Lo que Maduro no consigue en Perú, ¿está por conseguirlo en Ecuador?

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. El país que debe su nombre a la línea equinoccial, el equilibrio del día y la noche que solo se da dos veces al año, está viviendo todo lo opuesto a la palabra equilibrio. Debido a una fuerte deuda interna y externa que venía arrastrando el gobierno ecuatoriano, el presidente Lenín Moreno se vio obligado a tomar medidas impopulares pero necesarias: racionalizar la planilla estatal despidiendo a muchos empleados públicos, y reducir el subsidio a los combustibles.

El paquetazo que Moreno se vio obligado a tomar no se generó espontáneamente. Ya venía acumulándose de muchos años atrás y se agravó durante lo que parecía ser el interminable régimen de Rafael a.k.a. “El Mashi” Correa, quien convirtió al sector público ecuatoriano en una enorme agencia de empleos (algo que también hizo Ollanta Humala en su momento), generando un gran forado en las cuentas, y todo por hacer que la gente dependa del estado aunque no tuviera talento para merecerlo: pago de favores políticos.

A ello se acumula el hecho de que Moreno se desligó del chavismo, y por lo mismo dejó de recibir petróleo venezolano casi regalado, lo que hizo al hidrocarburo expendido cruzando el río Zarumilla mucho más expuesto a la volatilidad del precio internacional, cosa que en Perú lo tenemos relativamente controlado precisamente porque nuestro gobierno no subsidia mayormente el combustible que nos mueve.

El hecho es que si ya había problemas en las cuentas fiscales, lo que obligó a Ecuador a pedir un fuerte préstamo al sistema financiero internacional, de algún lado se tendría que generar recaudación y, ni modo, el diésel y la gasolina pagaron los platos rotos, y con eso todo el aparato productivo ecuatoriano.

Los opositores de Moreno no tardaron ni un minuto en calificar al mandatario como incapaz y están pidiendo el adelanto de elecciones generales, algo que en Ecuador sucede un año sí y otro también. Si no, recordemos a Jamil Mahuad (quien firmó la paz con Perú en 1998) y la andanada de mandatarios que duraban meses porque al pueblo le parecía que su economía no funcionaba.

Recordemos también que Ecuador es el único país sudamericano donde la moneda oficial es el dólar estadounidense (anteriormente era el sucre), que se adoptó para parar la devaluación que se acentuó justo a inicios de milenio. La medida logró detener la caída libre que hacía a un sol pesar en Ecuador hasta cuatro veces su valor en sucres, lo que nos permitía dar ciertos lujos allá que nuestro costo de vida no nos permitía acá.

Tras la dolarización, la figura se invirtió. Si bien el sol es relativamente sólido, el dólar lo es un poco más, y eso aumentó el costo de vida en Ecuador, por lo que fueron los ecuatorianos quienes se daban en nuestra tierra los lujos que allá no podían. Buenas noticias para los sectores comercio y turismo.

Detallito adicional: Correa, economista por si las moscas, nunca hizo gran cosa por regresar al sucre (algo que sí quiso hacer Nicolás Maduro), a pesar de su discurso “antiimperialista”, por la simple y práctica razón de que no había mejor refugio monetario. Si se hubiese desligado de la divisa estadounidense, era probable que la gente se le hubiera sublevado masivamente, como ahora, precisamente por el asunto de la volatilidad monetaria, y capaz que no sobrevivía políticamente para contarlo.

Regresemos al punto de la supuesta incapacidad de Moreno para manejar la economía ecuatoriana y usemos matemáticas para graficar en qué consiste el supuesto apocalipsis local. En promedio, el litro de combustible ecuatoriano con el subsidio rondaba el dólar o tres soles con 35 centavos a un cambio promedio antojadizo. Sin el subsidio, el precio se duplicó, es decir seis soles con 70 tirando para siete soles por litro. ¿Cuánto paga el Perú por litro? Cuatro dólares en promedio o trece soles con 40 tirando para catorce, o sea el doble de lo que a esta hora cuesta en Ecuador.

Efectivamente, sigue siendo uno de los países sudamericanos que tiene uno de los menores precios por su combustible. El problema surge cuando el sobrecosto se tiene que trasladar a todas las cadenas productivas que implican el transporte o la generación independiente de energía. Muchos precios de la canasta básica ecuatoriana han llegado a duplicarse en cuestión de horas. Sin embargo, ello parece no haber mellado otras actividades ilegales alrededor del diésel y la gasolina, como el contrabando existente a lo largo de todos los ejes viales binacionales con Perú.

nicolas maduro

Entonces, ¿por qué la protesta en Ecuador parece estarse impulsando con nitroglicerina? Existe una organización muy poderosa allá, más que el empresariado y los medios juntos: la Confederación de Naciones Indígenasdel Ecuador, la Conaie. En las últimas dos décadas, ésta ha causado que el derrocamiento de presidentes sea una suerte de deporte nacional. ¿Democracia? No tanto. Quizás anarquía.

Las protestas que ahora mismo paralizan al país del norte tienen a la Conaie como la principal promotora, y desde que tengo uso de razón, sus métodos no han sido pacíficos aunque se llenen la boca diciendo lo contrario. Sus métodos “pacíficos” son tales que el despacho presidencial ecuatoriano ha tenido que trasladarse de Quito, la capital, a Guayaquil, la ciudad más importante de la nación, por la simple razón de que la vida del presidente Moreno está en riesgo, y a los manifestantes la palabra magnicidio parece importarles una carambola verde.

Y en este punto, a mis lectores de la izquierda, quiero dejar clarísimo que el conflicto no es que la protesta sea indígena o no-indígena; es que sea violenta, y ahí sí no hay que dulcificar si ésta es de derecha o de izquierda: la violencia es violencia toda la vida, y su inclusión como un tipo de protesta no debe ser la costumbre. Sigamos.

Como otros efectos colaterales, grupos de escolares peruanos (quienes pensaban que las protestas eran en Narnia) se salvaron de un pelito del enfrentamiento entre esos manifestantes y las fuerzas del orden, amén del toque de queda decretado. Los excelentes oficios del Consulado peruano en Guayaquil han conseguido que la mayor parte, que estaba refugiada en Naranjal (Guayas), regresara sana y salva a territorio nacional. Otro grupo en Salinas (Santa Elena) fue exitosamente extraído hasta territorio peruano gracias a nuestra Fuerza Aérea.

Para el presidente Moreno, detrás de la reacción de la Conaie (que se ha dado el lujo de asaltar el Congreso Nacional y tiene en la mira al Palacio de Carondelet, la sede del Ejecutivo ecuatoriano) está su antecesor, Rafael Correa; y detrás de Correa estaría, como lo ha dicho abiertamente, el dictador venezolano Nicolás Maduro. ¿Declaración política o un dato que sí tiene forma de verificarse en la realidad?

Una de las afrentas que Maduro nunca perdonó a sus vecinos es que expusieran la crisis humanitaria que hay en su país a través de los y las migrantes, que han despoblado más de la sexta parte de la nación caribeña y se han refugiado desde Colombia hasta Chile. Peor aún, menos ha perdonado la conformación del Grupo de Lima, liderado por Perú, que intenta dar soluciones políticas a la crisis (léase: sacar a Maduro del poder), de la mano con la Organización de Naciones Unidas.

Por si eso fuera poco, Lenín Moreno decidió dejar el bloque socialista que más o menos integraba su antecesor Correa –quien, en lugar de quedarse en su país enfrentando a la justicia, se refugió en Europa- y prefirió crear una especie de eje geopolítico bien interesante, el Bogotá-Quito-Lima-Santiago, que no solo se opone al chavismo sino que está mirando cómo mantener una alianza comercial con los países asiáticos, poli, macro, micro, meso y “maso”-nésicos con los que compartimos el Océano Pacífico. En esa alianza están también Canadá y Estados Unidos, mientras que México (que inicialmente sí estaba) tiene un pie adentro y otro afuera por la alineación de su presidente, Andrés Manuel López Obrador, con el socialismo.

Por lo menos en el caso peruano, mucha de la protesta social violenta casi siempre tiene al costado a algún ex congresista o dirigente de izquierda que puede estar o en plan acompañamiento o en plan azuzamiento. Cuando nuestra prensa fue a estos dirigentes para saber su opinión sobre el régimen venezolano, la lengua se les hizo un nudo de sherpa, y casi a regañadientes han admitido que se trata de una dictadura.

Personalmente a mí, eso me prueba una estrecha conexión entre izquierda peruana y chavismo, cuyo punto de agenda (entre otros) es traerse abajo al Grupo de Lima y a los gobiernos que lo integran.

Otro apunte curioso que marca una sospechosa semejanza entre la protesta violenta peruana y ecuatoriana: aunque dicen representar los intereses de un pueblo empobrecido o a punto de empobrecerse, justo anulan las actividades económicas de las que el pueblo puede comer, como el turismo. Digo, ¿hay turismo cuando tengo carreteras bloqueadas y las calles hechas un campo de batalla? ¡Ésa no la sabías! Y es el mismo patrón que experimentamos en Perú: cortar todas las líneas de abastecimiento y culpar al gobierno de ello cuando el gobierno nunca las cortó, empobreciendo más la zona y dejando terreno libre para que el populismo prometa lo imposible con la finalidad de hacerse del poder y luego beneficiar a una nueva cúpula.

Ahora bien, ¿por qué Moreno sí tuvo la firmeza de apuntar a Maduro y en Perú todavía nos da miedo hacerlo? Sospecho que se debe al tamaño de la protesta: mientras en Perú tenemos focos (aunque recordemos que el ala radical del magisterio quiso hacerlo nacional), en Ecuador la cosa va desde Tulcán hasta Macará y desde Santa Elena a Sucumbíos. Las Galápagos son casi otro mundo porque no tienen mucho que bloquear; digo, están rodeadas por el mar. Sí, es un chiste cruel.

Y la agenda de Maduro es clara: generar una suerte de confederación socialista inspirada en la experiencia cubana, con harto componente radical y populista. Si un país no le hace la venia, se le declara enemigo, y la desestabilización social parece ser el mecanismo de dominio. Entonces, parece que Moreno no está tan despistado como sus opositores pretenden tildarlo; de hecho, ha acusado a Correa por golpe de estado, y varias naciones latinoamericanas (incluyendo Perú) aparentemente comparten esa teoría.

Lo que pasa en Ecuador ya afecta fuertemente la economía en el corredor de influencia binacional, o sea, a quienes residimos en sitios como Sullana; y si todo termina con el derrocamiento de Moreno y el ascenso reiterado de la Conaie al poder mediante la violencia, puede que las relaciones con Perú sufran modificaciones desfavorables no solo para nuestro país sino para toda la gente que se beneficia del acuerdo fronterizo más exitoso del planeta. Quien haya alcanzado a estudiar geopolítica, entenderá la gravedad del riesgo con mucha claridad.

Lo que vive Ecuador nos debe dejar una lección poderosa respecto a quienes quieren bajarse nuestro modelo actual porque, dicen, alienta la corrupción. Venezuela, con chavismo y todo, tiene una cúpula altamente corrupta y hasta señalada internacionalmente por tener negocios criminales muy fuertes. Entonces, más que el sistema, el problema es quién sube al poder y cómo se conduce en él. Ojo, y reitero, su origen étnico no está bajo cuestionamiento porque sería racismo, y yo no comulgo con ninguna forma de discriminación.

Miremos con cuidado a Ecuador y su proceso: el socialismo intenta recuperar un bastión estratégico, sin el que su proceso de expansión sería imposible. Ya perdieron Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, y Perú en su momento. Fuera de Venezuela, solo sobrevive Bolivia.

Entonces, algo más grande está en juego que nos debe tener muy alertas para no cometer errores el 26 de enero de 2020, cuando renovemos nuestro Parlamento… veremos.

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