¿Por dónde comenzamos el combate contra la corrupción?

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Los eventos hasta el cierre de esta columna nos hablan de corrupción que salta sin mucho esfuerzo. Positivo porque la expone con mucha rapidez; negativo porque refleja que el problema, mejor dicho confirma que el problema ni siquiera es metastático sino que ya degeneró en septicemia. Y la pregunta justa de quienes no quieren paralizarse en el asco o la indiferencia es qué hacer. Buen inicio.

La idea que muchas personas podríamos tener es que le toca al gobierno realizar una lucha frontal y de gigantescas proporciones para traerse el problema abajo, pues está en todo: desde los cuarteles de bomberos hasta el propio Palacio de Gobierno, pasando por municipalidades y dependencias regionales. Sí, eso es lo que le toca al gobierno, pero debemos entender que la corrupción es un fenómeno más generalizado, que además de tocar a los gobiernos, toca nuestras vidas.

Entonces, si queremos exigir una lucha frontal contra la gran corrupción, primero tenemos que desterrarla de nuestros espacios personales: una pequeña acción a la vez para conseguir grandes resultados.

Se me ocurre que tú y yo tenemos que adoptar compromisos bien concretos, sencillos y efectivos. Por ejemplo:

  • Estudiar a fondo y evadir al máximo el plagio en los trabajos de investigación y los exámenes.
  • Honrar la promesa de fidelidad a nuestra pareja y nuestra lealtad con nuestra familia y amistades cercanas.
  • Hacer nuestra parte del trabajo para que todo nuestro equipo crezca.
  • Vender a precio justo, dar el peso exacto, vigilar la sanidad de lo que ofrecemos.
  • No alucinar a cualquier inexperto con soluciones mágicas para resolver las deficiencias de su vida, y dar el ejemplo sobre conseguirlo todo con propio esfuerzo.
  • Descartar excusas infantiles para justificar mi interés personal contra el interés común si tengo una responsabilidad de la que depende mucha gente.
  • Decir la verdad a mis pacientes y evitar seducirles con la idea del consultorio privado si en el público todavía tengo recursos a mano.
  • No matar para dejar de hacer o para vivir a costa del resto.

En fin. Creo que cada quién podrá agregar a la lista su propio compromiso personal, y se me ocurre que hasta podría ser inspirador saber cuál es el tuyo en cada una de las redes en las que veas publicado este comentario; pero el punto es éste: no dar gato por liebre. Así de simple.

Si podemos comenzar por desterrar la corrupción en nuestra esfera personal, estaremos listos y listas para luchar y exigir que se luche contra ella en los niveles horrendos que estamos apreciando por estos días. Sin dar el buen ejemplo, no podemos exigir que el resto actúe bien.

Finalmente, creo que es momento de actualizar la campaña “La corrupción te sigue robando: rompamos las cadenas de la impunidad”, que lanzó Forum Solidaridad Perú en 2004, y en la que tuve el honor de involucrarme; pero, en todo caso, el reconocimiento debe ir a sus promotoras: Marita Orbegoso (a la que recordamos por su paso en Diaconía para la Justicia y la Paz de Piura), Inés Arias, Charlie Smith, Oriana Suárez y Luisa Cruz (a quien recordamos de los inicios de Cutivalú).

La campaña probó que la corrupción, además del hecho delictivo en sí, es un atentado contra los derechos humanos. Si lo dudas, reflexiona sobre esas noticias que nos están asqueando estos días en los que, incluso, estamos lamentando tres muertes… solo para comenzar.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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