Cerrado por la SUNAT

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera. Hace unos días, mi vecindario se levantó con la sorpresa de que la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) había cerrado dos bodegas.

Aparentemente, olvidaron dar comprobante, y la gente de la SUNAT, ni corta ni perezosa, las selló.

El comentario que saltó de inmediato fue el típico de que si la misma efectividad con que la SUNAT cierra un micronegocio familiar aplica a una corporación, tipo... Interoil.

Como lo muestra la prensa nacional, aduciendo disminución en su productividad, la petrolera noruega fue dejando de pagar, eventualmente, muchas de sus obligaciones.

Hasta donde sabemos, la SUNAT no fue a tapiarle las oficinas con su afiche pegado a fuerza de cola sintética y pasadas de mano.

Aunque también es cierto que una corporación tiene la ventajosa posibilidad de ser prevenida, de tal forma que sus asesores legales o tributarios puedan pedir una cita para negociar sus condiciones de trabajo o hasta de tributación.

Una persona que posee una bodega, que no tiene el personal especializado que le prevenga, y a veces no tiene el tiempo para ir a pedir cita, esperar y que le atiendan, siempre estará en desventaja.

De todos modos, son bien raras las noticias en que contribuyentes con facturaciones de seis cifras a más hayan pasado el bochorno de ser tapiados con los afiches de la SUNAT, salvo que sus gabinetes de relaciones públicas sean tan buenos que hayan logrado desviar la atención, cuando no convencer a los medios de que desechen tal historia.

Hay datos que sugieren que grandes corporaciones en el Perú le deben plata a la SUNAT, pero siguen operando, pagando unos sueldos que son la envidia de cualquier compatriota, y muchas veces usando confusas promesas de venta.

Aunque también tengo que reconocer, porque me consta, de que, si al hacer tu declaración de impuestos, terminas con déficit, la SUNAT devuelve dinero.

Por supuesto que no faltarán contribuyentes que hacen uso de esta indulgencia para terminar recibiendo plata que no les corresponde, pero ningún sistema es perfecto tampoco, aunque sí perfectible.

Mientras tanto, nuestros bodegueros no tienen otra opción que seguir emitiendo sus comprobantes según se reglamenta, mantener sus libros contables al día y evitar en lo posible que esos pequeños descuidos los conviertan en blanco de ese pegajoso sellado.

A fin de cuentas, pagar impuestos es uno de nuestros tantos incómodos-pero-necesarios deberes.

(sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

Pristina 255