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Dom, May

Nuestro siguiente programa: Sullana Hills 20103

Nelson Peñaherrera
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ERP. No sé, pero imagina que estás en una conversación cualquiera y de pronto entras al tópico deportes que practicas. “Pues yo hago fitness y pesas”, respondería. “Yo practico running y hago mucha gimnasia”, replicaría otro. “ah, yo armo porros de marihuana y luego me los fumo… y encima me pongo polo, short y zapatillas para hacerlo”, nos diría un tercero. ¡Qué lindo! ¿no? Solo faltaría el quinto teletubbie y nada más… creo.

Por Nelson Peñaherrera Castillo

Si eso de armar cigarrillos de marihuana y fumarlos como afición no te hace ruido, bueno, a otros ciudadanos de Sullana sí, y no por el hecho de que ellos no fumen y otros sí, sino por el lugar que quienes fuman han elegido para hacerlo: espacios públicos a vista y olfato de toda la concurrencia. Y por lo menos en los casos que vamos rastreando hablamos de dos lugares: la plazuela Bolognesi y el parque de la primera etapa de la urbanización López Albújar, justo donde comienza el código postal 20103.

Mientras alguna gente sale a correr, a colgarse de las barras (a ver si saca tríceps), hacer gimnasia o bailar en grupo, otros chicos, y ojo que son mayormente chicos, se tumban en el césped y como quien pasa la bola o salta la soga, sacan su alijo de hierba, su papelito, lo acomodan bonito, lo enrollan, lo prenden en la puntita, y que suene “no woman, no cry”. No hay una hora fija, pero mayormente lo hacen cuando no hay mucho o ningún brillo solar.

Y ya sabemos que la marihuana es una de esas drogas cuya existencia es harto escandalosa al olfato. Pestilente más bien. Y en Sullana, donde le estamos haciendo competencia a los perros, ya sabemos diferenciar vinaza de desagüe, o quizás el amoniaco de la pota, del escape de diesel sin afinamiento. Entonces, no es que uno vaya de chismoso a ver quién fue; el olor lo anuncia a decenas de metros antes.

Ya establecí que son mayormente varones, pero hay otros aspectos que sí deberían llamarnos mucho la atención; por ejemplo: son chicos que parecen no tener más de 20 años de edad, y a juzgar por cómo visten, a ojo de buen cubero podrían llevar encima alrededor de 100 a 150 dólares, y en una sola muda. Ya no me pregunten por lo que hay bajo su pantalón, pero de 10 dólares no creo que baje.

Y eso que no estamos tasando los accesorios, que ahí tranquilamente el precio se nos dispara. Entonces, no estamos hablando de personas sin recursos económicos; todo lo contrario. Si te estás preguntando por qué me estoy deteniendo en describir su ropa, no es lo que piensas; sigue leyendo y entenderás por dónde va el burro que no necesariamente es por alfalfa. Entonces, ya tenemos idea que esta gente lleva, al menos, medio sueldo mínimo vital encima del cuerpo en una sola puesta… nuevamente, sin añadir accesorios. Claro está, hablando de los que llevan jeans.

Otros de la especie que hemos hallado son los de típica traza reggaetonera, blin-blin incluido, y los que nos ha llamado poderosamente la atención son los que se ponen ropa de deportes pero no ejercitan alguna parte de su cuerpo en especial excepto sus dedos. Ah, y el antebrazo también. ¿Dirán en casa que “ya vengo, voy a correr un rato” o es simple comodidad veraniega?

Quienes no van a la Bolognesi, como dije antes, aparecen en el parque del “barrio ecológico” de la López Albújar, primera etapa, donde no se aíslan de la concurrencia sino que casi se mimetizan entre las multitudes que todos los fines de semana, puntualmente en pleno toque de queda, convierten el lugar en una verdadera discoteca al aire libre sin que la autoridad mueva un dedo por erradicarlo. Nuevamente, las mismas características físicas aparecen en este lugar.

Y por si eso fuera poco, a la mañana siguiente, restos de manzanas aparecen en los jardines del parque. ¿Será que esta ‘gentita’ ya le entró a la dieta alta en fibra? Nada de eso. Las frutas están cortadas de la punta, la pulpa meticulosamente retirada, un sorbetín o popote insertado y “voilá”, ya tenemos una pipa para fumar hierba. ¡Momento! ¿No que los sorbetines ya están prohibidos por lo de la contaminación del plástico? Ahora entiendo por qué le llaman “barrio ecológico”. Sigamos.

Para algunos vecinos, esto de que los concurrentes luzcan de buena posición económica parece ser un freno para que el Serenazgo de la Municipalidad Provincial de Sullana los intervenga. Ya sabes, detienes a uno, y es probable que alguna familia ‘de renombre’ en la Villa de la Santísima Trinidad de La Punta pegue el grito al cielo y es capaz de bajarse al alcalde más veloz que miles de vecinos recogiendo firmas en forma febril e infructuosa. Entonces, lo que tenemos es desorden… y eso explica por qué mi fijación con el precio de la ropa.

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Ah, y en estas líneas adjuntamos una foto real que nos enviaron: las botellas vacías dejadas por ahí como basura son cortesía de los compradores de una licorería en el área del parque de López Albújar que atiende las 24 horas. Los bebedores, en su mayor parte venezolanos (y ojo, esto no es xenofobia), se dan cita incluso en pleno toque de queda. Serenazgo se ha excusado ante los vecinos diciendo que no tiene unidades para poner orden. Mientras tanto, quien quiera trago, la licorería atiende pedidos a domicilio. Pregunta por los combos Omicrón y Delta.

Personalmente, el hecho que alguien consuma drogas como divertimento individual no me molesta; finalmente es su vida, y es probable que hasta sea alguna de mis amistades y yo ni lo sospeche. Tampoco tengo por qué sospecharlo. El hecho como indicaba antes es dónde lo hagas. Si lo haces en la intimidad de tu sala o tu cuarto, no es nuestro problema; finalmente, es un espacio privado, es un acto privado, y mientras sea una decisión personal, libre e informada, se entiende aunque no se comparta.

Pero hacerlo en espacios públicos, especialmente los concurridos por familias con menores de edad, ya debería ponernos en alerta, no porque el consumidor de marihuana sea un enemigo común, sino porque la conducta se vuelve inapropiada por el sitio donde se practica. Para que lo entiendas, es como si alguien decide hacer nudismo en una piscina pública donde lo más pequeño que se te permite es un bikini o una tanga brasileña. O sea, cada cosa tiene su tiempo y su lugar.

Entonces, cuando no hay reglas en la vida de alguien, éstas tienen una base razonable, y no hay autoridad que se las haga entender de manera civilizada, es cuando el poder político tiene todas las herramientas coercitivo-administrativas para ponerle en vereda pero bajo el enfoque objetivo de un orden que se subvierte porque daña o perjudica la tranquilidad del resto. Es como el que te pone música a todo volumen cuando el barrio entero quiere dormir; sí, es su casa, pero su derecho muere donde comienza el derecho del resto. Eso es lo que estamos discutiendo aquí.

Ahora bien, yendo más allá, el hecho de que personas que parecen tener la vida resuelta, aunque no es una variable fija, tenga que recurrir a las drogas para abrir o forzar la apertura del abanico de su bienestar, o buscarlo allí donde parece no encontrarlo, ya me habla de un problema muy fuerte de salud mental que en algún momento sí era tema de discusión pública, pero como que de un tiempo a esta parte lo hemos normalizado mucho.

Aquí no se trata de si la droga te controla o si tú controlas a la droga; la cosa pasa por la razón que te impulsa a elegir la droga como una vía de escape o trascendencia con los riesgos que implica para tu salud, cuando tienes otras maneras de drenar aquello que te incomoda. Se llama resiliencia, y la verdad es que no es muy frecuente que digamos en nuestras comunidades.

Y por la edad de las personas que se drogan (digámoslo con el verbo correcto), en Bolognesi o López Albújar, me habla de padres ausentes ya sea de forma física, emotiva, porque los padres tienen una edad mental inferior a la del hijo, o quién sabe qué; pero a mí particularmente me habla de vacíos que parecen no ser reconciliables con nada excepto con el escape de la marihuana, la coca, el alcohol, el tabaco, el juego compulsivo, la comida… en fin, droga no es solo la que se vende en ‘ketes’ o ‘pacos’ sino todo aquello que es nuestra cápsula de escape a la realidad, eso que en vez de darnos la valentía para pararnos firmes y enfrentar para superarlo, nos lleva a evadir.

Espero que este tema vuelva a ser parte de la discusión pública no con tinte moralista porque quien esté libre de pecado que lance la primera pirca; en todo caso, tenemos que dialogarlo de manera abierta, científica y serena como un asunto de salud pública, y allí no es un tema solo de autoridades, o candidaturas, sino un asunto que nos compete a todos y todas porque todos y todas tenemos hijos, sobrinos, hermanos, primos, amigos… todos tenemos a un ser humano que merece nuestra consideración y respeto, pero que también merece que nos pongamos firmes cuando aquello que hace lo daña y nos daña.

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Diario El Regional de Piura

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