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Sáb, Jun

Muertes y damnificados que se pueden evitar con una correcta gestión del riesgo

Andrés Vera Córdova
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ERP. Nos escandalizamos y con toda la razón de lo sucedido en Pataz en la región La Libertad. Decenas de familias, fueron afectadas y enterrados por el lodo, varios cuerpos vienen siendo recuperados por tan inesperado desastre. Según las autoridades, desde hace años, se sigue repitiendo respecto al peligro que significada haber poblado este lugar y como sucede siempre, los directamente referidos no escucharon las voces técnicas.

Por: Lic. Andrés Vera Córdova

Traigo a colación este hecho, para repetir una vez más, de la necesidad de actuar incorporando en las decisiones públicas y privadas la gestión del riesgo. Llorar y lamentarnos sobre hechos que se pudieron evitar es común, pero no debería serlo, si se tiene la autoridad necesaria para hacer prevalecer las normas y la pertinencia adecuada para no asentarse en un lugar calificado como vulnerable.

Residir en acantilados, en las riberas de ríos y quebradas, en cauces secos de la costa, en hondonadas, son muy comunes. Tanto como común esperar los mismos niveles de alerta y la misma desatención a las recomendaciones. Antes de Pataz fue Chosica, en cada Fenómeno el Niño varias poblaciones de la región Piura, es decir, no es asunto exclusivo de la Libertad, el problema se extiende en todo el territorio nacional.

Para referirnos a la región Piura, miremos algunos hechos concretos que posiblemente, no se sabe cuándo, nos den muchos damnificados y talvez muertes; porque algunas familias se ubicaron en zonas vulnerables.

Piura y Castilla, ciudades vulnerables. Ubicadas en un llano, soportar lluvias no es un hecho anecdótico cualquiera, es un evento climático que puede traer las peores desgracias, sucedió en 1972 cuando se llevó todas las construcciones de la ribera del río y viviendas cercanas, además de anegar la mayor parte de su ámbito, pese a ello, los afectados y damnificados recuperaron lo destruido al estado anterior de tal hecho.

Las lluvias atípicas nuevamente se presentaron entre 1982 y 83 y el evento climático fue de lo peor, porque el bello malecón Eguiguren símbolo de la ciudad, quedó sepultado entre las aguas y lodo del río Piura, a la par develó la mala ubicación de las viviendas. La urbanización El Chilcal, sector de Buenos Aires y otros, vieron sucumbir sus estructuras ante la acumulación del agua de lluvia.

El desastre fue atroz, pero alentador en el reclamo. El arzobispo de aquel entonces, monseñor Oscar Cantuarias Pastor y el alcalde Francisco Hilbck Eguiguren, entendieron que la “solidaridad no se come” y reclamaron con la insistencia de líderes que entienden la realidad de los hechos. Consecuencia de esta posición, se otorgó a la región Piura y también Tumbes el conocido canon y sobrecanon petrolero.

Desastres similares se repitieron en 1997-98 y sobre todo el del 2017, considerada la peor tragedia ocurrida región Piura, pues las fuertes lluvias ocurridas en la cuenca del Piura, trajeron una masa de agua altísima. La creciente, más el despilfarro o robo de unos 600 millones de soles en limpieza y descolmatación del río, originó que el río se desborde, inunde viviendas en Piura, Castilla, Catacaos, Cura Mori, Tambogrande, por mencionar algunos distritos.

Aún quedan los rostros desencajados por el dolor de los pobladores damnificados, aún se recuerda la indolencia de quienes, con mucha festividad, no supervisaron adecuadamente, para que las obras de previsión se hagan bien. Vale recordar que solo se vive el dolor y el lamento, cuando la naturaleza despierta al humano y lo deja perplejo por sus efectos; sin embargo, conformen pasan los días todo regresa a la normalidad.

Sullana, una población en riesgo. Si bien es cierto, que no existe provincia o distrito que no tenga altos niveles de riesgo, es necesario mencionar la provincia de Sullana, cuya capital es una de las más caóticas del norte peruano. Población asentada en cualquier lugar, autoridades que no planifican y obras que se ejecutan de cualquier manera.

En 1982-83, la ciudad se partió en dos y se activaron otros lugares con grandes consecuencias. Se pudo pensar, que lo vivido era suficiente para hacer los correctivos del caso; sin embargo, 40 años después la situación se ha agravado. El canal vía que debería evacuar aguas pluviales, ahora fluye solo aguas servidas y la infraestructura se encuentra totalmente destruida.

A la ribera del canal vía existen viviendas, las cuales en futuras precipitaciones serán futuros damnificados. Se debe tener en cuenta, que la capacidad de evacuación del indicado ducto, será superior, si se presentan las precipitaciones atípicas de periodos lluviosos. No existe alternativa para derivar las aguas por zonas donde no ocasione mayores destrozos.

Los comerciantes se ubican en una zona tugurizada y cauce de una quebrada; es probable que de presentarse lluvias de alta densidad, perderán sus bienes, primero por la corriente del agua que pasa por la zona y segundo, porque no existe formas y maneras de evitarlo. Los comerciantes no quieren abandonar el lugar y las autoridades lo permiten.

Construcciones en quebradas y acantilados, en hondonadas, complementan los riesgos que enfrenta esta población, que hace casi nada para proteger a sus ciudadanos de un desastre mayor.

Talara, Paita, Chulucanas, Morropón, Paita y Sechura, han crecido a la par del dinamismo económico; en tiempos normales, los riesgos son imperceptibles, pero subsistentes. Ciudades y zonas rurales, no fueron planificadas y pese a los desastres presentados, prepararse frente a periodos lluviosos atípicos no ha sido una prioridad. Lo mismo puede verse en las provincias de Morropón, Ayabaca y Huancabamba.

Lo sucedido en Pataz, es una evidencia fáctica de lo que implica el riesgo. Se realizan inversiones sin considerar lo que podría acontecer, sobre todo porque ya existen evidencias fácticas en años anteriores.

Finalmente, debemos manifestar que existen estudios donde se focaliza las zonas vulnerables. Los mapas de riesgo, son volúmenes completos de estudios, con buena carátula y fotografías indiciarias de los peligros; sin embargo, todo lo estudiado no pasa de lo literal. Ocurrido los hechos se dirá de todo, se gritará, se llorará, se reclamará, nos condoleremos; pero son hechos que se pudieron evitar y no se hizo.

Que, el caso de Pataz, inspire a las autoridades de los diversos niveles, para entender que la naturaleza no tiene consideraciones cuando se expresa a planitud. Al final, como se dice siempre, cuando se es permisivo a una mala ocupación del territorio, se está incubando un futuro damnificado y no es justamente el ideal de una vida segura, y con menos peligros naturales que ponga en riesgo a la población en general.

Diario El Regional de Piura

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