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El lenguaje generacional y el mundo al revés

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP. El siglo XXI es el siglo del conocimiento, y la nueva edad de la historia, es una edad universal, que ya superó enormemente a la contemporánea. Nosotros, la generación que tiene 60 años y más, vivimos la etapa intermedia de desintegración de la edad contemporánea, y el asentamiento de la edad universal, somos una generación bisagra que presenció y sintió que un mundo se perdía y se asomaba otro, completamente diferente al anterior.

Por: Miguel Arturo Seminario Ojeda

Presidente Honorario de la Asociación Cultural Tallán

Pero no fue lo tecnológico lo único que cambio, el mundo que se asomó primero de a pocos, y luego con cambios a raudales, también alteró nuestro comportamiento y nuestro modo de pensar, y la manera de comunicarnos sufrió cambios perfectos y alteraciones imperfectas, ineludibles, por supuesto, porque en medio de una procesión de prácticas y de sucesos, es imposible substraerse a lo que acontece, y así observamos el asesinato de muchas palabras, que siendo dominantes en una época, se vieron replegadas por el empuje de voces que paulatinamente va incorporando la Real Academia de la Lengua, a propuesta de las Academias de la Lengua de otros países hispanohablantes.

Cada contexto social tiene raíces y ataduras que se ligan al tiempo; que hubo épocas, en la que los cambios fueron lentos, nadie lo discute, pero cuando líderes y caudillos que dominan el mundo emergen con fuerza, como lo hacen las nuevas tecnologías, que nos recuerdan que las técnicas tienen una dimensión social, los cambios advienen con fuerza, y muchas veces, el mundo que fue, se torna al revés.

El tango argentino, “Cambalache”, con esa fuerza que genera la inspiración, nos llevó y lleva a reflexiones profundas, en el mundo siempre hubo lo mismo, pero de diferente manera, y claro, una época se diferencia de otra, no por lo que se hace, sino, por cómo se hacen las cosas, aseveraba un sociólogo analista de la dinámica de la vida social a través de la historia.

Al presente, los jóvenes imponen su forma de pensar y obrar, sobre su propia generación, y sobre las más cercanas, no solo la moda cae en lo impositivo, pese a su carácter temporal, siempre fue así, pero, en medio de todo esto, surgen nuevas voces, nuevas palabras, y verbos que la Real Academia de la Lengua incorpora a los diccionarios, en sus últimas ediciones, como se puede conocer sin necesidad de repasar toda la publicación, porque al momento, se puede consumir información de todo tipo, procesarla, y convertirla en conocimiento.

En una conversación virtual de hoy, con mis compañeros de estudios de la Universidad Católica de Córdoba, se asomaron a nuestros recuerdos palabras de escaso uso en el presente, pero que antes eran usuales en los países hispanohablantes, en este caso Perú y Argentina, y varias de ellas han sido replegadas, y poco a poco, condenadas a ser consideradas como arcaísmos en los próximos diccionarios.

Es tan difícil escuchar las palabras majadero, cabestro, rebenque, o tapera, tan comunes en otros momentos, se usan, sí, pero no con frecuencia entre las nuevas generaciones, en las que el mundo digital gobierna su modo de hacer las cosas, ese mundo al que se han tenido que habituar, muchos, muchísimos, como consecuencia de la pandemia que azota al mundo. Hoy la pluri-cotidianidad laboral, afectiva, recreativa y asociativa, se han alterado por causa de esta rara enfermedad.

Recuerdo que en medio de los embates del fenómeno El Niño de 1983, y las lluvias diluviales que cayeron en Piura, se rompieron las reglas naturales que usaba el hombre común para interpretar la conducta de la naturaleza, y, paralelamente, observé como se generalizó el uso de palabras que estuvieron restringidas para algunos sectores, y se masificaron otras que luego dejaron de pronunciarse, porque El Niño nos dio una tregua de 15 años.

Se generalizó el uso de voces como edulcorante, hermeseta, que antes manejaban los químicos, los diabéticos y los médicos; y las voces cangrejera, para señalar esas aberturas de la tierra, que como consecuencia de la impetuosidad del agua, era arrastrada, generando enormes vacíos, ahí, donde la tierra y las arenas del desierto dibujaban el paisaje piurano, y ahora, con el nuevo curso que imponía la naturaleza, hubo que revestir con cemento.

Partera, tocacintas, sobaco, deportillar, primus, son palabras que ya no se usan, y que tienen sustitutos, pero en la mayoría de los casos las encontramos en el DRAE, y en los diccionarios de voces de cada país. Segundaria y captivo fueron relegadas por el uso de secundaria y cautivo, como sobaco lo fue por axila, pese a la pervivencia paralela de los términos sobaquera y sobaquina, que providencialmente, no han sido substituidos por axilera o axilina.

En medio de todo esto, no faltan los tarambanas, que sin los championes bien blanquitos, no dejan de proferir impertinencias, cuestionando a las mujeres que ya no usan enaguas, fustanes, y combinaciones. ¿Me entenderán los hablantes hispanos de las nuevas generaciones? Usted tiene la palabra.

Diario El Regional de Piura

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