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Una apología litúrgica sobre el buen ejemplo

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Debido a un compromiso familiar, asistí a misa un sábado en la Iglesia Matriz de Sullana, justo Víspera de Pentecostés, cuando el Catolicismo afirma que el Espíritu Santo infundió sabiduría y el don de lenguas a los apóstoles a manera de flamas.

Si alguien dudaba de que la tercera parte de la Trinidad anduvo revoloteando por el recinto, lamento decirle que tengo evidencia probable de su influjo.

Como todo ritual eucarístico, la homilía, la interpretación discursiva que hace el sacerdote sobre las lecturas con que se inicia la celebración, parecía ser el mismo rollo doctrinal de siempre hasta que lo aterrizó con la realidad noticiosa.

Si algún colega fue y no la grabó, se perdió una abridora para la mañana del domingo.

En un momento, la homilía se fue por el lado de las obras de la carne y las obras del espíritu. Según el sacerdote, las primeras aluden a nuestras respuestas instintivas (de las que hablé el domingo último), mientras que las otras se producen cuando pasan el filtro de nuestra intelectualidad.

Entonces, sostenía el cura, cuando el espíritu guía la actuación humana, se produce lo que en líneas generales llamamos 'portarse bien', o 'actuar éticamente' para quienes amen los tecnicismos.

Hasta ahí, todo era Teología con chispas de Deontología básicas: la recta conciencia.

Lo mejor vino a continuación.

El sacerdote puso como ejemplos de la ausencia del espíritu en las obras humanas a los casos recientes de autoridades bajo persecución legal porque presuntamente no se portaron bien: corrupción, abuso de poder, asociación ilícita para delinquir.

El celebrante, entonces, pasó a dar una clase magistral –lo digo denotativamente- de Ciencias Políticas sobre el correcto manejo de la cosa pública, que se coronó cuando dijo que no era posible que Lancones, con pocos recursos, estuviera por terminar un estadio 'de primera', mientras la ciudad de Sullana no tenía ni una tribuna.

Claro que yo contradiría al sacerdote diciendo que Lancones se muere de sed, así que un estadio no es una inversión de urgencia, pero si quería dar un ejemplo o mostrar su simpatía, la 'chuntó' perfectamente.

Ahora bien, ¿actuó éticamente el cura al mover su homilía en terrenos de la política?

Como ciudadano peruano (que, según tengo entendido, lo es), está en todo su derecho. Como representante de una de las confesiones con millones de seguidores en el planeta, habría que analizarlo con cautela y dentro de los márgenes de su canon.

En lo personal, yo quiero agarrarme de una parte del discurso que me parece clave: no podemos pretender que el mundo se porte bien si tú y yo no nos portamos bien, porque nadie valorará nuestras palabras si no son coherentes con nuestras acciones. O sea, enseñar con el ejemplo.

Y pasa en todos los campos donde nos movemos, incluso el evangelizador.

Espero en Dios que la homilía no haya sido más que una jugosa, antológica y retórica disertación, si no estaríamos cayendo en lo mismo que criticamos. Ya sabes: "obras son amores y no buenas razones".

Deseo que el mensaje de acción, amor y tolerancia por el bien común no solo se quede allí, sino que aplique a tantas demandas sociales donde lo que se pide es poner en relieve lo mismo que el Catolicismo defiende: la dignidad y la libertad del ser humano, sin importar quién sea, de dónde venga, qué sienta y cómo decida vivir.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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