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Dom, Oct

¡De acuerdo, hagámoslo! Pero usemos protección

Nelson Peñaherrera
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ERP. Para cuando esta columna se publique ya va a ser semana y media que se informa extraoficialmente sobre los casos de pacientes infectados y fallecidos debido al Covid-19 en el área de Chulucanas que se han venido incrementando. Extraoficialmente porque, en apariencia, esos pacientes y esas muertes no estarían siendo contados. La Dirección Regional de Salud Piura tendrá que decir algo al respecto.

Por: Nelson Peñaherrera Castillo

Basados en fuentes hospitalarias no autorizadas a dar declaraciones pero de alta credibilidad, en la costa de la provincia de Morropón se está comenzando a notar un patrón epidemiológico inquietante: ya no son las personas del área urbana quienes desarrollan un cuadro moderado a grave por coronavirus, y eventualmente mueren; son la gente del campo, y específicamente los pueblos de Paccha y Sol-Sol en el distrito de Chulucanas, el vecino distrito de La Matanza y el casi vecino distrito de Morropón, del otro lado del cerro Pilán (chapa tu OVNI).

Como lo explicaba en mi cuenta de Facebook, si ponemos los casos en un mapa, veremos que éstos se concentran en un tercio de la provincia de Morropón –recuerden: son distritos colindantes—, que además es el más densamente poblado de esa circunscripción. Y no olvidemos el detalle que los casos ya no son mayormente urbanos sino mayormente rurales.

El periodista Roberto Saavedra, basándose en trascendidos del personal de salud, está manejando una teoría que, por lo menos, debe ponernos en alerta: pobladores del área rural de los tres distritos antes mencionados acuden una vez por semana, cuando menos, a comprar o vender en los diferentes establecimientos de la ciudad de Chulucanas y no usan mascarilla –ojo al detalle—por lo que es probable que estén en contacto con portadores asintomáticos quienes les infectan, regresan con el virus a sus casas, desarrollan algún cuadro que no tratan a tiempo, y cuando llegan al establecimiento de salud hay que internarles… o quizás no haya mucho que hacer.

Para darnos una idea de cuántos casos se incrementan, solo el 24 de noviembre, de 30 pacientes que ingresaron en un hospital de la ciudad, para el 25 hubo que sumar ocho. Esto es casi el 25% más, y el establecimiento es, si mis cálculos no son malos, las ¾ partes de los que tenemos actualmente en la ciudad de Sullana. Si la cosa sigue creciendo así, eso va a colapsar, y no es por ser ave de mal agüero sino cabeza fría. Si tu jarra es de un litro, ¿cómo le vas a zampar litro y medio?

El mismo miércoles 25, también extraoficialmente, se supo que las camas de cuidados intensivos en los hospitales de campaña en La Videnita, distrito de 26 de Octubre, y del hospital Cayetano Heredia, distrito de Castilla, estaban llenas; incluso conocimos que personal del servicio de Emergencia de este segundo establecimiento fue asignado a atender los casos de coronavirus, y mientras más joven el personal de salud, con mayor razón lo asignan.

Si te has preguntado por qué hago hincapié en la forma adverbiada “extraoficialmente”, la explicación es muy sencilla: a nivel de la fuente autorizada para confirmar o rebatir tal versión, no hay siquiera un atisbo expresivo; se ha optado por el silencio. Entonces, como algunos periodistas no se chupan el dedo, tienen fuentes muy confiables que, al ver que allá arriba han optado por la política del ‘no oigo, no veo, no digo, soy de palo’, han comenzado a filtrar información porque temen que la situación se desborde, si es que ya no se desbordó y no nos dio la gana verlo.

Lecciones básicas de otra pandemia

Cuando soltamos el dato, alguien culpó a las personas que salen a la calle sin usar mascarillas y se reúnen como quien van a concierto o partido de fútbol. ¡Sí, avispado lector, avispada lectora! Parece que tenemos un ‘modus operandi’ de quienes están ocupando nuevamente camas de hospital: negligencia (seamos directos, dejemos de acariciar la cabecita del churre malcriado) por no usar protección para evitar infectarse.

Por lo menos en Chulucanas, hasta lo que Saavedra llegó a comentarme, hay una campaña intensa para educar a la gente sobre cómo prevenir la infección por coronavirus; aparentemente, a la gente simplemente no le da la gana ponerse una mascarilla o guardar el distanciamiento social si acaso no portara una (pongámonos en todos los escenarios). Pero, ¿y en el área metropolitana de Piura donde sí hay acceso a información y mascarillas?

El martes 1 de diciembre vamos a recordar 40 años de que otro virus, el de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del SIDA, está entre nosotros y nosotras, y a la fecha no lo hemos podido erradicar; al contrario, sigue sumando víctimas.

Si de las infecciones por VIH se sabe que el 96% a 97% se da por vía sexual, y que el uso correcto del preservativo como lo instruye la Organización Mundial de la Salud reduce los contagios hasta en un 97% cuando menos, ¿por qué hay gente que se sigue contagiando?

Como te lo hemos contado en este portal y en esta columna a extremos casi gráficos, simplemente porque las personas que participan de una sesión sexual del tipo que sea (echa a volar tu imaginación) no quieren usar un preservativo asumiendo que están sanas a simple vista, y sabemos por ciencia que también en la infección por VIH hay portadores sin síntomas o asintomáticos. ¿No es el mismo argumento de quien se niega a usar mascarilla? ¿Acaso la justificación no es que la otra persona lucía sana?

Quizás la irónica ventaja del VIH es que si te contagias, ya hay medicamentos que permiten parar la replicación del virus pero la infección no te la quita nadie; en el caso del Covid-19, hipotéticamente las vacunas podrían proteger hasta a nueve por cada diez personas que se las apliquen… una vez que estén disponibles, y oficialmente aún no lo están, aunque Perú ya se trazó como meta inmunizar a toda su población mayor de edad (la más susceptible de agravarse) antes de mayo de 2021.

Estamos hablando de 24 millones de personas por cubrir (quien diga ‘coberturar’, regrese a inicial de 3 años) solo en nuestro país, y hasta donde el Ministerio de Salud está informando, ya está pensando en capacitar incluso a personal paramédico de otras entidades gubernamentales con la finalidad de llegar a más gente en el tiempo justo.

El problema sigue siendo que no nos da la reverenda gana

Sin ánimo de disculpar a las autoridades en el nivel educativo, porque no son las únicas que se han apropiado de esa labor, no podemos echarle la culpa a la ausencia de información. Ni siquiera a la desinformación. Si tanto paras en las redes sociales, qué te cuesta ir a la cuenta oficial de la Organización Mundial de la Salud o del Ministerio de Salud y conseguir el dato cierto (no faltará el tarado –perdonen—que dirá “porque son el gobierno”, otra justificación absurda).

El problema es la actitud negativa, y ésta es la enemiga real de cualquier campaña no solo de salud pública sino de toma de conciencia, de cambio de conducta, de mejorar nuestro estilo de vida. Preferimos darle prioridad a un placer extremadamente primitivo, aunque ponga nuestra vida en riesgo, y no somos conscientes que podemos disfrutar del mismo placer tomando todas las precauciones.

Si quieres conversar con alguien a quien no ves al tiempo, hazlo, pero ponte mascarilla y guarda el distanciamiento social; si ya quieres entrar a terrenos más íntimos, usa un preservativo… y, bueno, ni modo, mascarilla también. Y mejor aún: deja de escuchar cumbia y reggaetón, y eso te desintoxicará del sentimiento de vacío… como vacías son las letras de ambos géneros.
Entonces, no se trata de que nos pongan las instrucciones con foquitos de colores como si fuese circo; se trata de que dejemos de pensar egoístamente en cómo me satisfago sin pensar en nadie más y pensar mas bien en cómo puedo estar bien sin hacer daño a terceros. Tampoco se trata de esperar que las otras personas se protejan; tengo que ser proactivo o proactiva (insisto, esa palabrita está en muchas hojas de vida pero de adorno).

Por lo dicho, a pesar de los pronósticos matemáticamente más entusiastas, y sobre estos datos que estamos recogiendo entre periodistas esperando que las autoridades los confirmen, la famosa segunda ola de la que nos advertían para fines de noviembre ya comenzó a acumular fuerza en el departamento de Piura. ¡Y justo en su centro geográfico! Y aquí tenemos que recordar un poquito de estadística. El área metropolitana de Piura siempre ha reportado uno por cada dos casos confirmados en toda la jurisdicción, luego le seguía el área metropolitana de Sullana (de la que no hemos hablado aquí, pero no descartemos que el patrón se repita) con la mitad de casos que la capital departamental, y la provincia de Morropón justo aparece en tercer lugar.

Volvamos al mapa: las provincias de Piura, Sullana y Morropón son consecutivas, hacen una suerte de corredor, ¡entre todas suman mas de un millón de habitantes, casi la mitad de la población departamental! Y encima somos provincias bisagra entre el litoral y la sierra. No solo se trata de preguntarnos qué están haciendo las autoridades de Salud (aparte de guardar silencio), se trata de reflexionar qué rayos estoy haciendo yo para ser parte de la solución.

O le cortamos el crecimiento a la segunda ola usando correctamente las mascarillas (cubriendo boca y nariz) o simplemente nos vamos a cuarentena total otra vez. Y ojo que quienes aún no nos hemos infectado estamos más vulnerables porque no tenemos los anticuerpos de quienes sí lo han tenido y se han logrado recuperar. El asesino sigue rondando en la calle; no seamos tontos ni tontas: no permitamos que ingrese a casa. Y si ingresa, ataquémoslo en la misma puerta. Ya sabemos cómo hacerlo; entonces, ¡hagámoslo, caray!

[Opina en mi cuenta de Twitter @nelsonsullana usando el hashtag #columnaNelson]

Diario El Regional de Piura

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