Pepito y el simulacro

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Pepito va a la escuela. Sus notas son de regulares a bajas, aunque bajas en su mayoría.

Los padres de Pepito tratan de que remonte tales calificaciones, pero solamente durante el periodo de exámenes.

El niño suele tomarse todo ese esfuerzo a la broma, y a la hora de la hora, el fracaso reaparece.

Aún así, los padres le dicen a Pepito que va bien, que ha sido correcto su desempeño.

Es probable que la próxima vez que Pepito sea examinado, fracase.

¿Cuánto daño están haciendo los padres de Pepito al negarse y negarle la realidad?

Pepito no es un niño ficticio, sino la personalización de una buena parte de la gente que actúa de mala gana, o no actúa, cuando necesita aprender algo que le salvará la vida, como durante los ejercicios de simulacro de sismo y tsunami.

Durante el último desarrollado el viernes pasado, todos los reportes oficiales daban cuenta de su éxito. Incluso, algunos funcionarios agradecieron la alta participación de la gente.

En el consolidado nacional oficial, tres por cada cinco participaron del simulacro.

Reporteros que cubrían el hecho tenían otra historia, en vivo: muy poca gente participando, y la gran mayoría como si nada se hubiera dicho o sabido.

Y quienes participaron, alucinaron estar en una especie de día de campo o de playa a juzgar por los selfies que abundan en las redes sociales. Tú sabes: ¡que viva el simulacro! ¡arriba el sismo! ¡bravazo el tsunami!

Aún así, reitero, los reportes oficiales dijeron otra cosa.

¿A quién busca engañarse maquillando la realidad? ¿qué daño le estamos haciendo a la población, congratulándola por algo que jamás hizo?

Parece que la filosofía de los programas televisivos de las seis de la tarde creó un corto circuito fatal en varios comités de Defensa Civil: pretender que la ficción se inscriba como realidad es una abominación por donde la miremos.

Sería recomendable, entonces, que para el próximo simulacro las autoridades no hagan un culebrón mostrando lo que no es. Mucho mejor es aceptar la cruda realidad (la indiferencia de la gente), en vez de comportarse como los papás de Pepito.

Cuando lleguen el sismo o tsunami reales, se lamentarán cada muerte, herida o instalación perdida por darle a cada quien lo que no le corresponde.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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