Llamas bajo sospecha

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. El pasado 25 de junio, un incendio arrasó oficinas con información sensible en la Municipalidad de Catacaos. Documentos de logística y administración, por mencionar los que se repitieron una y otra vez en los medios, se hicieron carbón y humo.

Hay muchos hechos raros alrededor de esa eventualidad. Repasemos los más sólidos.

Días antes, la Contraloría anunció que visitaría a la Municipalidad. Para tomar el té, lo dudo. Por cierto, ¿por qué anunciaron la visita? Me suena a cierta exautoridad que anunció prisión para alguien no incluído en su proceso. ¿Y qué pasó? Ya pues.

Luego, los Bomberos dijeron no haber sido notificados de inmediato, por lo que su tiempo de reacción fue largo. Quienes conocemos Catacaos sabemos que la villa heroica no es grande y que de madrugada no hay tráfico. Entonces, atender la emergencia y pedir refuerzos habría sido tema de unos minutos.

Las oficinas quemadas estaban en un cuarto piso, separadas por tabiquería de madera. ¿Por qué las municipalidades de todo Piura colocan las áreas con información sensible en espacios habilitados con los materiales más vulnerables? Algo así como guardar tus joyas en la cochera.

A todo esto, ¿la documentación quemada tiene copias de respaldo en otro espacio físico diferente y lejano al afectado?

Por causa del incendio, un policía municipal ha sido detenido preventivamente por nueve meses. La Fiscalía no detuvo a nadie más.

Asumiendo que este empleado tenga responsabilidad, ¿en serio podemos creer que fue el único presunto culpable? Quiero decir, ¿acaso actuó por decisión propia (sabotaje) o recibió órdenes de no actuar (asociación ilícita para delinquir)?

Y si se trata de la segunda opción, ¿en qué parte de la cadena de mando se bloqueó la posibilidad de actuar a tiempo? Mejor dicho, ¿es creíble que una sola persona puede ser acusada POR las llamas?

Detalle que faltaba: el edificio municipal, según algunos medios, tiene docena y media de cámaras de vigilancia. Las primeras investigaciones establecen que solo cuatro funcionaban esa madrugada. ¿Por qué los operadores no fueron a verificar qué pasaba con los aparatos apagados? ¿O no había operadores?

Alguien me comentó, y sería bueno verificarlo, que incluso Catacaos no reportó el incendio a Piura para pedir refuerzos. De hecho, no los pidió.

Justo en estas semanas donde el tema de la corrupción se ha vuelto altamente sensible, eventos como éste han avivado las llamas de la sospecha.

Por supuesto que no podemos establecer nada en el caso de Catacaos porque si existían pruebas, ahora se desvanecieron, pero tomando los hechos, queda un enorme signo de interrogación, tan grande como el cántaro de la entrada a la ciudad o los sombreros de paja toquilla que al final no tenían más uso que el simple presumirlo.

Ojalá que Contraloría sea más cuidadosa a la hora de dar sus pasos (el incendio debe ponerla más que sobreaviso), con tal de hacer bien su trabajo y disipar los nubarrones que se hacen más espesos sobre el cielo de Piura.

Ojalá que la Fiscalía también sea hábil para llegar a lo más alto en este caso y pedir sanciones sin miedo al cargo, siempre y cuando hubiere lugar.

Y a la ciudadanía, afinar más los mecanismos de vigilancia. No esperar a que la autoridad buena o malamente informe. Usemos todos los recursos técnicos y tecnológicos a mano para luchar por la transparencia de las gestiones.

Damas y caballeros, este caso está abierto.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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