Planeando un Fuenteovejuna

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. A raíz de la nota de Punto Final, el pasado domingo, revisábamos los comentarios del público en nuestras redes sociales y hallamos uno que, a mi juicio, es alarmante.

Se trata de una persona que pedía que "los sullaneros reaccionen y le hagan Fuenteovejuna a su alcalde".

No es un comentario más. Es un ilícito.

Si recuerdas tus clases de Literatura española... digo, ¿las recuerdas, no?

Bueno. Sigamos.

Si recuerdas tus clases de Literatura española, Lope de Vega fue uno de los autores del Siglo de Oro de obligado análisis.

Su obra más importante es 'Fuenteovejuna', basada en un hecho de la vida real.

En el pueblo del mismo nombre, el comendador cometía abusos a vista y paciencia de la población, la que se indignó tanto que conspiró para asesinarlo.

Una vez perpetrado el homicidio, hubo un pacto de silencio: nadie era el asesino, aunque había una víctima.

Cuando se iniciaron las audiencias para resolver el crimen, todo el pueblo pasó ante los jueces, y la respuesta ante la pregunta del millón (en esa época, de maravedíes) se hizo un clásico de nuestro castellano.

"¿Y quién mató al Comendador?"

"¡Fuenteovejuna, señor!"

"¿Y quién es Fuenteovejuna?"

"¡Todos a una!".

Como los jueces se quedaron desconcertados por la respuesta reiterada, decidieron mandar al cadalso a todo el pueblo hasta que los Reyes Católicos se enteraron del caso, escucharon los testimonios de nuevo, y amnistiaron a todo el mundo.

Quienes dicen haber seguido sus doce ciclos de Derecho deben haber detectado hasta tres delitos penales, tomando en cuenta el ordenamiento jurídico actual, incluyendo el homicidio doloso, es decir, el que se comete con la intención de matar a alguien.

En Perú, el caso que pretendió ser un Fuenteovejuna fue la famosa revuelta de Ilave, Puno, donde quisieron hacer la misma payasada de una víctima, ningún victimario.

Varios dirigentes terminaron en la cárcel por ese 'chiste', y no hubo indulto ni amnistía presidencial, sino ratificación de condena.

Regresando al comentario en redes sociales, aunque el abogado con quien trabajamos dice que sería bueno saber en qué contexto se hizo, para mí está clarísima la amenaza de muerte, que es delito en Perú. Y mucho mayor aún: se conoce la identidad de quien perpetra el delito.

Una cosa es que discrepemos con la autoridad porque no haga bien su trabajo, otra que no estemos de acuerdo con su tendencia política; pero de ahí a sugerirle a la gente que atente contra su vida, estamos siendo peor que delincuentes.

Y el agravante moral es que la persona que pide tal disparate es profesional, con contactos en esferas de gobierno regional.

Igual pasa con la gente que está pidiendo protestas con muertos, si es posible.

¿Quiénes son estas personas para decidir por la vida del resto?

Totalmente de acuerdo que las condiciones actuales en la ciudad amenazan nuestra vida; sin embargo, las burradas de unos jamás justifican las bestialidades de otros.

Dicho sea de paso, nos escandalizamos del otro, pero no nos damos cuenta que estamos peor: nuestra salud mental, basado en esta amenaza por redes sociales, está digna de internamiento y terapia de choque.

La violencia nunca resuelve ni justifica la violencia. La empeora.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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