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Desterrando el criterio basura

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Para principiar principiando, jeje, me gustaría decir que es un buen síntoma que ahora la ciudadanía esté exigiendo mejores contenidos a la televisión.

Los medios de comunicación nos debemos al público, y aunque seamos empresas, tenemos ciertos deberes que no podemos pasar por alto, entre ellos el de inspirar a que nos integremos más y aprendamos cómo gestionar al mundo para mejorarlo.

La televisión y todos los medios de comunicación cometeremos suicidio si nos portamos como la gente que desoyó las protestas ciudadanas cuando el paquetazo ambiental, la ‘repartija’ o más recientemente la Ley Pulpín.

Ya sino hay la convicción para escuchar y aceptar humildemente las sugerencias de la gente, que por lo menos no haya esas actitudes soberbias que solo consiguen enrarecer más el ambiente, donde incluso se usa a menores de edad.

Nadie niega que los medios tengan derecho a usar el espectro concedido por el Estado para plantear contenidos osados, pero tienen el deber de programarlos en franjas idóneas de tal forma que peguen en el público correcto.

Dicho en sencillo: si los compañeros de Rafael Cardoso están interesados en demostrar que las sentadillas sacan buenos glúteos, que no lo hagan a las seis de la tarde, y menos bajándole el short en televisión abierta.

De igual modo, debe respetarse estrictamente el horario de protección a menores (6:00-22:00), y advertir a la audiencia mediante el semáforo de contenidos.

Y aquí la pelota pasa a padres y madres de familia o personas que ejercen la tutela de menores, para que tengan la confianza, la apertura y la autoridad de dialogar con quienes ven televisión, acerca de los criterios que se pueden usar para seleccionar qué programación ver.

A lo mejor podría hacerse el ejercicio familiar de tener la propia parrilla de contenidos, y respetarla de la misma manera como la comida de todos los días.

Otro ejercicio que puede practicarse es evitar que menores de edad se encierren en sus cuartos con un televisor, alucinando que el aparato puede hacer de nana, o puede servir como especialista en psicología, cuando sabemos que así no funciona.

En lo personal, quiero una televisión que me informe de lo útil y en tiempo real, que me entretenga con inteligencia y que me muestre al mundo con amenidad y apertura de criterio.

No creo que prohibir resuelva las cosas porque nos infantiliza. Creo que la persona debe educar su sentido común para seleccionar lo que realmente nutre, aunque no sea sabroso.

Y si la tele no satisface nuestra expectativa, hay otras tecnologías que tienen una oferta atractiva donde podamos emplear nuestro tiempo libre.

A buen entendedor, pocas marchas.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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