Soy fierrero, y no hago lo que quiero

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castillo1ERP/N.Peñaherrera. Uno de mis seguidores en Twitter, @oskdelgado, me pasó un excelente artículo de augusto Álvarez Rodrich, que fue publicado el jueves por La República.

En su columna, el periodista mencionaba todos los campos de la política peruana donde la degradación se expresa en violencia pura, desde altos niveles de gobierno hasta los espacios vecinales formalmente no organizados, como el barrio o la cuadra.

No es la única persona que piensa así. Igual que varios ciudadanos y varias ciudadanas en este país, creo que la delincuencia está apropiándose de forma explícita de los puestos en los que se tomarán decisiones que nos afectarán. Incluso lo comenté antes por aquí.

Encima, el Jurado Nacional de Elecciones y la Oficina Nacional de Procesos Electorales han prendido la alerta ultrarroja, no por comunista radical, sino porque la respuesta del Estado (gobierno, instituciones y pueblo) es endeble, manclenca, debilucha. Yo le agregaría inapropiada y carente de proporción.

Vivimos en desorden. Estamos poniendo la carreta delante del caballo, y, lo que es peor, queremos que ande. Y mucho peor aún, nos asamos terriblemente porque no anda.

Nos quejamos de la pérdida de valores, de la ausencia del sentido de la humanidad. Pues bien, ¿quién dijo que los valores y la humanidad son responsabilidad exclusiva de un gobierno?

Los valores son las guías mediante las que parametramos cómo vivimos.

La humanidad es la categoría que tenemos para discernir correctamente con enfoque de protección, respeto, justicia y sostenibilidad, poniendo atención a los detalles, del mismo modo que los grandes componentes.

Si vivir con valores y humanidad es responsabilidad personal, ¿por qué seguimos con el mismo disco rayado de que un gobierno nos lo debe enseñar?

¿Este gobierno, acaso? ¡Vaya! Las cosas están más de cabeza de lo que alguien piensa.

Te sonará impertinente, pero donde he encontrado orden es cuando practico deporte.

Cuando te propones un objetivo como aumentar masa, reducir masa, mejorar tu resistencia, o lo que fuera, tienes que seguir pasos metódicos: uno pequeño, el siguiente mediano, el que viene más grande, y así hasta conseguirlo.

Todo el mundo que entrena alguna disciplina deportiva, pero a conciencia (exceptuemos quienes lo hacen por moda o por hacer vida social), saben muy bien que todo tiene un orden: una cosa va después que la otra y nunca al revés, como que la cabeza está encima de los hombros, y las caderas sobre las piernas.

Cuando reflexionas sobre estos procesos, y los progresos que consigues, te das cuenta de cómo la teoría del orden se corresponde coherentemente en el mundo real.

En ese sentido, pienso que los y las docentes de educación Física no solo deben dar instrucción anatómica y fisiológica, sino que tienen que motivar la filosofía. Eso es, esencialmente, lo que ahora llamamos 'coaching'.

El músculo físico no tiene sentido si tampoco se forma el músculo mental o espiritual (ojo, no digo religioso, sino trascendental-personal). Es más, lo que no vemos le da sentido a lo que vemos, o tocamos, o gustamos, u olemos, o escuchamos.

¿Cómo reconoces a quien hace deporte a conciencia? Además del físico, es una persona que se respeta y respeta, que piensa antes de actuar, y cuando lo hace aplica una estrategia basada en la disciplina y el afán de la perfección.

Es cierto que se nos puede orientar o sugerir cómo vivir en orden, pero el orden debe nacer de cada quien a manera de compromiso, si no, será otra demanda ilógica.

Y cuando actúas sin lógica, te vas matando de a pocos.

(sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

Pristina 255