No lo denunciaré; que Dios haga justicia

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/Nelson Peñaherrera Castillo. La joven que fue agredida por su pareja en un hotel de 26 de Octubre, y que vimos con estupor en nuestras pantallas, ha reaparecido y dicho que no denunciará a su agresor y que Dios se encargará de impartir justicia.

Primera impresión: Esas declaraciones me frustran demasiado. Hasta cierto punto estoy molesto por la actitud de esa mujer, pues se trae abajo todo el mensaje que hemos venido hilvanando en los últimos meses para reducir la violencia basada en género y para que las víctimas rompan el silencio y denuncien, a pesar de que los operadores de justicia, a veces, parezcan comportarse con total insensibilidad.

Segunda impresión: Si lo que la chica pretende es que la dejemos tranquila, se equivocó de plano. Si dejamos pasar este caso, enviaremos un mensaje pernicioso a la comunidad, donde cualquier sujeto puede hasta matar y gozar de impunidad: la pareja de esta chica es un peligro social y dejarla como si nada, equivale a hacerme cómplice de un mal que puede volverse contra la gente que quiero.

Lo siento, mamita, ahí sí ya fuiste, porque le daremos al caso hasta que el fulano pague con la justicia humana; luego veremos la justicia divina.

Como comunicador que comenzó a trabajar temas de género con mayor dedicación en los últimos meses, mi opinión profesional es que el mensaje de esta víctima, afortunadamente propalado por los medios, debe interpretarse completamente al revés. Sí, al revés.

Lo que la chica nos dice a voces es: quiero justicia.

Sé que dijo otra cosa; pero, si algo aprendí en estas dos décadas de trabajar en medios es que siempre hablamos a dos niveles. El primero es el consciente, lo que se escucha; el segundo es el subconsciente, lo que se quiso decir realmente.

Por simple instinto de supervivencia, el ser humano huye del dolor. Sin embargo, si usa el dolor para huir del dolor, hay una evidente disonancia entre lo consciente y lo subconsciente, que corresponde conciliar y sanar a los y las especialistas en salud mental.

Lo que digo es que si esa joven está buscando protección en alguien a quien considera fuerte, por lógica, es porque hay una debilidad en la que se le ha formado, y por la que ella está buscando equilibrio, es decir, justicia.

Que lo busque de forma equivocada, repito, es rollo de la psiquiatría y la psicología. Lo que digo es lo que en el fondo nos está demandando a nivel de metamensaje.

Ella sabe que su situación no anda bien, de lo contrario no habría tomado la ventana que ofrecen los medios para expresarse. ¿A nombre suyo? No lo creo. Muchas personas tampoco lo creen. Es obvio que está hablando por miedo a la pérdida de aquello que le da protección, aunque en el fondo la dañe. Algo así como una persona drogadicta justifica el uso de cualquier sustancia porque si se la quitan, se muere. Es exactamente el mismo cuadro.

El problema es que la manera cómo esta joven pretende hallar justicia es incorrecta por donde la veamos, por lo mismo que hay un evidente desequilibrio que, reitero, deben verlo especialistas en salud mental. En este aspecto, ella debe sanar para enfrentarse al siguiente paso, o sea, usar el sistema de justicia.

Aquí está mi razón clave para argumentar la súplica subconsciente de esta mujer: no confía en el sistema de justicia. Bueno, tras la decisión de la jueza debido a un endeble expediente fiscal, yo tampoco; pero no por eso me voy a rendir. Mas, no estamos hablando de mí. Sigamos.

Eso quiere decir, siguiendo la interpretación al revés, que si el sistema de justicia actuara con justicia, es probable que sí se lanzaría a conseguirla. Aquí ya es chamba de los operadores, sometidos, quiéranlo o no, a vigilancia ciudadana para asegurar el debido proceso.

El derecho penal se especializa en perseguir y castigar las conductas humanas que representan un peligro público, aunque le haya pasado a una sola persona. Una agresión venga de donde venga, sea grande o pequeña, es un peligro público. Un agresor suelto en calles y plazas es un peligro público.

Entonces, como el peligro público se persigue y castiga, lo consecuente es que se administre justicia al respecto. No soy abogado, tengo excelentes amigos y hasta un hermano abogado, y por todo lo que me han educado sobre el tema, ese es mi consejo.

Y en ese aspecto, dejar que Dios administre justicia es algo que no debemos ni pedir porque es parte de sus funciones. Lo que Dios no creo que tolere es que dejemos de usar los canales humanos para castigar un crimen contra uno de nuestros semejantes. Para quienes todo lo ven pecado, es más pecado dejar a un peligro público libre para agredirnos. Las próximas víctimas podrían ser las mujeres de nuestra familia, o hasta tú o yo.

Ya hablando en terrenos de la fe, podría asegurar que Dios también está infinitamente frustrado y molesto con lo que esta chica dijo. No soy teólogo, pero si algo no tolera el Padre es la injusticia. Lo enroncha. Abomina cuando nos cruzamos de brazos al respecto. Así que agradezcamos a Dios que ella apareció completa, pero desoigamos su débil soberbia, y sigamos trabajando para que el caso se resuelva. Si no es para que ella se beneficie, bueno, asunto suyo, tampoco le vamos a rogar, pero sí para proteger a la gente que queremos. Por lo tanto, respetemos su libertad de expresión, pero pongámonos a actuar ahora. Basta de violencia.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @nelsonsullana)

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