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Incómodas cuotas mensuales

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Muchas veces ver las cosas desde fuera es la peor manera de analizarlas hasta que cruzas el umbral, averiguas un poco y descubres que solo has visto lo que la ventana te permite percibir. La realidad es otra.

Hace poco, miles de profesionales de la salud postularon en Piura para conseguir un empleo en alguno de los puestos repartidos a lo largo de la región.

Para quien crea que obtener el empleo ha sido una hazaña a pesar del talento (públicamente reconocido, incluso), pues le tengo que decir que es apenas el primer nivel de una suerte de videojuego de carne y hueso y en 4D.

La real proeza de cualquier personal de salud es cumplir las cuotas que se le asignan desde la Dirección Regional de Salud o las direcciones subregionales respectivas.

Estas cuotas implican que cada mes, cada uno de los servicios que proporcionan los puestos de salud tengan una cobertura fija de usuarios y usuarias. Por ejemplo: una cantidad X de personas de la tercera edad a las que debe administrarse la vacuna contra la influenza.

Sucede que no siempre se puede cumplir con esa cuota, especialmente si es que el puesto de salud está perdido en algún pliegue cordillerano.

¿Pereza del o la responsable del servicio? ¿Falta de medicina? No siempre. La mayor parte de los casos se trata de un error estadístico.

Para efectos de cualquier intervención gubernamental, el documento que permite saber cuánta gente se debe priorizar es la encuesta Nacional Demográfica de Servicios de Salud, ENDES para la patotta, que para ciertas direcciones y jefaturas es más o menos lo mismo que los diez mandamientos para Moisés. Sí, ese del éxodo.

Aunque esta encuesta fue actualizada en 2011 (restemos, da cuatro), los datos proyectados son usados al pie de la letra por la gente desde sus escritorios en Piura, Sullana y Chulucanas para exigir que cada profesional bajo su cargo cumpla sí o sí con una cuota mensual de personas beneficiarias.

El problema de la ENDES es que los datos más allá de 2011 están hechos sobre proyecciones estadísticas, y como toda proyección, no significa que se cumpla a rajatabla en el mundo real: puede ser más, puede ser menos, puede chuntar.

Así tenemos, para seguir con el ejemplo de la vacuna, que cada mes se exige que 20 adultos y adultas mayores reciban inmunización. Pero, ¿qué pasa si en la comunidad cercana y circundante no hay esas 20 personas sino menos? Pues al sistema de Salud le vale que no exista gente: las 20 vacunas deben aplicarse sí o sí, y pobre del o la profesional de la salud que lo objete. Sí, tipo ejército, sin dudas ni murmuraciones.

Y no hablamos de faltantes. A veces tenemos sobrantes. El periodista Juan Manuel Reyes, amigo mío, ganó hace poco un premio donde demostró que el programa Juntos proporciona sus servicios en Lancones (Sullana) y La Matanza (Morropón), basado en errores estadísticos.

Así por ejemplo, en un mismo territorio la municipalidad tiene un número X, el sistema de focalización tiene X-100, y la gobernación termina teniendo X+50. como diría la gran Cristina Saralegui, los tuyos, los míos y los nuestros.

El problema es que no faltará funcionario o funcionaria que hará lo imposible por encajar el cuadrado en el espacio del círculo, y maldecir a quien le contradiga (por ejemplo, Juan Manuel o yo).

Me pregunto qué pasaría si ese funcionario o esa funcionaria, siguiendo con el ejemplo de la vacuna, debe inmunizar en el calor o el frío del campo, y se halla ante el error estadístico: ¿clonará gente? ¿reinmunizará? ¿tendrá la valentía de decir: “ehhh, la ENDES se equivoca aquí”?

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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