El castigo, un problema social

Pierr Abisai Adrianzén Román
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ERP. (Por. Pierr Adrianzén Román). Si pensamos en un modelo de sociedad perfecta, inevitablemente vinculamos el grado de perfección con el nivel de seguridad; concebimos tal vez, de manera inconsciente, que la seguridad deviene en un nivel de satisfacción. Tenemos la tendencia a considerar la idea de que un estado de intranquilidad causa infelicidad. Para evitar ser infelices, detestamos cualquier nivel de inseguridad y reprochamos y castigamos sus causas.

El castigo ha sido siempre la consecuencia necesaria a una infracción de las normas del grupo; siendo que en el devenir de la historia, se ha presentado en diversas manifestaciones, en Grecia el castigo tenia forma de exclusión, al sancionado se le arrojaba fuera de la sociedad. Posteriormente, devino en una suerte de “organización como indeminizacion”, en esta técnica del castigo estuvo marcada por la constitución de una victima privada quien iba a ser indeminazada.

Narciso y el castigo recibido por Némesis | Fotografía de red referencialNarciso y el castigo recibido por Némesis | Fotografía de red referencial

Posteriormente, se inicia una etapa oscura en la racionalidad del castigo, que devino en épocas de brutalidad donde se aplicaban penas de tortura y de muerte, en la que el cuerpo era marcado como un símbolo de quien tenía poder dentro de la sociedad, ello por haber faltado a parámetros sociales de organiacion. Como consecuencia de ello, surgieron ideas de reforma durante la Ilustración, en la cual se buscaba limitar el poder del soberano a través de la ley, surgiendo otro tipo de penas, como las del encierro.

El castigo como respuesta a un delito, ha tenido una marcada evolución, paso de ser una respuesta simbólica a una respuesta física y hoy, con un nombre distinto, ya no le denominan tortura o juicios de Dios, sino “pena”. Esta “pena” constituye el castigo que se proporciona al culpable. A la pena se le atribuye una finalidad, el servir de tratamiento al ciudadano que perturbó el sistema, para reinsertarse en la sociedad, una redención o una penitencia que dura años.

No obstante, el sistema penal actual, se ha constituido en un aparato represor del ciudadano (en cierta medida que inocuiza persona) el cual se ve expuesto de manera deliberada a una serie interminable de castigos físicos y psicológicos a lo largo de un proceso. Se cuestiona a los autores de la Ilustración el haber entregado el poder de castigar al soberano, legitimándolo con el uso de la ley.

Demandamos seguridad, quienes gobiernan quieren mantener la tranquilidad y tiene a la mano el sistema más violento que se ha visto legitimado en un Estado moderno: el Derecho penal. Entregamos cuotas de libertad por seguridad, estamos cayendo en ser ciudadanos políticamente dóciles por la efímera necesidad de bienestar, cada día reclamos más “penas”, pero olvidamos que somos menos libres, que el Estado nos respira en el cuello a cada paso, que el sujeto que nos protege está legitimado para responder de manera violenta contra cualquiera de nosotros. El sistema penal trata de controlar la violencia social con violencia Estatal, esta ultima legitima, pero si queremos controlar la violencia debe ser en todos los ámbitos. La respuesta violenta puede ser lo correcto en determinados casos, pero nuestra aquiescencia como ciudadanos libres a un sistema punitivo en crisis, es lo incorrecto.

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Pierr Adrianzén Román. Máster en Derecho público por la Universidad de Piura y profesor universitario.

Diario El Regional de Piura

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