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Mar, Ene

El asunto no es si viene; el asunto es si estás listo

Nelson Peñaherrera
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ERP. Aunque la gente ya comenzó a pasarse la voz sobre la ocurrencia de un evento El Niño para el verano de 2022, lo objetivo es que solo tenemos el pronóstico de un científico de la Universidad Nacional de Piura (UNP), que fue uno de los más acertados al describir la ocurrencia de las lluvias fuertes de 2017, y que hasta ahora sigue generando una discusión acalorada entre especialistas piuranos sobre que si fue o que si no fue un El Niño debido a la focalización del evento.

Por Nelson Peñaherrera Castillo

Aunque lo haya mencionado el presidente Pedro Castillo, el pronóstico no ha sido corroborado por el Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), la autoridad oficial peruana que lanza los alertas, si hubiera, sobre la ocurrencia de un evento, y que es una alianza colaborativa entre entidades como la Marina de Guerra del Perú, el Instituto del Mar Peruano, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, el Instituto Geofísico del Perú… o sea, puro especialista de peso.

¿Quiere decir esto que el científico de la UNP está alarmando por hacer titulares? No, yo particularmente no lo creo. Sus pronósticos están basados en estudiar cada indicador sobre temperatura superficial del mar (TSM) que le llega desde boyas y satélites, pero que necesita a otro científico (si puede dos, mejor) que lo corrobore o contradiga mediante publicación especializada, y que esto se eleve al ENFEN para su análisis.

Por lo menos en la experiencia de 2017, y si es que sus parámetros y personas no han cambiado de actitud radicalmente, entre el dato científico y el alerta del ENFEN no suele demorarse mucho tiempo; entonces, confiemos en que si no hay anuncio oficial aún, no significa que se descarte sino que aún no hay los datos suficientes para decir algo sólido.

Es un poco como el caso de los sismos que estamos sintiendo en el Chira. Si uno deja el miedo aparte y se pone a estudiar los datos del Instituto Geofísico del Perú (IGP), notará que entre el evento del 30 de julio, cuyo epicentro fue a 14 km al oeste del centro de la ciudad de Sullana, y los que se siguen sintiendo estos días, se detecta que los remezones ahora se producen a 11 km al oeste del mismo punto de referencia.

Haciendo una resta simple, yo puedo deducir que los sismos se han movido de Sojo (Miguel Checa) hacia Chalaco (Miguel Checa también); entonces, mi lógica me indica que si el patrón de movimiento continúa hacia el este, el próximo epicentro estará en Jíbito (todavía Miguel Checa, pero ya parte del área metropolitana de Sullana). Sin embargo, el último evento de magnitud 4,3 más bien se ubicó a un par de kilómetros al sur de Monterón (Marcavelica) y el 3,8 se ubicó cerca de la Carretera Panamericana, por Samán (Marcavelica).

¿Leí mal los resultados? No. En ciencia existe algo llamado principio de incertidumbre, y que dice que cuando los pronósticos te indican que el curso podría ser A, algo puede pasar, fortuito, que termina siendo B. Y no es que seas bruto, sino que hay parámetros que no puedes cubrir porque no los consideraste cruciales o porque no tienes todos los instrumentos que te permitan medirlos, pero bajo ningún aspecto significa que erraste, salvo que salgas elaborando toda una teoría de conspiración que no tiene base ni para sentar una hilada de ladrillo.

Y aparte que soy periodista interesado en ciencia, y no un geólogo, mi teoría tendría que ser revisada por al menos un par de especialistas que no necesariamente piensen igual que yo para confirmar o descartar mis hallazgos, y poner todo eso en una publicación especializada que sirva como fuente sólida a quien corresponda para que tome las medidas que hagan falta. A eso se llama proceso inteligente para decidir.

Y solo para cerrar el temita éste de Jíbito y Monterón, la diferencia no supera los 10 km, que en términos de un evento sísmico, para las proporciones de la falla de Huaypirá, que podría ser la causante de los remezones, o peor aún de la placa de Nazca, la principal sospechosa, es una nada desde la perspectiva de las superficies y las distancias.

Aprende: Cómo debe prepararse tu medio de comunicación para cubrir un desastre natural: https://nelsonsullana.blogspot.com/2019/05/como-debes-informar-en-caso-de.html

El punto aquí es que cuando la ciencia te aporta datos y los datos te indican tendencias, no necesariamente debes pensar que sirven para hacer titulares. Lo que deberías considerar, no importa si eres una autoridad, dirigente o persona de a pie, es que tu sentido de precaución debe activarse; por lo tanto, debes pensar o aplicar todos tus mecanismos de prevención para que si pasa el evento, los efectos no te sean tan perjudiciales. Y, bueno, si no pasa, ya lo tienes todo listo. O sea, independientemente del escenario, la consecuencia será relativamente positiva.

Es más, yo creo que deberíamos ver este anuncio anticipado del científico de la UNP como eso: un aviso que nos da una ventana de tiempo enorme, grandota, para que podamos movilizar recursos de tal forma que si se llegara a confirmar la inminencia de las lluvias, cuyo anuncio oficial debería ser a partir de la segunda quincena de setiembre o la primera de octubre, no nos encuentre con cara de sapo al que le está cayendo una piedra. Por cierto, ¡cómo es la cara de un sapo al que le está cayendo una piedra? Sigamos.

Y en este punto, al margen de los gimoteos cuaresmales, una cosa que debemos meternos en la cabeza es que El Niño es una realidad propia del departamento de Piura, algo así como ese vecino temperamental ausente que de primera mano no te quieres cruzar ni en pintura, pero que en algún momento te lo vas a cruzar… a menos que sepas qué provecho sacarle. Es exactamente lo mismo con el evento natural: cómo lo convertimos de amenaza en oportunidad.

La filosofía no es nueva. Cuando en 1997 se avisó que para el verano de 1998 se venía porque se venía un el Niño, se movilizaron recursos suficientes para capear los efectos. Claro que el departamento de Piura se quedó aislado por carretera debido a que el desierto de Sechura se convirtió en la laguna La Niña, pero la destrucción al interior de las ocho provincias fue inferior a la esperada.

Eso no pasó en 2017, y sobra comentar al respecto, aunque podríamos decir en nuestra defensa que durante 2016 los especialistas se la pasaron diciendo que sería un año seco. O sea, tampoco es que el gobernador y los alcaldes fueron negligentes; simplemente se confiaron de un dato oficial que no acertó: nuevamente el principio de incertidumbre. Más bien, el 2015 sí se avisó que llovería fuerte en 2016, pero ni goteras hubo. Misma explicación, solo que durante 2015 sí se hizo mucho trabajo de prevención al que se olvidó hacerle mantenimiento.

Entonces, no solo por la eventualidad de un El Niño en 2022, sino porque ha sucedido desde hace más de 10 mil años y porque seguirá sucediendo por los siglos de los siglos, amén, debemos incorporar en nuestra cultura diaria cómo convivir con el exceso de lluvias, o la total ausencia de ellas, que, ojo, también es una manifestación del evento, porque lo que nos dicen hasta ahora es que la TSM parece aumentar, pero de ahí a que llueva dependerá de los niveles de evaporación. ¡Los conocemos? Listo, ahí la tenemos de tarea.

Amplía: Las lecciones que nos dejó El Niño de 2017: https://factortierra.blogspot.com/search?q=evento+el+ni%C3%B1o

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Diario El Regional de Piura

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