El genio del primer, único y último deseo

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. Una adolescente está en su cuarto, sola, ensimismada, sentada en su tocador mirándose al espejo. Su rostro refleja ira, frustración, mucho dolor, un dolor que ya no se puede controlar y que debe estallar de forma efectiva, como duela más, aunque no entienda cómo. De la nada, un hermoso doncel, como esculpido por Fidias, aparece allí dentro. Se le acerca, la mira en el espejo, le sonríe seductoramente.

Entonces, la adolescente toma su lima de uñas mientras el doncel la toma de los hombros y comienza a acariciarla. Ambos hacen un nuevo contacto visual mediante el espejo. El doncel no borra su sonrisa seductora. La adolescente respira profundo, revisa sus antebrazos. ¿Dolerá? Quizás no interese lo que le duela sino lo que duela al resto, si acaso llega a dolerle.

Con la otra mano, ella empuña la lima y se dispone a clavársela en el antebrazo mientras el doncel no hace más que sonreír seductoramente y acariciarla.

¡Plaf!

Abrimos la puerta de golpe. La adolescente y el doncel nos miran con terror. ¡Los hemos descubierto!

El doncel trata de escapar pero lo agarramos del cuello y los brazos, lo llevamos a empujones hacia la mitad de la calle, y toda la gente lo rodea. Él no sabe a dónde escapar (no tiene cómo). Y mientras planeamos qué escarmiento darle, la adolescente sigue aferrada a su lima de uñas, amenazando que si no soltamos al doncel, ella se herirá de todos modos; pero alguien le logra arrebatar el objeto punzocortante. Ahora no puede abogar por él.

El doncel dirá en su defensa cínica que quiso hacer algo por ella, que fue el único que quiso hacer algo por ella pues nadie más la entendió.

¡Wow!

Excelente guion literario, ¿no te parece? En mi imaginación de productor de contenidos, es una alegoría perfecta para comenzar a comprender qué está pasando con nuestros y nuestras adolescentes que, de pronto, reciben esas súbitas y seductoras visitas en sus espacios más íntimos con la finalidad de acabar con sus vidas. Sí, así de crudo.

Claro que la escena del doncel y la adolescente es, en realidad, la consecuencia de una cadena de situaciones que van disminuyendo el amor propio de una persona al punto de autoinflingirse la muerte. La discusión no es de carácter moral sino mas bien holístico, científico y sin prejuicios: ya tenemos cuatro suicidios en nuestra comunidad en solo dos semanas, sin contar las tentativas.

Como lo he comentado en mis redes, he comenzado a dudar que sean hechos aislados, y me atrevería a decir que están siendo gatillados o impulsados por algo o alguien de manera deliberada. ¿en qué me baso?

Cuando las personas nos enfrentamos a situaciones adversas, tenemos una amplia gama de respuestas según cómo se esté formando nuestra personalidad; pero, cuando todas coinciden en la misma conducta, a mí me brota la sospecha.

El otro aspecto es que la probabilidad de un nuevo suicidio radica en el grado de secretismo o indiferencia que le otorguemos al tema; es decir, mientras menos hablemos al respecto, es probable que se manifieste más. Por eso, me parece que es un asunto que tanto a nivel preventivo como correctivo tenemos que sacar a la luz, hacerlo un punto de agenda pública, abordarlo sin miedo en medio de la calle, para definir cómo le vamos a restar fuerza y eventualmente eliminarlo o proscribirlo, igual que al doncel de la alegoría a quien tenemos rodeado esperando un veredicto condenatorio.

No olvidemos que el suicidio, en esencia, es otro tipo de violencia.

Entonces, las tareas que tenemos son: determinar quién y qué está gatillando los suicidios para descubrirlo y penalizarlo en la medida de lo posible, e iniciar un diálogo inteligente y abierto (la ciencia ayudará muchísimo, insisto) en nuestra comunidad sobre los suicidios y por qué hombres y mujeres de nuestros entornos lo están acogiendo como salida.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

Pristina 255