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Sáb, Nov

Reconstruyamos el Jean Piaget

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castillo1ERP/N.Peñaherrera. Imagina que un grupo de vándalos saquea y destruye la Casa Museo Grau en Piura, porque se resiste a la idea de pensar que el Caballero de los Mares posiblemente no nació en Paita.

Imagina que un grupo de vándalos destruye la Iglesia de San Lucas de Colán en protesta por los abusos que habría cometido Francisco Pizarro contra el polarizado pueblo inca. Y si no es la iglesia, el obelisco y la cruz en Tangarará.

Imagina que un grupo de vándalos termina de destruir la Casona de Sojo porque aún le duele el abuso cometido por los hacendados contra el campesinado hasta que llegó la Reforma Agraria.

Imagina que un grupo de vándalos se trae abajo Aypate en protesta porque los incas exterminaron a los ayawakas.

Claro. Es totalmente insano y descabellado, además de absurdo.

Ahora, piensa en cómo nos hemos sentido al ver la destrucción en el colegio Jean Piaget de Tambogrande por un grupo de vándalos.

En el contexto de la reciente historia latinoamericana, el plantel es un sitio especial; algo desconocido, pero si hacemos memoria, entenderemos por qué.

A mediados de 2000, luego de varios dimes, diretes y enfrentamientos entre la minera Manhattan y quienes se oponían a su presencia en Tambogrande, se organizó un foro para conocer las posiciones de ambos lados y que la concurrencia analizara cuál posición le convencía más.

En términos de preparación, para ser bien honesto, la empresa minera tenía todas las de ganar... o al menos eso parecía.

Aquella mañana todo quedó dispuesto, llegó la concurrencia, llegaron los panelistas antimineros, y se esperó pacientemente a los representantes de Manhattan. Y se les esperó, se les esperó y se les volvió a esperar.

Jamás llegaron.

Ante el walk-over, el líder agrarista Godofredo García Baca tomó el podio, y lanzó uno de los primeros manifiestos técnico-políticos sobre la inviabilidad del proyecto minero en Tambogrande.

Ese mismo espacio fue, después, el lugar donde el Frente de Defensa de Tambogrande y San Lorenzo se reunió para acordar varias decisiones que marcarían la historia de ese distrito. Aún recuerdo haber asistido a un par de reuniones y ver cómo la gente pasaba de la desconfianza en la cara desconocida a la camaradería, y luego a la chacota.

Fue en el Jean Piaget donde por primera vez en mi vida tomaba conciencia del concepto práctico de comunidad, el que se aprende en la calle y no en los tratados de Sociología.

Cuando el caso interesó a muchas personas, quienes escribieron libros y tesis a nivel mundial sobre él, o que llegaron a producir reportajes (como Hannah Hennessy, de la BBC), el Jean Piaget era sitio de aterrizaje obligatorio por su carga histórica.

Aún hasta hace poco, seguía siendo una escala de rigor para estudiar el caso Tambogrande, a la par que un sitio donde chicos y chicas llegaron a soñar con ser personas de ciencias o de humanidades.

Lo que se destruyó el lunes no fue el colegio propiedad del alcalde Francisco Ojeda, sino un lugar histórico, y que, al margen de nuestro acuerdo o desacuerdo con las posiciones de la gente, debió ser respetado como tal, y, a pesar de la destrucción, debe ser respetado como tal.

Por éllo, me atrevo a pedir a todos y todas quienes nos identificamos con ese trozo de historia latinoamericana, que comencemos a donar tiempo, esfuerzo, enseres y dinero para rehabilitar el Jean Piaget en tanto espacio histórico, donde se estaban educando niños, niñas y adolescentes, quienes son las personas agraviadas con la inconsciencia de una turba de vándalos.

Tal como quisieron acabar con el caso matando a Godofredo García Baca, tal parece que ahora también se pretende acabar con un espacio histórico para Tambogrande, para el Perú y para América Latina.

Dicen que la minería está detrás. No tengo pruebas al respecto, ni podría decir cuál, si la corporativa o la ilegal. Lo que sí tengo claro es que lo que nos toca a quienes no nos escudamos en el anonimato de la violencia es reconstruir, reconstruir y reconstruir.

Es la mejor forma de sanar y reconciliarnos con la Historia. Además, es la forma óptima de educar con el ejemplo.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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