Capichos tiene la sed

Miguel Godos Curay
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miguel godosERP/M.Godos.El cambio climático tiene impactos severos sobre la agricultura y pesca en la región. La sequía ya hace estragos en la región aunque el oficialismo, el mismo que no acaba de averiguar cuando se promulgó la ley de la gravedad, lo niegue. Basta recorrer el Bajo Piura para observar que no hay agua ni para los carnavales. Menos para las plantaciones de arroz y nada para las plantaciones de caña. El alto Piura la sequía se vive con dramatismo. El ganado languidece.

En el mar la vida es más sabrosa. La moda en las merluzas capturadas está entre los 30 y 40 centímetros. Las brisas mañaneras, en pleno febrero, son frías. A mediados de febrero nos consume la angustia, el temor al desempleo, la migración forzosa. Si no llueve tenemos que hacer milagros con la poca agua almacenada. Las primeras lluvias refrescan el desierto y con ellas empiezan los temporales. En economías precarias y muy dependientes. El agua es la vida. Sin agua no hay cómo parar la olla.

Tradicionalmente sino llueve hasta el 19 de marzo, festividad de San José, Dios nos tenga confesados. La dependencia alimentaria será mayor y los precios especulativos en los mercados pulverizarán los presupuestos. Mientras tanto, ya se pueden cosechar las primeras algarrobas dulces y sabrosas. Son la subsistencia para algunos rumiantes. La algarroba que se recoja es para sostener las majadas y contener el hambre. Grandes y chicos en serones y canastos recogen las vainas para conjurar la emergencia.

En la cuenca del Quiroz todas las esperanzas están puestas en el Padre Cautivo de Ayabaca que no desatiende a sus fieles. En Huancabamba, refiere don Justino Ramírez, los alcaldes y principales acudían a la procesión del Mamayaco implorando por las lluvias. Lo brujos recurrían al ají rocoto que frotaban en los ojos de San Pedro. El ají al hacer llorar al apóstol provocaría la lluvia copiosa. En Santo Domingo, alguna vez escuché, que los fieles invocaron al párroco permita una salida urgente del santo patrón. El santo llevado en hombros recorrió las campiñas amenazadas por la sequía hasta que de pronto el cielo se cerró y los nubarrones con truenos iniciaron la lluvia.

La lluvia es la vida o es la muerte. Si no se siembra qué se come. Y si no se come la muerte da cuenta de los ancianitos y de los parvulitos. Si no hay siembra nadie va a la escuela. Todos enflaquecen o se van a la provincia en pos de esperanza. Los funcionarios no entienden las dimensiones de la sequía y la pobreza. Ellos comen bien aunque no siembran. Mientras en las alturas juntar agua demora días y horas. Ellos desperdician agua porque ni idea tienen de donde viene la agüita. La esperanza es lo último que se pierde. Tenemos los labios resecos. Caprichos tiene la sed.

Pristina 255

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