fbpx

Si ya pararon sus antenas, démosle potencia

Nelson Peñaherrera
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

ERP. Durante las últimas semanas, el alcalde del distrito de Pacaipampa, en la sierra de Ayabaca (porque Ayabaca también tiene costa, por si acaso) ha reiterado al Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) que dé fluidez al trámite para poner operativas dos antenas de telefonía celular y una de una estación de radio local con la finalidad de conectar a alumnos y alumnas para que no pierdan su año escolar.

Por Nelson Peñaherrera Castillo

Quienes no conocen el distrito de Pacaipampa y quieren hacerse una idea rápida del relieve, destiendan ahora mismo su colcha y quédense con la imagen de los pliegues o arrugas: mientras la capital distrital se halla en el fondo de uno de esos pliegues o arrugas, el resto de comunidades se distribuye por el resto del tejido.

Muchas de estas comunidades ya tienen servicio eléctrico, pero por la misma complejidad de ese relieve, les cuesta trabajo acceder a una señal de telefonía celular o radio, peor a la de la repetidora de televisión en el pueblo de Pacaipampa, la que puede ‘bajar’ las señales electromagnéticas gracias a una antena parabólica. Sí, la vía satélite resuelve los problemas de conectividad.

El asunto es que esa repetidora no puede cubrir todo el distrito no por desidia de las autoridades sino por el mismo relieve –el ejemplo de la colcha destendida que te proponía—por lo que activar una red de antenas en tierra que repitan la señal podría hacer una gran diferencia no solo para los y las escolares sino para todas las necesidades de conectividad en la población.

Pacaipampa no es el único distrito en los Andes piuranos con esa necesidad. También existe en el distrito de Montero, al que se llega, literalmente, subiendo y bajando dos enormes ramales de cordillera andina y cruzando dos veces el río Quiroz (aunque la primera vez no se llama así). Y en Montero, la geografía se repite: enormes paredes montañosas con la capital distrital extendida en el fondo de un valle. Sí, otra colcha destendida.

El problema técnico sigue siendo exactamente el mismo. Aunque hay una antena en la capital distrital, el reto es llevar la señal a otros pueblos a lo largo del territorio. Nuevamente, o pones una red de antenas, o le metes una superpotencia a tus torres existentes para aumentar la cobertura, y esto no es potestad de la autoridad local sino que ya viene regulado por el MTC.

Y la historia se repite en los distritos de Canchaque y San Miguel de El Faique, en la provincia de Huancabamba, al sur de Pacaipampa y Montero (o al revés), luego de subir una pendiente empinada, cruzar un altiplano, bajar otra pared casi vertical y subir y bajar un par de cerros. Sí, más colcha destendida. En esos dos territorios también se necesita poner a funcionar antenas para lograr que estudiantes, agricultores, rondas, personal de salud, autoridades comunales, en fin, todo el mundo se conecte.

Según me comentó uno de los gestores del proyecto que ya está en manos del MTC, solo en estas dos jurisdicciones se beneficiaría a medio ciento de localidades. Todo iba lento pero avanzando hasta que vino la pandemia y se suspendió. Conforme las actividades se han reabierto, se busca retomar esta gestión, aunque sea para los primeros meses de 2021, antes que cambie la administración presidencial (si Unión por el Perú y la izquierda resentida no terminan de dar golpe de estado), o de lo contrario hay el temor que todo regrese al punto de inicio, y el trámite prepandemia ya llevaba un año de camino.

pacaipampa

Oferta útil, demanda holgazana

Cuando hablé por aquí sobre la necesidad de adaptarse a la educación remota, les contaba que hay considerables grupos de escolares (especialmente en la educación secundaria) a quienes asistir a clases les importa un bledo con mermelada y crema chantilly, a pesar de vivir en núcleos urbanos sin problemas de conectividad ya sea por una variada oferta o porque la geografía –ahora sí tiende bien tu colcha para que logres visualizarlo—les privilegia.

En el colmo de la ociosidad, porque no hay otra palabra, ahora resulta que estos y estas escolares tienen al blandengue ministro de Educación como algo mejor que una estrella de música urbana luego que entendieron que serían promovidos de año sin mayor objeción. Estos chicos y estas chicas han saltado a la estratósfera, y si pudiesen votar, olvídense, el Congreso tendría un frente adolescente que sería capaz de hacerles andar de rodillas si osan quitarles esa prerrogativa.

Lo que dijo el Ministerio de Educación es mas bien que sería blando en las evaluaciones como las conocemos, pero en contraprestación, los y las escolares tendrían que demostrar haber adquirido competencias académicas (que no necesariamente significa superar la marca de Hussain Bolt, o quizás), de lo contrario seguirían en el mismo año lectivo hasta que prueben superación. El cómo sigue siendo gaseoso, pero veremos si resulta.

El asunto, querido lector, querida lectora, es que no todos los casos son iguales. Escolares que han tenido todas las opciones existentes para culminar su año lectivo sí deberían ser sometidos y sometidas a evaluación. No puede ser posible que un burro sea más aplicado que ellos y ellas. En todo caso, si quieres aplanar la cancha, por criterios de equidad (igualdad de oportunidades), esta posibilidad solo podría contemplarse para quienes realmente no han tenido condiciones técnicas para acceder, pero aún así buscarías maneras de demostrar que aprendieron, porque eso de pasarlos de año así nomás, tampoco, tampoco.

Pero mi digresión no va por ahí. Lo que mas bien trato de poner en la mesa es que mientras esos holgazanes y esas holgazanas (sorry con excuse me, pero eso son, y si se molestan, piña), esperan ganarse el cielo con avemarías ajenas, allá en el campo, donde hay enormes posibilidades de desarrollo si activamos la conectividad, sí hay chicos y chicas que agradecerían con entusiasmo ser parte de la revolución remota.

Y ojo, hay lindos ejemplos, como el del colegio María Teresa de Jesús Gerhardinger, en Tejedores, distrito de Tambogrande, donde los y las escolares hasta ingresan a sus clases por Facebook Watch. ¡Alucina, causa! Es más, yo recibo sus sesiones en mi cuenta. Por cierto, mira una de ellas en el siguiente link.

¿Cuál es mi punto? Que si tienes público ávido de aprender algo y existe quién les produzca el contenido, entonces tu esfuerzo como gobierno debería ser mejorarles la plataforma técnico-tecnológica para que la propuesta técnico-pedagógica haga su parte. Y quien no quiera sumarse, bueno, en el futuro le mendigará trabajo a quien sí quiso esforzarse. Así es la vida nos guste o no, y este país necesita a gritos ser competitivo, especialmente cuando los recursos no siempre están a mano, lo que agrega otro valor: resiliencia.

Contra los cuentos falsos

Cabe indicar que esta realidad, a mi juicio, deja al descubierto la perversa agenda del colectivo antiantena que, con un poco de mitomanía, ha creado y lanzado toda una andanada de disparates sobre supuestos daños que las ondas electromagnéticas generan… como si no calentaran su comida en un microondas último modelo, porque… ¿ustedes creen que esa gente que sale a decir tontería y media lo hace gratis? ¡Ya pues! Sácate el dedo de la boca que ya estás grandecito o grandecita para creer en el vuelo de los chanchos.

Las antenas no transmiten nada más que conocimiento, acceso, ahorro de tiempo y progreso. Ahora, que tampoco puedes poner una torre donde se te antoje, tampoco. También la necesidad tiene límites, entre ellos, el respetar paisajes y ecosistemas muy sensibles a la ingeniería humana aunque sea lo más cuidadosa posible. Para eso hay buenos especialistas en nuestro país, así que debemos consultarles.

Pero, sí tengo claro que la ausencia de antenas, en los tiempos actuales, aumenta la ignorancia y la desigualdad, atenta contra la construcción de una democracia participativa, retarda los pedidos y las respuestas, puede poner vidas en riesgo. A ojo de buen cubero, presumo que el beneficio será muchas veces mayor que el costo de inversión.

Y en todo el esfuerzo se nos están escapando las municipalidades distritales. Por lo menos la de Pacaipampa está moviendo su propia gestión además de usar los medios de comunicación como apoyo; lo de Montero lo encontré en una noticia de Radio Cutivalú; pero… ¿y Canchaque y San Miguel de El Faique? Su historia no llegó a mí por ninguna autoridad oficial sino por alguien que me vio comentando del tema en Facebook y comenzó a contarme la historia. Y ya vemos que las municipalidades son claves no solo para hacer el trámite sino para sensibilizar al resto de la población que desconoce la utilidad de las antenas y que puede ser presa de la desinformación desencadenante de violencia. Porque no solo se trata de quejarse en los medios; se trata de trabajar a todo nivel y de manera estratégica.

Por lo tanto, sería bueno que el MTC retome tan pronto le sea posible las gestiones para poder instalar o activar las antenas no solo en los lugares de la sierra piurana que les he mencionado aquí sino donde hiciera falta, que las comunidades las cuiden y no se dejen engañar por los agoreros que, ya lo vimos, no buscan su salud sino su eterna ruina; y que si el progreso viene del campo, a buena hora: quien no quiera trabajar, que no reciba pan. San se acabó.

[Opina en mi cuenta de Twitter @nelsonsullana usando el hashtag #columnaNelson]

Diario El Regional de Piura

Pristina 255