El ‘delito’ no es ser diferente, sino irracional

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Si Francesc Morales Brucher viviera en Sullana sería un personaje tan controvertido que lo apreciarían y detestarían por igual, llegando a los extremos de la fanaticada empalagosa capaz de ofrecerle algo más que un cálido abrazo (usa tu imaginación) o capaz de matarlo a golpes al menor descuido (literal, y mejor no uses tu imaginación)., pues su mérito habría sido levantar un velo que mucha gente preferiría ni rozar.

En consecuencia, si Francesc fuera mi amigo personal y tuviera que salir a la calle para lo que fuera, me enfrentaría a esas reacciones mixtas y extremas que no solo pondrían a prueba mi personalidad, sino que me dejarían una gran interrogante en mi cabeza: ¿hasta qué punto es delito ser o pensar o expresarse diferente?

La realidad es que este chico no es mi amigo personal, ni vive en Sullana; de hecho, apenas si hemos cruzado palabra por Facebook y él vive en Santiago de Chile. Sin embargo sí ha causado cierto revuelo tras haber lanzado una serie que corre el velo que suele cubrir la vida de los varones homosexuales: Mamones (www.mamones.cl) es, al menos en YouTube, un fenómeno en crecimiento que ha llegado a traspasar fronteras, principalmente en Sudamérica.

No hay mayor hilo conductor en su producción excepto las estampas cotidianas de varones que tienen relaciones afectivas y sexuales permanentes o fugaces con otros varones, moviéndose peligrosamente hacia la caricatura que la homofobia ha construído sobre ellos (“el varón que se esfuerza por comportarse como mujer”) y sublimemente hacia la humanidad de sus protagonistas quienes cuestionan ácidamente sus propios patrones culturales (como los roles de género en los que se etiqueta a la fuerza a ‘activos’ y ‘pasivos’)., todo salpimentado con cierto humor negro, como para digerir mejor los siete o diez minutos que dura cada episodio.

Morales no es un ‘mariconcito’ –y tampoco nos interesa si lo es- que agarró su cámara, llamó a sus ‘amixsers’ y se puso a darle al botón rojo a ver qué salía; estamos hablando de un profesional con trayectoria en audiovisuales dentro de su país, que ha llegado a competir en festivales de cine como el de La Habana, con nominaciones por su chamba frente y detrás de la pantalla, que egresó de las aulas de la Universidad Católica de Chile, una de las cien mejor rankeadas en Latinoamérica. Por lo mismo, tampoco es un comunicador cualquiera, pienso yo.

Quizás su ‘delito’ es pensar diferente y creer que esa diferencia tiene tantas aristas que merece la pena ser contada a la audiencia de Internet, que se calcula en miles de millones, de los que 500 de ellos son su mercado potencial en español bajo el supuesto que el 100% tuviera conectividad.

Y a pesar que solo hemos cruzado tres palabras y que en chat privado le he dicho qué pienso sobre su serie, puedo deducir que el hecho de mostrarnos esas aristas sin más roche pero con mucha seguridad me hablan de un ser humano capaz de profundizar en lo sabio y lo estúpido de otro ser humano, independientemente de cuál sea su orientación sexual, su sexo (que no es lo mismo), su nacionalidad (claro que si le bajara algo a la jerga chilena, se entenderían mejor sus chistes), , su condición socioeconómica, sus habilidades (produjo un documental para gays sordos que se estrenó en la televisión pública de su país, que acá conocemos como TV Chile), , sus gustos y sus proyecciones. Porque finalmente eso somos todas y cada una de las personas al margen de las etiquetas que nos esforzamos por ponernos, por poner o que se esfuerzan por ponernos.

Y ahí está el reto: desetiquetarnos para entender que las diferencias suman. Eso separa a la gente del asesino, del intolerante, del insensible a la fuerza, del pegalón, del infiel compulsivo, del injuriante, del extorsionador, del vividor, del chantajista, del violador, del que (se) inyecta proteína para caballos, del que amenaza de muerte, del que levanta la voz porque detesta debatir con calma, de quien cree que ser varón es ser instintivamente dinosáurico.

Ser varón es otra cosa: es abrir la mente tanto como se pueda para entender la grandeza de las cosas en los pequeños detalles, incluso los que nos parecen raros o repulsivos, sin que eso signifique que estemos de acuerdo. Eso es lo que Francesc y otros comunicadores que sí conozco, con quienes me bromeo, discuto y hasta abrazo con mucho cariño están haciendo. Bueno, estamos haciendo.

Y no por eso somos menos ni más, ni el resto es menos ni más; pero sí nos encabrita cuando alguien quiere hacernos menos… o más. Somos personas racionales. Punto.

Dudo que Francesc alguna vez se aparezca por Sullana, pero, al margen de que no pensamos igual, no me arrocharé si quiere conocer la ciudad, o si quiere dar un paseo para hablar de lo que sea, o si tiene que pasar un rato ameno con mis amigos y amigas, o mi familia. En ese cambio de actitudes es que está el punto de quiebre. ¿Nos desafiamos a ello?

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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