Lectura, ¿arma contra la violencia?

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Además de nacer, hay hitos trascendentales en la vida de un niño o una niña como el primer gateo, la primera vez que puede sentarse sin ayuda, los primeros pasos, la primera palabra, la primera vez que puede ir al baño sin ensuciar nada, la primera vez que puede comer sin ayuda, la primera vez que aprende los colores, los números, las letras, y así hasta llegar a todas las primeras veces que nos toca dar fe.

Pocas veces he oído de algún padre o alguna madre que marca con orgullo la primera vez que su hijo o hija lee de corrido. Para mi buena fortuna, mi hermano y mi cuñada sí lo hicieron.

Resulta que mi sobrina, quien está a unos meses de cumplir seis años, lee fluidamente cualquier tipo de texto, respetando hasta las tildes. Como prueba, la hice leer en voz alta el encabezado de uno de mis últimos informes publicados en Internet, y lo superó perfectamente. Claro que dudó en la palabra “oscilación”, pero pasó el escollo sin problemas.

Con esta habilidad ganada, cuánto mundo se le abre por delante. Sin contar la independencia que le da. Ahora ella misma puede explorarlo a través de la lectura, y en todo caso la responsabilidad de su padre y su madre es poner a su disposición buenos textos, además de seguirle mostrando como ejemplo cuánto disfrutan leyendo (lo que en realidad sí hacen).

Mientras todo el mundo se desvivía en la última Navidad por el mejor juguete para los niños y las niñas, ¿cuántos y cuántas se desvivieron por regalar diccionarios o libros?

En lugar de obsequiar aparatos para mantener a raya la hiperactividad infantil, ¿quién reparó en darle una herramienta para expandir su mundo?

Si la alfabetización ya marca una brecha, la lectura y la comprensión lectora lo hacen más aún, y se convierten en fundamentos claves para el real desarrollo personal.

Y voy más allá: ¿cuánto libera la lectura a una niña al punto de ayudarle a prevenir cosas que la lesionen, como la violencia?

Lo siento, no puedo responder eso ahora porque dependerá de la calidad de la lectura, el acompañamiento para que interprete correctamente y el reconocimiento de que estamos ante una persona que tiene al raciocinio como su arma más poderosa para enfrentarse a la vida.

Ojo que muchos de los casos de violencia en zonas rurales tienen como víctimas a mujeres con bajos o inexistentes niveles de alfabetización: mientras más ignore la mujer, más puede ser subyugada por algunos varones y encima por su comunidad.

Alfabetizar y estimular la buena lectura para prevenir la violencia. ¿Alguien lo ha considerado en algún programa de gobierno, o seguiremos con el asistencialismo?

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

Pristina 255