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Sáb, Oct

¿Por qué dejo de hablar por #ChiraLimpio?

Nelson Peñaherrera
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rio chira crecidaERP/N.Peñaherrera. Cuando le contaba a un grupo de jóvenes toda la historia detrás del Premio Nacional Ciudadanía Ambiental que ganó mi equipo en 2011, por un trabajo que realizamos en Malingas (Tambogrande), alguien me preguntó por qué eso que logramos en aquel paraje no lo habíamos realizado primero en Sullana.

Si bien la pregunta me parecía legítima, confieso que hilvané una respuesta diplomática para ocultar que jamás lo tuvimos en cuenta.

Siempre consideré que sentar un hito histórico en luchas ambientales para Sullana es un reto digno de concretar. De hecho, mi sueño es que nuestra localidad sea un referente mundial en cómo podemos resolver participativa e inteligentemente, una controversia de la magnitud del río Chira, en proceso de polución durante el último cuarto de siglo.

Ésa fue una de las razones que me motivaron a integrar, junto con otros y otras idealistas, la iniciativa #ChiraLimpio, que semanalmente se ha reunido desde hace más de un mes para hacer viables un diagnóstico ambiental y luego la organización de la ciudadanía para apoyar a especialistas que se ofrecieron a dejarnos el río descontaminado.

Logramos que en las plenarias, posiciones últimamente irreconciliables se hablaran cara a cara, tras un diálogo lleno de insinuaciones altisonantes por redes sociales.

Pero, ¿cómo puedes sostener una relación pacífica con alguien a quien escuchas presencialmente pero luego vituperas virtualmente? Más aún, ¿cómo se pretende que te tomen como árbitro de un enfrentamiento inútil, ridículo y hasta sangriento?

Ahora ya tengo una respuesta a la pregunta que me hicieron los y las jóvenes: porque Sullana es experta sacando pica, pero es peor que ignorante dialogando constructivamente.

Me da vergüenza que ciudadanos y ciudadanas de donde vivo sean lo suficientemente pusilánimes para decirse las cosas a la cara sin mentarse a la madre con el gesto o sin matonería.

Me incomoda un espacio donde la gente se comporta bien, cuando después al prender sus computadoras hará todo lo contrario.

Me asquean más los cruces de opinión por las redes sociales, al punto que las aguas servidas del Canal Vía son Chanel Nº 5.

Intenté que un grupo pequeño de vecinos y vecinas se entienda, pero es en vano: no quieren entenderse. Ergo, fracasé en mi objetivo, y me estoy cuestionando cuán bueno soy para lograr que la gente llegue a consensos (lógicamente, no soy bueno en eso)

Me resulta irreconciliable que otra gente, a la que mis vecinos y vecinas trata de inculta, sea capaz de ser un referente mundial que hasta ha recibido la visita positiva de una cadena internacional de televisión, que plasmó sus paisajes verdes.

En Sullana, hay quienes siguen celebrando haber salido en la tele nacional (y en el espacio de un presentador cuestionado por su actuación política) mostrando estiércol en todas sus formas y colores.

Me da rabia conmigo mismo por creer por algunas semanas, que es posible confiar en las buenas intenciones de nuestra gente.

Si pretendían usarme como malla para pasar una pelota o como pera de boxeo, se equivocaron. No confundan vocación de servicio con estupidez.

Prefiero encerrarme con los cuatro gatos de siempre a crear conciencia sobre econegocios en entornos rurales, salud sexual y reproductiva libre y responsable, la promoción de nuevos talentos o la generación de curiosidad científica para resolver los problemas de nuestra vida.

Pero pretender que casi 300 mil personas cambien su Historia, lo lamento: mi silla queda vacante. Gracias por la oportunidad.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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