Candidaturas: ¿pluralidad o narcisismo?

Nelson Peñaherrera
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Bueno damas y caballeros, comenzó el desfile de candidazos y candidazas a los sillones municipales y el regional. Espero que los sillones no estén apolillados pues hay opciones que más que peso electoral traen sobrepeso físico, mala propaganda si nos van a hablar de políticas de salud.

Bueno, sobre lo de salud física y, especialmente, mental, prefiero dejárselo a especialistas que tendrán suficiente material para escribir hasta tesis, comenzando por el 'hermanísimo'.

Ahora bien, la cantidad de opciones excede la decena. No me queda claro si es una muestra de nuestra pluralidad democrática o una muestra de nuestro narcicismo político.

Si es una muestra de pluralidad democrática, me parece que el número refleja nuestra Incapacidad de tolerarnos políticamente.

De ese modo, terminamos haciendo del cielo electoral, una suerte de huaco estilo Nazca, donde ningún espacio puede quedar libre por horror al vacío.

Para un externo como yo, que no está dispuesto a dejarse seducir por el efectismo de la imagen (¿imagen? ¡por Dios!) o el discurso (¡mamaaaaaá!), la experiencia me dice que si pongo a dialogar a todas las opciones descubriremos que van a decir exactamente lo mismo pero cambiando unas cuantas palabras.

Quizás hallaremos ciertas diferencias en uno u otro campo, pero globalizando todo, la pregunta saltará por si sola: si todo el mundo dice esencialmente lo mismo, ¿con dos o tres opciones no bastaba y sobraba?

Claro que si quiero ser más cruel, casi sádico, podría inquirir: ¿con ninguna estaríamos mejor?

En ambos casos, pronostico que terminaremos haciéndonos la misma pregunta. Apostemos.

Sobre el narcicismo, como dije, creo que debe ser analizado profunda y seriamente por especialistas políticamente fuera de compromiso para que nos aseguremos objetividad. Pero si el diagnóstico es positivo, me parece que no son las opciones más adecuadas por la simple razón que una persona mentalmente enferma primero debe resolver su condición antes de salir a gobernar; de lo contrario, será la población la que pague las consecuencias. Ejemplo: la Venezuela de Maduro.

Por si acaso, no estoy discriminando a pacientes de salud mental.

Lo que estoy diciendo es que una persona que no reconoce que algo anda mal con ella no es garantía que reconozca que algo andará mal con su conducta y su gestión, si acaso llegara a andar mal, o a andar bien incluso, porque hasta para manejar los buenos tiempos se requiere mucho equilibrio.

Y las personas incapaces de reconocer que algo anda mal, son más proclives a admitir la famosa filosofía de el-fin-justifica-los-medios. Ejemplo: los presidentes regionales acusados de corrupción.

En resumidas cuentas, ante la alta oferta electoral, lo saludable sería analizar si realmente abonan o restan dentro del proceso pues estamos hablando del manejo de un territorio clave en el Perú. Entonces, necesitamos gente altamente –subrayado, negrita, mayúscula y resaltado- capaz de administrarlo por cuatro años.

Si la mayoría no pasa la prueba, lo mejor será dejarlo. El electorado lo agradecerá (para comenzar, por el tamaño de la cédula), y el país también (¿saben cuánto nos cuesta organizar una segunda vuelta?).

Y si ninguno pasa... pues, ni modo... ya es hora de que nos pongamos exigentes con quienes nos quieren gobernar.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

Pristina 255