Sujeto, verbo y complemento... ¿es tan complicado?

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castillo1ERP/N.Peñaherrera. Hace poco, una asociación que siempre señala presuntos actos de corrupción denunció, por enésima vez, a una de las instituciones financieras de la localidad.

Aunque los señalados se ofuscaron, la verdad no le veo razón para tanto aspaviento: si la causa por la que te denuncian no tiene pies ni cabeza, no tendrías de qué preocuparte. Quien nada debe, nada teme, aunque los delitos objeto de la denuncia son muy graves.

En casos similares, si la parte acusada es hallada culpable, es cárcel fija, independientemente del rosario de apelaciones que puedas interponer.

Uno de mis productores halló el escrito con que se introdujo la denuncia, y como ni él ni yo somos abogados, se lo pasamos a la gente que sabe de Derecho.

Como todo discurso, sea hablado, visual o escrito, hay dos niveles de análisis: el fondo y la forma. En el colegio lo estudiábamos como el significado (qué quiere decir) y el significante (cómo se dice).

Uno de los abogados que revisó el escrito me dijo que no podía hacer un análisis consistente, pues si bien los delitos parecían tener lógica (el fondo o el significado), la redacción (la forma o el significante) parecía un arroz con mango .

Ahora bien, ¿qué le importará al fiscal: lo que se quiere decir o cómo se dice?

Una de las primeras lecciones que me explicaron abogados serios, es que en Derecho no existe el supuesto. Las cosas son o no son.

Me encanta eso: es la obligatoriedad de la alta precisión en una ciencia que nace de algo tan impreciso como la calidad del comportamiento humano.

En la ciencia pura –mal llamada de laboratorio-, la rigidez es la misma: si es, existe; si no es, ya fue.

Si pudo ser o casi fue, simplemente no fue, y queda en el campo de la especulación. Ergo, no es ciencia, sino el paso cero de ésta: la hipótesis.

Entonces, con esta breve aproximación a la ontología, ya debes ir sacando tu línea de cuál podría ser la decisión del fiscal; aunque nunca se sabe cómo terminarán optando.

Pero si lo desestima porque formalmente no lo entiende, que nadie culpe al letrado, salvo que tenga graves problemas de comprensión lectora.

El caso es que, si no sabes expresarte, sea por escrito, sea en forma verbal, o hasta con signos, figuras y colores, entonces será bien complicado que te entendamos, incluso si tienes una de esas ideas que pueden ponerte al nivel de Newton o Einstein.

Pero, ¡ojo, pestaña y ceja! La razón por la que las leyes que estos sabios se estudian y se perpetúan es, precisamente, porque supieron expresarlas.

Sí, eran tromes en números y ecuaciones, pero también eran tromes en letras. Y si no las dominaban, asumo que buscaron a alguien que les enseñe cómo dominarlas.

Sería catastrófico para un científico que nos desviemos a la izquierda cuando él sabe que debemos ir a la derecha; mas, si esta persona es incapaz de decirlo de forma precisa y comprensible, culpa nuestra no es.

A pesar que nos expresamos de forma incoherente o deficiente, tenemos el atrevimiento (iba a escribir: desfachatez, pero suena muy fuerte) de molestarnos porque nadie nos entiende... ni siquiera quienes lo hemos escrito.

Digo, nadie tiene por qué desarrollar poderes parapsicológicos con tal de comprender qué quisimos decir; es nuestra obligación alcanzar esa precisión que necesitamos para expresarnos.

Si nos da pereza leer (por cierto, avísame si lograste llegar a este párrafo con el hashtag #sipude), va a estar bien complicado que podamos encodificar las palabras.

Si no practicamos cómo escribir, va a estar bien tranca que podamos decodificar las palabras.

Muchas personas piensan que valen más por la sarta de tarjetas de crédito o débito que tengan en la billetera, pero ¿serán capaces de entender una triste línea de los contratos por los que terminan vendiendo su alma al demonio?

Sonrío mientras imagino la respuesta que debe estar llegando a tu cabeza.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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