Una asignación de campo

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Hace unos días, después de mucho tiempo, regresé de una asignación de campo en Malingas, Tambogrande.

Básicamente se trataba de reidentificar caminos y geolocalizar comunidades como parte de una asesoría externa que realizamos para la tesis de un estudiante de turismo y hotelería.

Para comenzar, el contraste de ambientes es dramáticamente diametral. Entre el ruido y la polución incipiente de Sullana, con los trinos de zoñas y chilalos, los ladridos lejanos de los perros, el agua de canales y quebradas mas el aire puro del campo, pues, la experiencia es realmente terapéutica.

Y aunque los tortuosos caminos nos remecieron el cuerpo (al tesista le dejaron doliento los riñones), el solo cambio de atmósfera le hizo mucho bien al alma.

Pasar de la desconfianza y el ostracismo de la ciudad a la camaradería y la acogida del campo son cosas que solo pueden apreciar las personas dispuestas a dejarse envolver por la magia de ese lugar donde los seres humanos no se ubican por barrios ni por calles, donde no interesa cuántos amigos sigues por Facebook o si tienes Facebook, donde de la nada, y por el simple hecho de llegar, una madre de familia te regala una botella de gaseosa fría para que sofoques la sed del sol de las doce.

Mucha gente en la ciudad no daría un centavo por pasar un día en el campo, como mucha gente en el campo lo da todo por pasar toda una vida en la ciudad; mas, ¿hay equilibrio en todo eso?

Si aún piensas que tus problemas en la ciudad son tan grandes que no puedes lidiar con ellos, deberías considerar pasar, al menos, una mañana de desconexión por el campo. Probablemente tu perspectiva de la vida cambiará por completo, y regresarás a la ciudad con otra manera de pensar. Pruébalo. Te guío.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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