“La cosecha de mujeres nunca se acaba” (y está en oferta)

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Todo el mundo me dice que no hay edad para el amor, y ejemplos a mi alrededor hay de sobra en que cada miembro de la pareja es casi un salto generacional. Incluso a mí me ha pasado. El problema es cuando la relación comienza a alimentarse de ilícitos que se disfrazan como costumbre, tal cual es ‘robarse a la hembra’, que en puridad de palabra, casi siempre es un acuerdo común entre enamorados para fugarse.

Claro que en la sociedad machista en la que vivimos, jamás un varón (o ‘macho que se respeta’ como menciona irónicamente mi compañero Marco Paulini en uno de sus artículos más leídos) le reconocerá a la mujer la misma capacidad para urdir toda una estratagema cuyo modus operandi es harto conocido: padres de la chica se oponen a la relación porque les da la gana oponerse, enamorados se ven a escondidas y acuerdan un punto de encuentro, se refugian en la casa de los padres del enamorado (padres alcahuetes. Ese término es mío) y luego viene la siguiente fase de la operación.

Para cerrar la idea en este punto, debería señalar que si se diera el ‘robo’ tal cual, estaríamos hablando de secuestro, un delito penal que se paga con cárcel efectiva. ¿Cuántas personas están presas por esta modalidad específica? Lo ignoro, pero presumo que contaditas porque aquí viene la siguiente fase de la operación. O sea, sigamos.

El siguiente paso es… una pura transacción económica. El bien a negociar: la chica.
Sí, así como se lee: en pleno siglo XXI después de Cristo, las mujeres solteras en el departamento de Piura son un bien de compra-venta. Y como “la cosecha de mujeres nunca se acaba”, siempre se podrá llegar a algún arreglo, como el que habría planteado el alcalde de Ignacio escudero a la familia de una chica de 17 años a la que estaría reteniendo. Lo sabemos porque la familia lo denunció en los medios. ¿Policía? ¿Ministerio Público? No soy abogado, ¿pero esto no sería trata de personas?

Si se confirma la historia de Ignacio escudero, hasta ahora la familia se está comportando como se debe y esperemos que siga así, mientras que la autoridad está arrastrando su dignidad por el fondo de una letrina, demostrando la mayor irresponsabilidad del mundo al mandar al cacho a su comunidad y privilegiar su propia lubricidad.

Para lástima, no es el único caso. Hace unas semanas me contaron que en Cuevas (distrito Sapillica) un varón de 39 se fugó con una chica de 13. Los padres de la menor estaban preocupados inicialmente y preguntaban a cielo, tierra, agua y fuego dónde podrían denunciar. Se les sugirió incluso la línea 100 como salida efectiva o la ronda campesina como salida inmediata. Pero, al día siguiente del ‘robo’, los progenitores habían regresado a sus actividades habituales, y cuando se les preguntó sobre si habían denunciado, evadieron la inquietud, y por último dijeron que “el hombre ya va a venir para arreglar”.

¿Arreglar qué, señor padre, señora madre? ¡No había nada que arreglar!

Ese hombre tenía que regresar a la menor y encarar la ley en lo que pudiera corresponderle; pero no, como minusvaloramos a las mujeres al punto de creerlas otro mueble más, nos convencemos que son objetos de compra-venta, o que hasta podrían capitalizar intereses.

Todavía me quedan pendientes los casos de Santa Victoria (Querecotillo), y recordemos esos amores de colegio del tipo profesor-alumna que parecen estar floreciendo en primavera. Sí, justo mientras tú y yo estamos leyendo esta columna.

Y yo insisto, ¿y los operadores de justicia? ¿O es que solo funcionan si el ‘robo’ es denunciado desde Santa María del Pinar? Digo, ¿no? (eso se llama racismo y lo abordaré en otra columna).

La situación se revierte reeducando a padres, madres, hijos, hijas, docentes y la comunidad en general sobre la afectividad sana y la real valoración de las personas; pero, como Marco Paulini me lo dijo en una conversación personal, si nos metemos con las creencias y costumbres de la gente, es como si les insultáramos de la peor manera. Amenos que… algo raro esté pasando allí.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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