Tres palabras claves que no debemos olvidar tras El Niño Costero

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Una de mis tareas informales durante el periodo de lluvias fue reportar para algunos medios fuera del departamento, y uno de ellos me planteó sacar, aún en caliente, cuáles son las lecciones que nos deja El Niño Costero. A decir verdad, son muchas; pero si queremos que esos dos meses de aguaceros y tormentas signifiquen algo práctico para nuestras vidas, podríamos resumirlo en: educarnos, prevenir y actuar.

Sabemos hasta el cansancio, sea por la escuela o por la experiencia de vida, que la geografía del Perú es propicia para que la Naturaleza muestre todo su poder. Y quien no se haya dado cuenta, despierte: bienvenido al mundo real.

Lo mínimo que nos corresponde como los minúsculos miembros de ese entorno es entender por qué ella actúa de esa forma; por ejemplo, en el caso de Piura, por qué llueve tan fuerte (o no llueve nada) en verano, por qué un río (como el Piura) puede convertirse de un pacífico hilo de agua a un ariete potentísimo en cuestión de horas, por qué no nos debemos soplar los árboles de nuestras chatas montañas andinas, o por qué debemos proteger las jalcas.

No hay pólvora por crear en ese sentido. Desde la organización del Sistema Nacional de Defensa Civil hace casi medio siglo, hay estudio sobre estudio incluso simplificado en manuales al alcance de todas las personas. Por lo menos a mí me consta que desde 1991 esos manuales están circulando en un lenguaje didáctico, que cualquier persona puede aplicar. Hasta están ahora a disposición en www.indeci.gob.pe; entonces hay que tomarse el tiempo para investigar e ir rumiando lo que allí se enseña en vez de estar creyendo en las noticias falsas de las redes sociales.

A decir verdad, es gracias a esos manuales que uno al toque las detecta. Se los garantizo. Ese proceso educativo por propia iniciativa, porque me pasaron la voz o por la fuerza de las circunstancias no debe quedarse en leer y cerrar el libro o la página web, sino que debe decantar en dos escenarios: el previo al incidente y el simultáneo al incidente.

En el primer escenario, el preventivo, lo que se busca es evitar o aminorar al máximo los impactos negativos que pueda causarnos. Por ejemplo: no construir en cauces de quebradas o torrenteras porque en algún momento el agua reclamará sus viejos caminos (tipo la quebrada de Cieneguillo en Sullana, en 1983).

En este punto, otro aspecto clave es aprender a planificar dónde nos asentaremos para que nada nos dañe o que los daños sean mínimos. De hecho, en el último reporttaje de FACTORTIERRA.NET, hemos aprendido algo intranquilizante: gran parte del área metro de Piura está mal ubicada. Quien quiera profundizar, entre a www.factortierra.net/2017/0420/ otro tema a incorporar es la vigilancia ciudadana: cómo se están usando los fondos públicos destinados a prevenir emergencias, y en ese sentido reconozco el aporte de colegas como Nancy Estrada, quien se ha tomado el trabajo de mostrarnos dónde y qué buscar, como se explica en www.factortierra.net/2017/0325/ en el segundo escenario, la idea no es caer en pánico -como sucedió con muchos y muchas de ustedes durante las lluvias-, sino tener la mente clara para actuar por sentido común incluso si las autoridades carecen de él, con tal de salvar la propia vida y salvar la vida del resto, de todo el resto. Ejemplo: si sé que el río está creciendo peligrosamente y estoy cerca a su cauce, no voy a ser tan tarado de acercarme a ver cómo crece, sino ubicarme en una zona alta para no terminar engullido por las aguas... a menos que tenga complejo de desaparecido.

Si he podido educarme para saber qué hacer en el escenario preventivo y el simultáneo al incidente, tendré mente más clara para saber qué hacer una vez que lo peor haya pasado, cómo convertirme en aliado de las autoridades para hacer más fluída la respuesta, para exigir que esa respuesta llegue a la mayor cantidad de gente posible, para apoyar a que el resto pueda organizar sus mecanismos de respuesta también.

En este punto creo necesario destacar la solidaridad de la gente y los niveles de organización extragubernamental que se dieron gracias a las redes sociales (para que vean que no son buenas ni malas, sino que adoptan el fin que les quieras dar), y la unificación de plataformas como www.todosporpiura.org

También es encomiable el esfuerzo de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú. Sin duda, como nunca antes se les ha visto trabajando codo a codo con la gente, dando muestras de entrega, profesionalismo e inventiva.

La sociedad civil y las fuerzas del orden, por lo tanto, tenemos inolvidables lecciones de vida que nadie nos las va a contar porque fuimos protagonistas. Y quien se restó, piña.

Ya estamos en la fase de rehabilitación y ese ciclo de educar-prevenir-actuar se repite; lo mismo pasará cuando entremos a la reconstrucción. Todo gravita en torno a nuestra actitud frente al problema: ser sujetos activos del proceso o seguir asumiendo la mentalidad subyugada de víctimas. Ya mejor ni hablo de quienes querrán avivar a todo el mundo, o quienes quisieron avivar a todo el mundo, y que tendrán que responder ante las instancias correspondientes comenzando por nuestras autoridades regionales y locales.

Las lluvias de El Niño regresarán en el corto o mediano plazo de manera tan cantada como que dos más dos son cuatro, y cuatro y dos son seis. Entonces, o nos alistamos, o la historia de caras largas y tristes volverá a repetirse. Por ejemplo, ¿ya tienes planes para construir tu cisterna y poner tu tanque elevado por si otra vez nos cortan el agua? Ya pues, sé inteligente.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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