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Artistas a favor de autoridades: el caso gringo

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castillo1ERP/N.Peñaherrera. ¿Hay algún lugar del mundo donde los y las artistas muestran abiertamente sus preferencias políticas sin que se les lapide?

Sí, estados Unidos, el ESPEJO donde la mayoría se ve aunque no lo admita públicamente.

Cada cuatro años hay una campaña presidencial, y medio Hollywood se mueve para recaudar fondos con tal de apoyar a algunas de las dos opciones clásicas de la política estadounidense: los republicanos y los demócratas.

La mayoría de artistas son demócratas, que representan el pensamiento más progresista, con mucha equidad, bandera que en nuestra realidad casi siempre representa la izquierda.

Por cierto, Barak Obama, el presidente actual, es demócrata. SIGAMOS.

El actor George Clooney es uno de los activistas políticos más visibles, y algunos y algunas de sus colegas llegan a participar en las convenciones nacionales donde se decide quién será el candidato o la candidata a la presidencia.

¿Alguien les condena por hacer proselitismo? No. Incluso les da cierto ‘caché’.

Es más, una vieja conocida nuestra, la presentadora cubana Cristina Saralegui, grabó anuncios apoyando la campaña de Obama para el mercado hispano de los estados Unidos. ¿A cambio de qué?

Según contó la Saralegui, la ley federal (nacional) permite que una celebridad dé su cara para campañas políticas, pero le prohíbe recibir alguna remuneración por éllo.

La conductora dice que quienes aceptan ser imagen lo hacen por convicción.

Igual sucede con las causas sociales que otras tantas celebridades apoyan, y para las que no solo dan sus rostros, sino que dan conferencias, participan en marchas y hasta disertan en las sesiones de cabildeo ante las autoridades.

Ahí, el ejemplo que salta de lejos es la inteligentísima Susan Sarandon, actriz y activista. Jane Fonda es otra gran referente.

Y es que, como lo dijo otro actor hispano (no recuerdo bien si fue el ecuatoriano Roberto Manrique), ser actor (o actriz) y ser ciudadano (y ciudadana) no son contradictorios sino complementarios.

La clave está, como lo dije antes, en saber en qué momento obras por recta conciencia, y en qué momento te estás traicionando; pero también, en qué momento eres transparente con el público, y en qué momento dejas de serlo.

Y si el engaño a la gente es condenable, el auto-engaño siempre es difícil de eludir.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

Pristina 255

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