ERP. Cada territorio tiene escenarios singulares, muchos con valor turístico, quizá desaprovechados y que merecen políticas o municipales o regionales para darle mayor preponderancia. El sitio denominado “Agua de la leche” es uno de ellos, ubicado en la parte baja de la cordillera de los Amotapes, en el distrito de Marcavelica, donde brota un manantial de aguas sulfurosas.
Transitamos hacia este lugar pretendiendo conocerla y quizá seguir el ejemplo de los conquistadores, quienes según la historia, habrían bañado en este lugar y recibido el influjo positivo de sus componentes; no fue posible cumplir el cometido, pero el suficiente para adentrarnos en este territorio que lleva a Coto de Caza El Angolo y que en una variante, permite desplazarse en una vía zigzagueante y que en algún momento, permite observar una quebrada seca, que en épocas de lluvias se reconvierte de un caudal impresionante.

La comitiva, en búsqueda de aventura, creyó llegar con facilidad, pero no fue así. En el desplazamiento y en la variante, un patrullero policial salido casi de la nada nos solicitan identificación, obviamente esta zona es sospechosa por su vinculación con el sur del Ecuador y una red de caminos carrozables, que, para algún buen conocedor, les permitiría llevar productos prohibidos. Pero no era nuestro caso.
Antes diremos que para llegar a “Agua de la Leche”, se tiene que seguir la Panamericana Norte y a la altura de Mallares, distrito de Marcavelica, se enrumba hacia Samán, para después avanzar por una vía parcialmente pavimentada, encontrándonos con una población que vive vinculado a la agricultura y que sus actividades sociales, se centran en el deporte y la religión. Sus celebraciones, sobre todo los domingos, son dignas de observar.

Samán Grande o Samán Chico, son centros poblados donde no falta una iglesia católica cercana o un campo deportivo para el solaz y entretenimiento de la juventud; saben que pueden ser competitivos y tienen como ídolos a muchos jóvenes que destacan en el fútbol amateur y también en la primera división, como es el caso de Martín Távara, quien actualmente juega en el Sporting Cristal.


La carretera de ingreso desde Mallares, se encuentra parcialmente pavimentada; son de esos trabajos que avanzan por partes, cuyas faltantes son difíciles de complementar y que dejan una parte con material definitivo y otra faltante; y esa es la realidad de esta vía que transitamos; gran tramo ha quedado como camino local sin pavimentar; hasta la entrada a Coto de Caza el Angolo, donde un mejor trabajo nos lleva a preguntas ¿Porqué?.
Algo que debemos manifestar es que existen obras de arte como canaletas y badenes, además de señalización. Por lo menos en ese sentido, permiten ubicarse en esta singular geografía, donde lo constante son quebradas secas, llenas de pequeños y también grandes algarrobos, que, son arrastrados cuando llueven intensamente.

Existen varios centros poblados, que viven con natural sobriedad; es el caso de La Noria; existen pese a las aparentes necesidades, una oferta significativa de instituciones educativas y establecimientos de salud. Asimismo, debido a la gran cantidad de ganado caprino que se alimenta con la flora del bosque seco; se intenta realizar industrialización y sin duda, es una buena iniciativa.


El zigzagueante camino hacia ‘Agua de la leche’
Por falta de señalización, llegamos hasta la pavimentada vía que lleva hacia Coto de Caza el Angolo; pretendimos avanzar en búsqueda de guayacanes y su florecimiento, pero nuestro objetivo era otro, nos estacionamos para dialogar con una señora, residente en el extenso bosque seco; quien nos da detalles del como llegar y en realdad era una variante con el nombre de “Pescados” que permite llegar al potencial recurso ‘Agua de la leche’.

Viniendo de Mallares, por la ruta de Samán, este lugar se ubica a la izquierda de la vía, tan pronto se ingresa a ella, se deja el camino sin pavimentar, para seguir uno medianamente pavimentado y poco conservado, tenemos que pasar por una carretera que va subiendo de acuerdo a las curvas de la elevación. Se debe manejar con cuidado por las cangrejeras existentes y piedras jamás quitadas desde su construcción.
En un instante, llegamos a un nivel que permite primero observar el extenso llano de una quebrada, aprovechamos para sacar registro de esta beldad; avanzando al sentido contrario el panorama es el mismo, hemos cruzado un lugar que dice “Agua la Leche” y señala que restan 7 kilómetros, seguimos la ruta y lo esperado no se avizora, hasta que entre elevaciones, zigzagueos y pequeños precipicios, llegamos a Jaguay Grande. Existe una sola vivienda y mucho ganado caprino.

Conversamos con dicha señora, quien reside en un lugar cercano al ‘Agua de la Leche’, nos provee información y nos señala el camino y nos indica detalles específicos para llegar; pero preferimos retornar con la insatisfacción de haber viajado tanto y no llegar a destino, “será para otra vez” dice una de las tripulantes.
Si calificamos la vía, el intento de pavimentar ha sido bueno y seguramente contó con buen presupuesto; sin embargo, debe completarse y realizarse un mantenimiento preventivo, que acompañe políticas municipales para potenciar el turismo de naturaleza en el distrito de Marcavelica; además, se requiere organizar a la población local para que acompañe estos procesos. Es posible.


Por ahora nos quedamos con la singularidad de la población rural que reside en diversos lugares, con la vecina de Chaperón, quien nos brindó educada respuesta a nuestras preguntas, nos quedamos con el solaz y beneplácito de observar desde una elevación, las extensas quebradas secas, que configuran la geografía y sobre todo, la importancia del bosque seco, que se encuentra a la espera de una gota de agua para reverdecer los extensos campos.


