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Día de los Derechos Humanos... ¿de cuáles humanos?

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Hoy conmemoramos el Día de los Derechos Humanos. ¿Otro día de conmemoraciones? Sí, otro día de conmemoraciones, solo que la de hoy más que una celebración, es una jornada de reflexión.

Cuando se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que es lo que recordamos hoy, se idealizó un mundo más pacífico tras dos periodos de guerras cruentas y salvajes. Digo, morir calcinado por una bomba atómica no es poca cosa.

Pero el mundo no mejoró mucho tras ese episodio. Aunque, pensándolo bien, el mundo casi nunca anduvo mejor, y ahí es donde tenemos que echarle todas las ganas: en mejorarlo.

Según la región del planeta donde te encuentres, hay una vulneración prevalente de los derechos humanos.

Analicemos el caso piurano.

Comencemos por el derecho a la salud, por ejemplo, con una huelga que parece no terminar jamás, que perjudica a miles de personas que requieren salvar su vida. Si no tienes dinero para una consulta privada y solo dependes del sistema de salud del gobierno, y éste no atiende o atiende mal, te mueres: es una violación de los derechos humanos.

Vamos con el derecho a la educación. Mientras más lejos de la ciudad te encuentres, la posibilidad de una educación de calidad decrece. Sí, no es ninguna novedad, pero ¿es admisible que ruralidad sea sinónimo de baja calidad? Si se reconoce nuestra igualdad ante la Ley y sus beneficios, no hay motivos para que tales brechas existan.

Aunque en la ciudad la cosa no es tan equitativa que digamos, pues el abandono material y moral de niños, niñas y adolescentes, incluso en hogares de buena posición económica, tampoco generan calidad educativa.

Pero no toda la culpa es de médicos y docentes. Revisemos el derecho a un trabajo digno. Para acceder a un puesto debes tener un buen padrino o una buena madrina. Al diablo tus credenciales profesionales, si es que no terminas negociándolo sobre una cama o mediante una transacción comercial extralegal. A ello le sumamos que quienes trabajan no reciben su paga a tiempo, o simplemente no reciben su paga. Y aunque se tenga vocación, la gente no vive de lo abstracto. Claro que si tu cargo es de 'mayor confianza' no tienes de qué preocuparte, porque tu sueldo está asegurado a costa del perjuicio del grueso de empleados y empleadas, o contratados y contratadas.

Sin dinero, mucha gente no puede resolver necesidades básicas, es decir: agua, electricidad, vivienda, vestido, seguridad. El derecho a una vida digna, en resumen.

O si tenemos el dinero, lo malgastamos en aquello que nos da estatus, pero no nos nutre. Igual, vulneramos el derecho a una vida digna.

La zozobra genera violencia de todos los tipos, tanto al interior de nuestros hogares como en las calles, y desde el gobierno. Y mientras más vulnerable se esté, se lleva la peor parte.

La violencia sumada a la ignorancia son una combinación explosiva que se vuelve contra víctimas y quienes victimizan, aunque el primer grupo sale peor afectado.

Violencia, ignorancia e inacción son una mezcla más letal porque la inmovilidad no produce nada, ni bueno, ni malo.

Como dije, hoy no tenemos nada que celebrar sino que reflexionar. Y comencemos pensando que los primeros violadores y las primeras violadoras de los derechos humanos somos tú y yo.

¿Qué vamos a hacer para reparar lo que estamos causando?

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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