¡Alerta en la sierra de Piura! Las adolescentes de 13 y 14 años en peligro

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. La historia indignante de la chica en Paimas quien fue aparentemente ultrajada por su padre (quien ya tiene 9 meses de prisión preventiva), su hermanastro y un conocido de la familia, y quien nunca habría sido atendida por las autoridades cuando presentó su denuncia, nos revela que la seguridad de las adolescentes en la zona andina de Piura es altamente precaria y, más allá de la condena, el resto prefiere mirar a otro lado en tanto parece que el problema es absolutamente lejano.

Este primer cuadro nos deja claro que el hogar no es un espacio seguro para ellas, y que las autoridades no aseguran los espacios alternativos donde las víctimas pueden hallar justicia, protección y consejo. ¿Y qué hay de los colegios?

Esta semana, El Regional de Piura publicó una historia sobre los esfuerzos que realiza el Centro de Emergencia Mujer (CEM) de Sullana para concienciar a docentes del nivel secundario sobre prevención de la violencia basada en género (o violencia de género) y el embarazo adolescente, para lo que convocó al obstetra sullanero Marco Paulini Esppinoza, viejo conocido de esta casa editorial y esta columna (además de amigo personal, por si las dudas).

https://www.elregionalpiura.com.pe/locales/146-sullana/33429-marco-paulini-la-vulnerabilidad-de-las-mujeres-y-el-machismo-estan-fuera-de-control

Si leen la historia con sumo cuidado, entre líneas, notarán que el profesional destaca la reacción de ciertos docentes para quienes el mensaje sobre la creación de espacios de respeto mutuo, libertad, afecto y democracia todavía son un pan duro de tragar.

Y no es el único que tiene esa impresión. Cuando a mí me ha tocado hablar sobre el tema en plan capacitación, los resuellos de disconformidad se repiten y las preguntas con evidente sesgo inculpatorio hacia las chicas vienen copiadas y pegadas con la misma estructura gestaltiana: ¿pero acaso las mujeres no son violentas?, ¿ pero y si la chica no se vistiera provocativamente?, ¿pero qué haces si se “te ofrece”? Sí, el “pero” es la conjunción adversativa favorita de quienes intentan hallar alguna justificación a la respuesta machista diz’que instintiva.

violacion nina 1

Y para mala suerte de quienes la usan, la Lingüística del Texto (gracias otra vez, Nancy salas, por mandarme a hacer ese trabajo universitario) dice que decimos más por lo que no decimos que por aquello que nos cuidamos en decir. Y no hablemos del lenguaje corporal que es otro gran delator. Sigamos.

Cuesta hartísimo trabajo a la mente formada en el machismo entender que la mujer puede vestirse como desee lo mismo que el varón, que aunque también hay violencia de mujer a varón, sus casos son uno por cada nueve respecto de varón hacia mujer, y que cuando uno detecta el lance, tiene que comportarse como adulto y poner un freno firme a la situación.Entonces, la pregunta cae de madura: ¿también las escuelas son espacios seguros para las adolescentes?

Mejor replanteemos la pregunta: ¿nos dan garantía los y las docentes de ser una línea eficaz de defensa contra la violencia de cualquier tipo hacia las chicas que comienzan la pubertad?Si tenemos que el hogar, las instituciones que operan justicia y la escuela no ofrecen ninguna garantía para prevenir o corregir actos de violencia contra niños, niñas y adolescentes de ambos sexos, pues, simplemente el sistema no está funcionando, y eso explica, a mi juicio, por qué de pronto, los agresores de género se envalentonan tanto explorando formas más sangrientas e inhumanas de sentar su supremacía: porque el sistema jamás los atrapará ni castigará ejemplarmente.

Otro aspecto que a mí me queda claro tras casi cinco años metiéndome mucho más de lleno en cubrir violencia de género es que, por lo menos, Piura parece tener una peligrosa tendencia a victimizar a adolescentes entre los 13 y los 14 años, especialmente en la sierra, allí donde la belleza de la cordillera hace inaccesible la llegada de cualquier ayuda… digo, en teoría.Mi base para afirmar esto son las propias noticias.

Si uno revisa los casos de Sapillica, Paimas, el Bajo y el Alto Piura, San Lorenzo, doquiera que pongamos el dedo en el mapa, las víctimas siempre son las mujeres que entran a la adolescencia. Y recordemos el estudio Paulini publicado aquí en el Regional de Piura en julio de 2014, con resultados alarmantes sobre conocimiento y actitudes en adolescentes rurales respecto a la anticoncepción voluntaria.

https://www.elregionalpiura.com.pe/index.php/especiales/163-reportajes/3502-los-riesgos-del-amor-adolescente-en-la-tierra-de-edita

Y puede que ésta sea la variable que anima al agresor de género a actuar con más “’diligencia’ e impunidad. Como la adolescencia es la edad en la que, por simple evolución psicológica, comenzamos a experimentar nuestra sexualidad, hay gente que aprovecha la impericia –perdonen, pero en los tiempos actuales no podemos hablar propiamente de ignorancia- para imponerse y concretar todo el abanico de delitos: tocamientos indebidos, secuestro, violación sexual y hasta pornografía infantil. ¿Casos extremos? Sí, la trata de personas.

Y los agresores de género la tienen más que clara: sus víctimas han de ser las adolescentes entre 13 a 14 años, en principio, las que se puede manipular hasta cierto punto mediante chantaje o amenazas, las que jamás serán atendidas en la comisaría porque al policía no le da la gana atender (porque quizás es otro agresor de género), a las que su profesor les dirá que están locas, a las que su familia las etiquetará de malcriadas o las obligará a callar, a las que los medios no mencionamos pero parecemos buscar ffebril y morbosamente sus historias para atender –hay que decirlo- a un mercado con tendencia pedófila, que vive la fantasía sexual de la ‘lolita’.

Allí parece estar el cuadro completo, una realidad donde la reforma educativa con enfoque de género no es una opción ni una discusión confesional; es una prioridad.Es un hecho que las reacciones detectadas por Paulini, aunque me diga paranóico o mal pensado, a mí me revelan que estuvo rodeado de personas que agreden, han sido agredidas o encubren agresiones. Y esas personas son a quienes le confiamos la educación de nuestras adolescentes.

Si las escuelas dejan de ser los espacios seguros que ciertos hogares y ciertas entidades operadoras de justicia ya no lo son, los casos seguirán disparándose, seguiremos lamentando más vidas truncadas, seguiremos conociendo más golpes, más insultos, más acoso, más tocamientos, más violaciones, más omisiones económicas, más feminicidios.Si la educación no protege a las niñas de 13 y 14 años, potenciales víctimas de la violencia de género, especialmente en la Piura rural y andina, entonces la educación no sirve de nada. O quizás sí: para formar más agresores de género.Si las autoridades no tienen clara la agenda, sobran.

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