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Que no nos roben la democracia

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Hace una semana decía que la jornada electoral era la celebración de nuestros derechos ciudadanos, porque en nuestras manos (literalmente) se jugaba un destino que tú y yo elegimos sea marcando por uno, por otro, por todos (mi caso) o por nadie (bueno, también mi caso).

El proceso electoral debe quedarse en el hecho de elegir, ver quién obtuvo la mayoría, verificar con la mayor tranquilidad del mundo que la victoria haya sido limpia, y celebrar el resultado de la forma más civilizada posible.

Cualquier cosa fuera de ese entorno debe preocuparnos.

Los niveles de violencia que se han visto en este proceso en particular son alarmantes, y no deben generarnos indiferencia sino indignación; pero, ¡ojo!, no esa indignación de la marcha matonesca, de la protesta destructiva o del reclamo procaz, sino esa indignación que, aunque la justicia parezca no caminar, más por maña que por fuerza la pone a andar.

En ese sentido, no podemos darnos el lujo que un puñado de personas con fines inescrupulosos nos roben el protagonismo. Sí, no leíste mal.

Los verdaderos y las verdaderas protagonistas de las campañas electorales somos quienes votamos, no los candidazos ni las candidazas por un principio simple, basado en la teoría contemporánea de la democracia.

Tú y yo somos quienes gobernamos; pero, como es imposible que estemos haciéndolo directamente, lo delegamos a una persona que hemos elegido para que, a su vez, elija las opciones que son mejores para todos y todas, para hacer respetar lo que la mayoría decide o para salvaguardar la vulnerabilidad de una minoría. Además, para mostrarnos didácticamente cuáles son los cauces lógicos e inteligentes entre varias alternativas existentes, y de ese modo tomamos la mejor.

Así se juega en democracia.

Todo lo que no entre aquí es cualquier cosa menos democracia.

Eso es lo que debemos defender y lo que debemos evitar que nos roben... además del dinero que se reciba o se recaude.

Tenemos cuatro años para apropiarnos de nuestros derechos ciudadanos. No renunciemos a ellos otra vez, ni los pretendamos recuperar violentamente cuando todo está perdido.

Más vale prevenir que lamentar, dice el viejo refrán.

(Comenta al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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