La pantalla que Maduro quiere apagar

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. El jueves, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se lanzó como fiera sobre su Némesis mediática más influyente a nivel mundial, la Cable News Network (CNN).

De Maduro lo sabemos casi todo, pero ¿qué sabemos de CNN?

La cadena se lanzó en 1980 en Atlanta, Estados Unidos, una próspera ciudad situada al sureste de ese país, por el expublicista y magnate Ted Turner, tras el éxito de su primera cadena por cable, la TBS, sobre cuyo modelo construyó otras que conocemos como la TNT, o Cartoon Network.

Contra todo pronóstico, convirtió el concepto de difundir noticias las 24 horas del día en un floreciente negocio, que creció tanto que en 1985 le llevó a crear CNN International (CNNI).

Su pico y consagración llegó en 1991 cuando transmitió la I Guerra del Golfo Pérsico, prácticamente, en vivo. Y fue cuando se hizo parte de nuestros temas de conversación cotidianos.

En 1989, junto con los primeros pasos de la cadena Telemundo, se asocia para lanzar su primer informativo en castellano, el Noticiero Telemundo CNN, que acá era retransmitido por Panamericana TV, cuando era una de las tres cadenas más grandes del Perú.

Fue tanto el éxito en el mercado hispano, que en 1997, la corporación lanza CNN en español (CNNE), que se trajo abajo a Telenoticias (luego CBS Telenoticias), el Canal de Noticias NBC y la mexicana ECO. En realidad todo fue mercadeo, pues CNN siempre tuvo prestigio, aunque se cuestionara su credibilidad.

Eventualmente, CNNE construyó sus propias ramificaciones con sus alianzas con Reforma y Expansión en México, o el lanzamiento de CNN Chile.

Hoy CNNE es, prácticamente, la única fuente privada de noticias multitemáticas en todo el continente, disponible en todos los sistemas de televisión paga.

Aunque Maduro tiene a TeleSur, la cadena creada por el fallecido Hugo Chávez, como su punta de lanza para informar lo que, cree, es su otra cara de la historia, siempre ha visto a CNNE como una amenaza, posición compartida por otros mandatarios del bloque socialista latinoamericano. ¿Acaso Telesur no es tan efectiva como parece?

Aunque es evidente que algunos presentadores de CNNE están opuestos a la política de Maduro, como Fernando del Rincón (que parece esforzarse para disimularlo) y Camilo Egaña, lo cierto es que la cadena se ha dedicado a mostrar los dos lados de la historia, al punto de transmitir las peroratas del presidente venezolano sin cortes y tomando la señal de TeleSur o la estatal VTV.

Y quien lo dude, contrástelo con las redes sociales.

El jueves, Maduro ordenó que todos los equipos de CNN desplegados en Venezuela cesaran de emitir noticias desde su territorio. Como comenté ayer, es cierto que al ser dueño de casa, puede decidir quién entra y quién no; sin embargo, la expulsión ¿no esconde temor a que sigamos enterándonos de lo que Telesur nos va a ocultar?

En lo personal, me sigue pareciendo que el régimen socialista venezolano es la versión corregida y aumentada del fujimontesinismo, donde no había el fuerte componente ideológico porque ni ellos lo tenían claro. Era una dictadura basada en indicadores macroeconómicos, y listo.

Venezuela no tiene ese puntal, y mas bien anda económicamente a la deriva, al punto que no hay ni papel higiénico. Al margen de la causa, los hechos son ésos.

¿Qué tienen en común ambos regímenes? La censura y el control de los medios de comunicación. Y si no dices lo que a mí me parece, o te arrollo o te saco del camino.

Las dictaduras no le hacen ningún bien a la endeble democracia latinoamericana, pues crean una vestimenta que parece ostentosa, pero que oculta abuso, corrupción y crímenes que serían la pesadilla de cualquier persona, al punto que hasta les da miedo chatear por Facebook.

Sin importar si son de derecha o de izquierda, o de donde sea, las dictaduras sacan lo peor del poder y lo que dejan son sociedades atemorizadas, indiferentes y anómicas respecto a sus proyectos de vida individuales y comunitarios.

En un sistema donde la ley es el capricho, no tarda en crear en el subconsciente colectivo la idea de que el fin justifica cualquier medio. Y es así como comienza a destejerse cualquier comunidad. Y eso explica nuestros modelos dictatoriales a escala más pequeña, como los gobiernos locales o las organizaciones de base de nuestras localidades.

El enemigo de Maduro no es CNN, ni CNNI, ni CNNE. El enemigo de Maduro es el propio Maduro, quien no ha dado la talla de estadista, en un país que es un caos completo, no por la derecha, sino por una retórica que no responde a la real necesidad de su gente –bueno, casi ningún gobernante suele responder a las necesidades de su gente- y que exige deshacerse de sus propias incompetencias antes de buscarlas en otros lados, que tienen sus propias sarnas que rascar.

Y si el principal causante del problema es el propio Maduro, bien haría en dar un paso al costado y abrir la puerta a una era de reconciliación nacional, por su bien, el bien de su gente, el bien del continente. Sí, Maduro debe renunciar.

La ideología es un bien suntuario cuando el hambre y la inseguridad son males galopantes.

(Sigue al autor en Twittter como @nelsonsullana)

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