, o nunca tuvieron la oportunidad de probar los inolvidables jarabes con los que se endulzaban los copos de hielo que colocaba sobre los vasos de vidrio, porque estábamos lejos del mundo de los utensilios descartables, y nadie se enfermaba del estómago, ni cosa parecida, tiempos aquellos, bien vividos por los que son conscientes de su realidad, y viven engarzados en el tiempo que les ha tocado ser seres sociables, provistos de sensibilidad.

Florencia Vargas Rey recuerda que eran las mejores raspadillas de Sullana, y que al comienzo vendía en la calle Sucre, siempre acompañado de su esposa María Rivera, y que después se trasladó a la Plazuela Checa; es decir que Gañán está en la memoria colectiva de los sullaneros que aún viven en Sullana, los que viven en el interior del país, y de muchos que residen en el extranjero.

Diario El Regional de Piura

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