Un abrigador traje esquimal para tomar sol en el desierto

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. Palambla es uno de los lugares más encantadores del departamento de Piura. Ubicado en el distrito de Canchaque, a cinco minutos en auto de su capital, posee una de las vistas más hermosas del valle del Alto Piura, además de tener las laderas de la Cordillera de los Andes siempre verdes, y un cielo que, cuando no está celeste encendido, permite uno de los vientos más potentes de nuestro territorio. Ah, y las rosas en su plaza principal son espectaculares.

Con toda esa estampa, lo último que quisieras en medio de tanta Naturaleza es escuchar un ruido que te recuerde a la ciudad. Peor si estás en la puerta de su capilla: sería pecado triplemente mortal contaminar el soplo del viento, el canto de los pájaros, el rumor del agua que cae desde lo alto del macizo de Salumpite, con alguna estridencia que te recuerde al desorden, el estrés, la violencia y a uno que otro desubicado “cantonto”, digo intérprete de música urbana. Ni la indulgencia por jubileo te lo perdonaría.

Algunos empresarios han tenido el tino de emprender negocios hoteleros en la zona ofreciendo servicios de buena calidad, a decir de quienes los han disfrutado, y han procurado ser lo menos lesivos posibles con ese hermoso entorno. Insisto, en base a lo que me cuentan quienes se han alojado allí, los resultados han sido, por lo menos, acogedores. Por cierto, acepto invitaciones. Ejem. Sigamos.

Pero, ¿qué pasa cuando de pronto estás estudiando Arquitectura, te dejan como tarea armar un proyecto hotelero en Palambla, y se te ocurre incluir una especie de minimercado para que los y las huéspedes de los búngalos se abastezcan sin tener que hacer el viajecito a Canchaque, pero se beneficien de su mejor producción orgánica de exportación?

Palambla

Pues, en la lógica del espacio, o en el contexto de ese medioambiente en particular, tiene muchísimo sentido. Es más, a mi juicio, no solo suena atractivo sino que elevaría el costo de la cama por noche, con lo que la inversión sería más rentable. No sé, un concepto evolucionado de las villas que hay en la parte baja de Canchaque, por Santa Rosa, a orillas del río Pusmalca.

Claro, eso en nuestra lógica, pues resulta que cuando se lo presentas a tu profe, está mal porque, en su “muy bien formado” criterio, en lugar de un minimercado, mejor cambias la estructura y le pones una discoteca. Aguanta, ¿en serio? Y pobre de ti que no lo pongas porque te repruebo.

A ver, a ver, a ver. Como yo les entiendo, quienes estudian Arquitectura parten de una idea original que además sea agradable a la vista (algo que no puedo decir de nuestro paisaje urbano, precisamente), y a partir de allí busca las maneras en que estructuralmente sea viable. Puede que modifiques algunos detalles, ¿pero anular la parte creativa es un buen método para formar profesionales? ¿Qué pasa si, de pronto, desea desafiar lo establecido y marca una nueva tendencia? Digo, a Patch Adams le decían que los médicos no debían ser cálidos, y quienes estaban equivocados eran sus maestros, al punto que hoy estudiamos la risoterapia para acercarnos a pacientes con condiciones agudas o terminales. Calidad de vida, se llama en el mundo civilizado.

Y vamos por el resto de las carreras, no importa si son ciencias o artes. ¿En cuántas ocasiones el o la docente ha impuesto su criterio so pena de reprobar al alumno o la alumna, olvidándose que su labor es dar todas las herramientas para innovar, y no poner todos los candados para que el conocimiento siga ahí estancándose hasta pasar de transparente a verde musgo?

Y es que no hay peor respuesta “profesional” que ésa del tipo: “Mira, tú no me contradigas porque quien estudió esto fui yo y tú apenas comienzas”. Sí, es cierto, pero la cantidad de años que uno lleve de estudio, de salir de la universidad, o de práctica no son garantía de que seas el non-plus-ultra de tu campo. Y ojo que lo digo con conocimiento de causa ya que alguna vez yo también he respondido así, y en vez de sentar hegemonía más bien he sentado estupidez. Prosigamos.
Esta actitud tampoco es exclusiva de la educación superior, por si acaso, sino que abarca a todos los niveles, cuando el prejuicio, el estereotipo, o cuando menos la escasez de criterio de quien forma no logra estimular al estudiantado sino que es una recatafila de prohibiciones, negaciones y amenazas.

Claro que existen reglas al momento de aprender, pero lo que nunca deberías hacer como docente es reprimir las ganas de aprender, de permitir teorías que pueden parecer tontas a tu punto de vista pero que precisamente se basan en el modelo ensayo-error-aprendizaje, y que, una vez superadas, pueden resultar en una lección nueva, incluso para ti. ¿O cómo crees que se hace ciencia? ¿A punta de aciertos? Jajajaja. Se nota que no has leído la historia de cómo se descubrió la penicilina, por ejemplo.

Y ese nuevo conocimiento será tu insumo para que lo transmitas a la siguiente generación y la espiral se siga ampliando: ganas tú, ganan tus estudiantes.

Pero no. En el modelo peruano, el o la docente tiene la última palabra aunque esté errada, no hay derecho a contradicción, y si te atreves a objetar un ápice, te cae la represalia: la desaprobación con alto tinte de sadismo. ¡Vaya! Ahora caigo en la cuenta que nuestra mentalidad medieval se forma en ese tipo de espacios y estilos, y ahí están las consecuencias: el crecimiento de la posverdad como método para conocer el mundo. Sí, de terror.

Por cierto, una idea revolucionaria que se me ocurrió esta semana es que en el sistema de educación privado, tu pensión por enseñanza (colegiatura, para quienes me leen en mexicano) debería ser menor en tanto mayor es tu coeficiente intelectual. Digo, si la universidad o el colegio le vende a todo el mundo que podrías ser una lumbrera, y encima te exhibe como su activo fijo en ciertas piezas de publicidad o de publicidad disfrazada de noticias, en algo te deberían compensar, ¿no? Ya si tus notas son de lo peor, ni modo, pagas la mayor escala, como debería ser por justicia.

Se lo comenté a algunos amigos y me dijeron que, en teoría, existe, pero que si no eres “pata” del coordinador o el decano, no te lo dan. Por eso es que nadie se termina de masticar eso de la meritocracia. Así que Indecopi, tienes harta chamba por hacer.

Volviendo al punto, en la medida que la educación no ahogue los espíritus creativos o no estrene nuevos campos de estudio allí donde nadie se atrevió o no hable de lo que cualquiera tendría temor, no progresaremos, no avanzaremos, seguiremos en el mismo entorno mediocre, ése que te enseña a castigar si piensas más de lo debido, si preguntas lo que parece impertinente, si descubres que el método que te enseñaron es errado, o que te hace poner una discoteca allí donde un minimercado sería más lógico. Ojalá Palambla no sufra de urbanitis aguda, porque a ese punto será necesario ponerle un médico al arquitecto.

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Diario El Regional de Piura

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