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Los editoriales de Carrasco

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Con José Carlos Carrasco Távara solía hablar de política.

Como varias personas saben, comencé mi carrera en Radio Nuevo Norte, que es propiedad de uno de los hijos del extinto ex congresista, ex Ministro de Energía y Minas y ex candidato a la presidencia regional de Piura.

Claro que en esa época la empresa todavía manejaba Doble 9 Punto 3, que aún es considerada un hito en la historia de la radiodifusión sullanera, por ser la primera FM y por el formato musical tan propio, que luego se fue diluyendo hasta ser parte del 'mainstream' tropical de la marca Nuevo Norte y de muchas otras, pero esa es otra historia. Sigamos.

Entonces, solía charlar con Carrasco sobre política. Era la época en que Fujimori y Montesinos habían secuestrado el poder, y don José Carlos escribía el editorial de los noticieros, que por guion debían leerse justo después del minuto 30 de cada emisión.

Es gracioso, y no me malinterpreten, pero ese segmento, junto con la historia del día, eran cuando la audiencia se pegaba más, o sea, nos daba más rating.

Usualmente, un editorial –ni siquiera los escritos, seamos sinceros- logra captar tanto interés de una audiencia, pero los de Carrasco quizá tenían como atractivo principal el hecho de que estaban llenos de referencias históricas, cifras, citas legales... y a pesar de la militancia aprista del redactor (o sea, de Carrasco), no había una marcada posición partidaria, aunque sí política: la oposición a Fujimori.

Confieso que era muy joven aún, y pensaba que el país estaba reflotando, pero esos editoriales me llevaron a cuestionarme varias cosas hasta que la propia Historia se encargó de confirmar que vivíamos en una dictadura.

Se buscó controlar los medios, se buscó controlar las mentes, se buscó controlarlo todo, acapararlo todo con la finalidad de que no percibiéramos la porquería subyacente.

Fue una de mis tantas lecciones como ciudadano y como profesional: cuando alguien se esfuerza en aparecer por todo sitio, desconfía... algo se trae entre manos.

Y lo chistoso del asunto es que, si se investiga un poco, usualmente se prueba que hay evidencias muy sólidas. Y ahora que existen las redes sociales, aparecen allí, cual sabrosos y jugosos filetes de carne listos para ser cocidos o fritos al gusto del comensal.

En lo formal, déjenme decir que los editoriales de Carrasco eran verdaderas piezas que cualquier medio hubiese querido publicar, y animo a la familia a que lo haga, por su corrección, el uso pertinente del idioma y la coherencia de oración, párrafo y discurso.

Qué pena que los caminos que tomamos nos hayan alejado, porque llegué a conocer (y trabajar) con la familia de don José Carlos Carrasco; pero si algo también debo apreciarle es que, a pesar de que nunca comulgué con el aprismo, tenía entrada a su casa, con tanto respeto y tolerancia, que me enseñó otra lección sobre política y ciudadanía: por encima de la preferencia, está la persona.

Y ahí fue donde buena parte de nuestras (más o menos largas) charlas tuvieron lugar. Y hoy las recuerdo con mucho cariño.

Descanse en paz, don José Carlos Carrasco Távara.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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