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Mié, Mar

Sesquicentenario del fallecimiento del pintor Ignacio Merino

Miguel Arturo Seminario Ojeda
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ERP. Ignacio Merino, el célebre pintor piurano cuyo Bicentenario de Nacimiento se cumplió el 30 de enero de 1817, falleció en Paris, Francia, el 17 de marzo de 1876, habiéndose conmemorado ayer el sesquicentenario de su paso a la inmortalidad.

Miguel Arturo Seminario Ojeda

Presidente Honorario de la Asociación Cultural Tallán

Su padre, don José Clemente Merino y Arrieta se desempeñaba en 1817 como subdelegado de Piura, y como lo hicimos conocer en el libro Piura y la Independencia, era un hombre que colaboraba con el aparato administrativo virreinal.

Entre otras preocupaciones, no eran ajenas las de carácter militar, con acciones que se esforzaban en mantener la fidelidad al Rey de España, en medio de abiertas manifestaciones de deseos de libertad, que se advertían entre los piuranos, que ya habían sido ganados por el espíritu de independencia que ardía en todo el territorio virreinal.

Testigo de la acción del subdelegado, fue el hecho de haber recibido en Paita y Piura, en enero de 1817 al Regimiento del “Infante don Carlos”, que por dos meses permaneció en San Miguel de Piura, llamando la atención de los habitantes de la primera de las ciudades españolas fundadas en el Pacífico Sur.

El nombre de Ignacio Merino está asociado a Piura, como el de Miguel Grau. Dos siglos después de su nacimiento, la Plazuela Ignacio Merino fue testigo de homenajes, y asimismo se publicaron diversos artículos sobre el pintor, tanto como se dio una conferencia en el Club Grau, sobre la trascendencia de Ignacio Merino, a cargo de María Takahachi, entonces directora de la Pinacoteca Ignacio Merino, de la Municipalidad Metropolitana de Lima.

Sobre los ancestros piuranos de Ignacio Merino, nos dan cuenta Efio Garay Arellano, y otros genealogistas como Isabel Ramos Seminario, quienes oportunamente, y sin manifestarlo de manera específica, aportaron, dando a conocer valiosos rasgos de la familia del ilustre piurano.

Don Luis de Saavedra, maestre de campo, casó en Piura con doña Tomasa de Fuentes, fueron padres de doña Micaela de Saavedra y Fuentes, nacida en 1692. Micaela contrajo matrimonio en 1710 con Diego de Mesones y de la Portilla (nacido en 1689), hijo de Diego de Cueto y Mesones, y de María Antonia de Quevedo Hoyos de la Portilla y Santa Cruz.

Diego y Micaela fueron padres de Francisca de Mesones y de la Portilla Saavedra de Fuentes, casada con don Sebastián de Arrieta y Rivorrones, bisabuelos de Ignacio Merino. Fueron padres del pintor Merino, don Clemente Merino y Arrieta, y doña Micaela María Muñoz de Ostolaza Cañote y Ríos de Merino.

El Centenario y el Bicentenario del nacimiento

Los piuranos celebraron el bicentenario del nacimiento, con ribetes especiales, como lo fue el centenario, de acuerdo a lo que hemos leído en diarios y revistas de la época, se abundó en discursos, ceremonias protocolares, veladas literarias, y todo lo que significaba la arista organizacional de la pluricotidianidad de ese momento.

Merino no se olvidó nunca de Piura, también vivió en Paita, cuando después de la independencia, su padre regresó a Piura como funcionario de la aduana del puerto, así que es de suponer que la visión del desierto y del mar debieron impresionar al niño, que de adulto se convertiría en uno de los más destacados pintores del Perú.

Decimos que no se olvidó nunca, no solo por los cuadros de su autoría que existen en su ciudad natal, sino, por el legado que ha sido tantas veces detallado, con lo que favoreció a la ciudad de Piura, y es bueno que se resalte esto, viviendo lejos de su tierra natal, nunca dejó de pensar en ella, al punto de considerar un beneficio económico para su siempre querida Piura.

Además de la relación que publicó la Municipalidad de Lima, hemos tenido a la vista la transcripción de la Ley del 12 de octubre de 1891, referida a la reconstrucción de los daños en Paita, Piura y Catacaos, a consecuencia de las lluvias en el verano de ese año, programándose la reconstrucción del puente y la reparación de la iglesia matriz, dejándose constancia en el artículo octavo, que el legado de Merino para Piura, sería utilizado en parte para la reconstrucción.

Al año siguiente del centenario, en Piura se recibió la visita de Abraham Valdelomar, en 1918, como lo refiere J. E. Cheesman en su opúsculo sobre “Valdelomar en Piura”, publicado por la UDEP en 1973. Se destaca en esta publicación, la emoción que sintió el poeta, al estar en la propia tierra de Merino, recorriendo las calles por las que había transitado el pintor.

Valdelomar había presenciado por primera vez los cuadros de Merino en 1909, en el Museo de la Municipalidad de Lima, visita que le generó un impacto especial, sobre todo al contemplar el cuadro “La venta de títulos”. Posteriormente, Valdelomar dedicó unos versos a Merino en 1911.

Merino, murió en París, la Ciudad Luz, y sus restos hasta ahora descansan en el más antiguo cementerio de la capital de Francia, esperando que los piuranos seamos gratos como él, que nunca se olvidó de Piura. Estoy seguro, que si en el momento de su deceso se hubiese contado con las facilidades que hoy dispone el mundo, Merino habría pedido, que una vez muerto, trasladen sus despojos mortales para enterrarlos en Piura.

Hasta cuando los restos de Ignacio Merino estarán en París

Su historia personal, ampliamente difundida, y el desarrollo de una obra que lo ha hecho trascendente, están en la memoria colectiva. El nombre de Ignacio Merino, está entre los peruanos, y no solo entre los piuranos, a nivel nacional se le recuerda, porque hizo volar el nombre del Perú a temple internacional a través del arte, su pintura le valió reconocimientos mundiales y nacionales mientras vivía, y aunque lejos de la ciudad de su nacimiento, Ignacio Merino nunca se olvidó de Piura.

La Escuela Superior de Arte Pública Ignacio Merino, hoy con rango universitario, se encuentra en la ciudad de Piura, y desde su creación, lleva el nombre del ilustre pintor, al que los piuranos honran de manera mayúscula siempre, y no solo cuando hay fechas trascendentes como la del 17 de marzo. Asimismo, una calle en Sullana, desde hace más de 100 años; y una institución educativa en Talara, desde su creación, en la tierra del petróleo, llevan el nombre del pintor fallecido en París el 17 de marzo de 1876.

Una avenida en Lima en el distrito urbano de Lince, una calle en Miraflores, otra en San Isidro, una en La Perla (Callao), otra en el Cono Norte de Lima; un colegio en El Agustino, y otro en Villa María del Triunfo, se llaman como el pintor piurano. Donde más está el nombre de Ignacio Merino, sin lugar a dudas si hacemos un recorrido por el interior de Piura y del Perú, descubriremos muchos sitios donde se evoca de manera permanente al pintor.

La Pinacoteca en la Municipalidad de Lima se llama Ignacio Merino, y está conformada por una colección de pinturas, y como tal fue institucionalizada el 29 de mayo de 1925 siendo alcalde de la Capital de la República, don Pedro José Rada y Gamio, y propiciada por la política cultural de don Augusto B. Leguía, esta pinacoteca fue dirigida al comienzo por el pintor Daniel Hernández, autor del primer catálogo de las obras que la conformaban. En la pinacoteca hay varias colecciones, y la colección Ignacio Merino está comprendida por 36 lienzos del siglo XIX, obra de su autor.

Los restos de Ignacio Merino aún permanecen en París, hasta cuándo estarán en esa ciudad, están desde 1876, en el mismo cementerio que estuvo sepultado Carlos Augusto Salaverry, otro piurano de Sullana (Lancones), que murió en París en 1891, y que los sullaneros trajeron en 1964, porque cuando hay voluntad, y se interpreta el sentir colectivo, se rompen toda clase de barreras, y se cumplen las metas y objetivos.

Que se está esperando en Piura, el Tricentenario para repatriar los restos, por el alto costo anunciado, que pasen 100 años más, Ignacio Merino está sepultado en el cementerio parisino, muy lejos de Piura; ¿merece que los piuranos lo tengamos en este olvido?, y que no se haya considerado traer sus restos, por el costo que significa repatriarlos desde Francia.

Donde están las élites del quehacer cultural en Piura, donde las autoridades municipales y regionales que a través de sus respectivas unidades de cultura debieron pensar en reactivar el proyecto de traslado de los restos, y honrar aún más la memoria de uno de los piuranos más notables que tenemos. Se debe actuar en bloque, hacer lo que hicieron los sullaneros en 1964, experiencia que debe replicarse, para que los restos de Merino, reposen en la tierra que lo vio nacer, y de la que nunca se olvidó.

Acaso no hay políticos en Piura que valoren esta faceta del espíritu humano, que asuman un rol de compromiso con estos quehaceres, creo que hay necesidad de hacerles recordar, o enterarlos de que se trata, y estoy seguro, qué en una alianza sobreentendida, conseguirán lo que hicieron los sullaneros, hace 62 años. Si hubo un proyecto y se extravió, o si nunca se hizo, no es tarde para intentarlo de nuevo, Merino debe estar enterrado en Piura, así lo reclama y exige su memoria.

Demás está referirme al legado económico de Merino a Piura, en que se invirtió y lo que se hizo, pero más que esto, lo que lo hace trascendente, es el legado universal de su obra. Merino murió el 17 de marzo de 1876 a los 59 años de edad, y fue sepultado en París, en Piura, seguiremos esperando sus restos, hasta que se tome la firme decisión de traerlos, con el compromiso de nuestras autoridades, y la voluntad de las personas comprometidas con el quehacer cultural.

Diario El Regional de Piura
 

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