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El voto por la nada, creyendo que es la mejor opción

Andrés Vera Córdova
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ERP. Lustro más lustro, los peruanos son compelidos a ir a las urnas para elegir al presidente de la República, sus dos vicepresidentes y a los integrantes del Parlamento nacional. La democracia peruana tiene una relación directa con nuestra sociedad y ésta cumplido el acto obligatorio del sufragio, simplemente es el reflejo de ella con todas sus debilidades, generalmente el de educación y cultura.

Por: Andrés Vera Córdova

Los peruanos votaron por Fernando Belaunde en dos oportunidades, en la primera ofreció toda una diversidad de cambios sociales y políticos que no cumplió; tras ser derrocado, retomó la conducción del país para hacer casi nada. Fernando de Szyszlo lo calificó como una persona honesta, pero “Un perfecto inútil para gobernar”.

Al término de su mandato, peruanos y peruanas se dejaron encandilar por un joven de verbo florido, heredero de la escuela de Víctor Raúl Haya de la Torre, culto en su decir, pero irreal en sus decisiones de su gobierno. Pudo construir un fascismo con todo el poder que tuvo en su primer gobierno, pero su megalomanía y sus pretensiones de ir hacia un estatismo desfasado, nos llevó a la peor crisis económica de la historia peruana.

Pudimos aprender de la experiencia; sin embargo, la historia de engaños de los candidatos, los problemas estructurales de pobreza e inequidades, llevaron a creer que un oscuro personaje con el lema de “Tecnología, honradez y trabajo” podría ser el mesías que siempre buscan los nacionales para lograr el crecimiento y desarrollo anhelado.

Este nuevo mandatario aplicó todo lo contrario de sus propuestas y a pesar de ello, peruanos y peruanas soportaron con estoicismo el ajuste económico para estabilizar la economía. En lo político en el primer tramo, pretendió consolidar un gabinete de exacciones diferentes y democrático; sin embargo, dos años después fue ganado por las fuerzas oscuras y terminó envanecido y regresándonos a la condición de “República bananera”.

Mucho se dijo, se dice ahora, respecto a sus logros, los cuales, de haber sido en el respeto irrestricto del marco democrático, hubiera significado una lección para las nuevas generaciones; al contrario, no solo se dejó sin efecto la Constitución Política de 1978 que todo católico jura cumplir, sino que el gobierno culminó envuelto en corrupción generalizada, la institucionalidad rota y después su presidente fugado por la fuerza de sus errores y responsabilidades.

Hoy como claro ejemplo de lo que no debe hacer un gobernante en una democracia, purga 25 años de prisión en una cárcel dorada.

La crisis política generada en dicha década, pudo llevar a reconstruir un país con bases más sólidas, pero de repente los peruanos creyeron en un personaje que destacó las carencias de su infancia, el milagro de su transformación personal y rendidos con su verbo engolado, lo eligieron. Respetó la línea económica impuesta desde los 90, pero sus calidades personales se develaron no solo en la bohemia, sino igualmente en el laberinto de negar una paternidad reclamada.

Siguiendo con la historia, nuevamente peruanas y peruanos vieron aparecer en escena a ese candidato de verbo florido, mostrándose con una paloma blanca en sus hombros y recitando versos de Calderón de la Barca con su voz meliflua nuevamente engañó a los ciudadanos votantes. Se creyó que emulando a Nicolás de Piérola, podría hacer de su segundo gobierno el mejor del siglo XX; ni uno ni el otro, su megalomanía le jugo en contra y nuevamente, la corrupción se hizo transversal y lo infestó.

Luego de dicho lustro, nuevamente peruanos y peruanas idealizaron a un exmilitar creyendo que realizaría las reivindicaciones sociales que se mantienen latentes. Solo fue un eufemismo, ni uno ni otro, se dejó ganar por la vanidad de su entorno, por la adulación estratégica de los grupos de poder y excepto algunos programas sociales, no hubo cambio alguno; mantuvimos el status quo con esas grandes diferencias económicas entre peruanos.

Culminó abatido por sus problemas políticos y debilidades ideológicas, para quedar destruido como político y envuelto en problemas penales como varios de los otros. Tanto como el hablantín, este personaje que hablaba tan mal fue incapaz de generar un relevo generacional en su propio partido y es posible que pronto tenga que sepultar el partido que pensó haberlo sostenible.

Pero la candidez peruana no se termina y tras un fugaz paso de un tecnócrata en el gobierno, otra vez estamos envueltos en una crisis no solo política, sino igualmente afectados por una pandemia que mina a la población peruana. En este contexto, se ha convocado a los peruanos para que elijan a sus nuevas autoridades y los problemas de siempre, indican que no existe ninguna voluntad de construir un nuevo Perú.

Y aunque todo parezca mentira, la democracia peruana no ha cambiado mucho pese a los años transcurridos y los candidatos tampoco, existe uno que les va bien comparándose con un animal y hablando mal de todos, otros que crean los miedos del socialismo o comunismo, es lo mismo para ellos, en tanto que quienes detentan el poder real en el país, miran absortos en este laberinto, que después tendrán tiempo para comprar al ganador y alinearlo a sus intereses.

El voto informado es una sugerencia del Jurado Nacionales de Elecciones; sin embargo, no se puede pedir más de lo que la sociedad peruana puede dar. 

Diario El Regional de Piura

Municipalidad de Sullana

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