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Rafael Gutarra Luján, en los años del dolor y la esperanza

Cultura
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ERP. El escritor Rafael Gutarra Luján tiene esos misterios que envuelven a los creadores literarios, de una realidad muy predecible o a veces indeterminada, extraen con la belleza de la palabra y la descripción, se da vida a un cuento, sobre todo cuando se vive años que a sola observación pueden ser calificados como de dolor, pero igualmente de esperanza. Lúber Ipanaqué Navarro, realiza un análisis de su última producción. 

Por Lúber Ipanaqué Navarro

Tiempo de fuego y alegría, de Rafael Gutarra Luján, es una selección de once cuentos y se divide en dos apartados: el fuego y la alegría. Urpis es el cuento de portada. Esta palabra es quechua y significa “palomas”. La forma en que es contado, la voz narradora en tercera persona y la voz de cada personaje, es lo más impactante. Además, la metáfora poética: los indígenas de la sierra peruana, que cantan o hablan en otro idioma, que no es oído por los ciudadanos occidentales, quienes a diferencia de estos –que hablan con el canto de las palomas, el arrullo de las quebradas o el silencio de los cerros–, hablan con la voz de las metrallas y el castellano militar de un estado autoritario. El cuento narra las escenas de una pareja, Isidoro y Casilda, quienes son asesinados por los sinchis, delante de su hijo menor Ishico y del abuelo Liules, sospechosos de ser terroristas.

Tiempo fuego

Resalta el manejo de las palabras, las figuras literarias y la musicalidad de la prosa, para diferenciar las voces de los personajes, y el pintado de lienzos: la escena de amor de Isidoro y Casilda, la quebrada donde se halla el abuelo Liules, el sometimiento y asesinato perpetrado por los militares, no dejan de ser escenas de cine, que nos recuerdan al Akira Kurosawa de Sueños, cuando se siente que cae la lluvia o cuando se escucha el sonido de la quebrada durante todo el relato. O cuando, de un momento a otro, aparece un cuadro de Van Gogh que poco a poco va cobrando vida. Tampoco es casual el parangón de los sinchis con los perros y el de los campesinos con las palomas.

Mal agüero narra el regreso de Tucto, un joven que huye de su natal Bambalca, luego de matar a un soldado llamado Ñahuiro, al descubrirlo violando a su amada Rosalinda y al comprobar que ella está muerta. Tucto lo mata por amor y por venganza, golpeándolo con una roca en la cabeza. Cuando regresa, después de un tiempo, sólo encuentra a su perrito Misti y a su abuela, pues los militares han desaparecido a su madre y a los demás pobladores, usando como pretexto la muerte de Ñahuiro, acusándolos de terroristas. Mientras Tucto habla con su abuela, canta un pájaro mal agüero, el tuco, y el narrador deja entrever que han llegado los militares. Llama la atención el nombre del perro de Tucto: Misti, Misticha, Mistichallay (p.16), que en quechua significa “criollo u hombre de raza blanca”.

En Casa quemada se cuenta –mientras transcurre una mesada de San Pedro de los sietevientos y a través de la voz del espíritu invocado de Mateo Ruiz–, la historia de los comuneros chalacos, quienes, cansados de los abusos feudales, apoyados por los pobladores de Pambarumbe, Simirís, Frías y otros poblados de la sierra piurana, llegan a la ciudad de Piura e intentan tomarla para reclamar el derecho a la propiedad de sus tierras. Pero son acorralados y quemados en una casa, para acallar su voz de rebeldía, por los militares a cargo del prefecto Javier Seminario y Aranjuez. La voz de Mateo Ruiz resuena: “Te hablo porque has invocado mi espíritu que habitará en este lugar, por los siglos de los siglos, hasta que alguien nos redima para siempre” (p. 23).

Hijos del viento, otra vez, es una lucha contra la mentalidad moderna occidental y la invasión y desalojo de la empresa minera “Iyhambira Mining Company” contra el pueblo de Ventarrones Alto, que antes de la llegada de la minera se llamaba Santa Teresita de Iyhambira. La historia no nos da un personaje concreto, solo una voz que habla por los pobladores, que niegan ser los responsables del ataque a una patrulla, y le echan la culpa al viento de la tarde, que levanta casas, animales y personas. En este cuento se halla un realismo mágico a lo García Márquez como, por ejemplo, cuando a la Juana Vásquez, que no llevaba el sobrepeso que acostumbraban los pobladores, el viento de las seis de la tarde se la lleva por los cielos y nunca más la vuelven a ver. La historia se da dentro de la lucha de un pueblo que se niega y se resiste a salir de sus tierras luchando contra un enclave minero, asegurando que “sólo nuestro padre viento que algún día se hará fuerte y nos levantará como una pajita hasta perdernos en la nada para siempre” (p. 29).

La rabia y la indignación del campesino es la constante en los personajes de los cuentos de Rafael Gutarra. Se usa el quechua mezclado con el castellano. La sierra piurana y el sur peruano, en buena cuenta, se unen en estos relatos, como una muestra de la simbiosis nacional, a través de su literatura. Los cuentos nos narran, a través de la voz de un niño, la encrucijada en la que se hallaron los campesinos de la sierra, entre militares y terroristas, sin comprender esa guerra que sienten ajena, pero que ambos bandos aseguraban defenderlos. Tiempo de fuego, cuento que da nombre al libro, no es una excepción en esta constante: el amor de dos niños, dentro de la guerra civil, el abuso de los soldados con las mujeres de los poblados campesinos y el sentimiento de venganza ante tremendo abuso. Otra vez la poesía inunda cada línea del relato.

El regreso de Yuri es un cuento con final sorprendente. A mi criterio el mejor elaborado. Un estudiante universitario huancavelicano, que se suma a las filas de Sendero Luminoso, huye a Estados Unidos para evitar ser capturado. Cuando regresa a su ciudad natal, busca darle una sorpresa a su madre, y concurre al hospedaje que esta regenta con su hermana, registrándose con otro nombre. La mamá y la hermana, sin saber que se trata de Yuri, sino pensando que es un gringo, a quien han visto una cierta cantidad de dólares en su billetera, deciden matarlo para despojarlo de ese dinero. Cercenan su cuerpo y lo arrojan al río. Al día siguiente, Darlene, la esposa de Yuri, llega al hospedaje e indaga por él. Ellas niegan que se haya alojado allí, pero Darlene les muestra el carné universitario con la foto antigua de Yuri, dándose con la trágica sorpresa. No es casual la cita de El extranjero de Albert Camus en este cuento.

Hasta aquí llegan mis valoraciones y los invito a leer este libro caleidoscópico, y espero que encuentren "los tiempos de alegría" que tanto necesitamos para sobrellevar este tiempo de pandemias y convulsiones. ¡Salud, Rafael, por más literatura tuya!

Literatos PiuraEscritores: De izquierda a derecha: Rafael Gutarra, Roberto Talledo, Houdini Guerrero, Grabiel Garay, Lúber Ipanaqué, Bruno Remigio, Reynaldo Cruz y Cosme Saavedra.

Diario El Regional de Piura

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