La educación, de pronto, se convirtió en un botín político

Nelson Peñaherrera
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Por: Nelson Peñaherrera Castillo. En los casi dos meses que la protesta social en la provincia arequipeña de Islay tiene contra el proyecto minero Tía María, padres y madres de familia han optado por no enviar a sus hijos e hijas a la escuela, por temor a que sean víctimas de los manifestantes, lo que se trae abajo el argumento de que su objeción sea pacífica. Del otro lado de la orilla, la Comisión de Educación del Congreso de la República investigará a la Superintendencia Nacional de Educación Universitaria.

Aunque por un lado, la idea es evidenciar cierto miedo a que una empresa no sea ambientalmente responsable, y por el otro pedir cuentas claras a una entidad pública, lo cierto es que no puedo evitar la sospecha de que el propósito en ambos casos –curiosamente los extremos políticos, la izquierda y la derecha- es apropiarse de la educación como si fuese un botín de guerra.

Vamos por el primer lado. No es la primera vez que la protesta social ligada a la reivindicación de alguna demanda ciudadana cierre escuelas. Recordemos, si no, la actitud nefasta de Pedro Castillo, un docente que estaba pidiendo mejoras salariales, cuando ganaba casi mil dólares con bonificaciones y todo, intentando traerse abajo la carrera pública magisterial, que busca precisamente decantar un profesorado que ofrezca un servicio de calidad, al que se le estaban dando mejores condiciones salariales.

O sea, Castillo intentaba hacer llover sobre mojado. El caso es que durante casi dos meses hace dos años, el grupo liderado por este docente, opuesto a las directivas de su sindicato principal que ya estaba negociando esas condiciones, obligó a cerrar las escuelas casi en el momento cuando el año lectivo juega descuentos, y en el caso de los estudiantes de quinto de secundaria, necesitan terminar lo más pronto posible para hacer los trámites si acaso quisieran seguir estudios superiores. Por donde lo veamos, la intención era clara: frustrar futuros.

congreso de la republica 6

Castillo intentó repetir el plato al año siguiente, con menor éxito, y quiso hacer lo mismo este año, hasta que el periodismo e Inteligencia de la Policía Nacional descubrió que estaba casi conspirando para lanzar otro paro a mitad de este año, cuya finalidad era la misma: pedir más plata para los y las docentes, cuando los aumentos escalonados ya se están dando siempre y cuando te hayas acogido a la carrera pública magisterial, y siempre y cuando la recaudación tributaria del país (nuestros impuestos) lo permita, cosa que no ha crecido considerablemente porque o no pagamos o evadimos.

Dicho sea de paso, y aquí está lo sospechoso de la movida de Castillo, se opuso en todos los idiomas a que padres y madres de familia en alianza con otros docentes supervisaran el trabajo en aula, considerando que no eran las personas idóneas para calificarlos. Castillo se olvida que la educación pública en Perú es pagada con plata de nuestros impuestos, por lo tanto, incluso sin ser padre o madre de familia, cualquier persona tiene derecho de pedir cuentas sobre cómo se está impartiendo cada sesión en clase. Y si él considera que padres y madres no son idóneos para evaluarlo (algo que va contra su línea ideológico-política), ¿entonces quiere decir que es malo como docente? Si te opones a que te evalúen, ¿a qué tienes miedo?

Cualquier persona con un poco de objetividad se haría esa pregunta y la sospecha es válida. Dicho sea de paso, Castillo ha sido de tibio a glacial en términos de sentar posición sobre los casos de abuso y acoso escolar, especialmente el sexual, posición que se extiende a sus dirigentes locales, como me tocó escuchar una vez acá, cuando uno de ellos minimizó los incidentes. Y aquí comienzas a redondear tus sospechas.

Dicho sea de paso, si la educación en el Perú tiene buenos estándares, la gente no escribiría con tantas faltas ortográficas en las redes sociales. Pero, hasta en evaluaciones internacionales vamos pésimo. Y como para no poner toda la cruz en el hombro magisterial, la otra parte de la culpa la tienen padres y madres, quienes parecen no haber asumido que su niñez y adolescencia ya se fue, y les toca actuar responsablemente tomando interés no solo de cuánto aprenden sus hijos e hijas sino de cuán buenas personas están llegando a ser. . Porque eso de poner el grito al cielo sobre qué están enseñándole a mis hijos pero al llegar a casa no saber ni de qué color es la tapa del cuaderno de Matemáticas, perdonen, pero es el peor acto de hipocresía que podemos cometer contra ese grupo al que eufemizamos como “el futuro de la patria”.

Y si la indisciplina ha crecido en las escuelas, casi que no es culpa de la docencia sino de la paternidad y la maternidad mal asumidas. Digo, sentido de la realidad, ¿no? Sigamos.

Y si esa suerte de conspiración parece buscar a toda costa que los y las estudiantes no se gradúen del sistema básico regular o conexos, en la educación superior la pugna es de niveles apocalípticos. Desde que la superintendencia Nacional de Educación Universitaria, la Tía Sunedu para la collera, reemplazó a la Asamblea Nacional de Rectores en términos de definir qué establecimientos están siguiendo criterios de calidad, como que yo siento que por fin se separa el grano de la brizna.

Entidades que efectivamente se han esforzado por mejorar sus niveles, especialmente en el sector privado, han conseguido sus autorizaciones y licenciamientos, aunque algunas de ellas están poniendo unas reglas bien antojadizas a su estudiantado que bien merecerían la intervención urgente del Indecopi, especialmente con el asunto de los centros de idiomas. Y hablo de Piura, por si acaso. El caso es que ahora estudiantes, padres y madres tienen un panorama más claro y sincero de a donde confiar los pregrados y posgrados, lo que me parece excelente. Una cosa es la autonomía de cátedra, siempre que se ajuste a ley, pero otra cosa es que estés vendiendo grasa de chocolate por chocolate puro, y eso es lo que no debe permitirse.

Claro que a veces los gestores de la Sunedu parecieran estar perdidos en el entramado legal, pero el hecho que se establezca un estándar es justo y necesario.
Ya en términos más abstractos y casi etéreos, no es ocioso reiterar el poder de la educación: en la medida en que abras una mente a la ciencia y al conocimiento, la irás liberando, sacando del molde y dejándole a mano las herramientas necesarias para explorar y explotar todos sus potenciales al punto de evolucionar en lo que llamamos desarrollo humano. Presumo que eso quería decir cierta congresista. Bueno.

Desde aprender las primeras letras y los primeros números hasta reescribir teorías científicas dadas por sentadas, el poder de la educación es maravilloso, y es uno de los pilares claves para la construcción afirmativa de cualquier espacio, desde una ciudad hasta un planeta completo. El solo hecho de liberar mentes es ya una revolución cualitativa a la que jamás debemos renunciar y no debemos dejar que nadie nos impida gozar.

En ese contexto, ¿por qué los eternos antagonistas políticos de nuestro país querrían apropiarse de los destinos de la educación? Muy buena pregunta.
Si controlas el conocimiento, controlas a la gente. Si le dices a la gente lo que tiene que aprender y lo que no, la puedes manipular. Y cuando la gente tiene acceso a una sobreoferta de información, el quitarles la educación es dejarlas expuestas a que el mito sea tomado como verdad y la verdad como mito porque no habrá quién dé luces para discernir qué es lo uno ni lo otro.

Si bloqueas la educación, tendrás una población ignorante, a la que puedas moldear a niveles de una dulce esclavitud, un estado en el que le haces creer a la gente que estás dándole lo que le gusta, cuando no es así. En realidad les estás dando lo que a ti te conviene. Manipulación e ignorancia, a final de cuentas, una combinación deliciosa para quienes tienen poder, y poder pagado también con dinero de nuestros impuestos. Y eso es criminal.

Y lo más criminal en este esquema es que la izquierda parece estar apuntando a la adolescencia como público objetivo, haciéndole creer que las vacaciones forzadas son el mejor regalo que les han podido dar, como que si estuvieran forjando futuros votantes quienes agradecerán en las urnas el hecho que les dejaran rascarse la panza viendo algún ‘reality’ de mala muerte. Consecuencia: son chicos y chicas que no saben ni escribir su nombre, a la larga, y terminan comunicándose casi que con guturales y señas, cuando no jeroglifos o pictogramas que nadie entiende.

Por el lado de la derecha, la idea es congraciarse con ese grupo de empresarios que convirtieron la educación superior en un negocio puro y no en un servicio de paga, que no es lo mismo por si acaso. Consecuencia: egresados que les dará lo mismo operar un pie que una oreja, o que creerán que cemento y excremento son sinónimos porque riman bonito, o en general gente a la que el copia-y-pega le parecerá algo tan natural como el pega-y-goza.

Si bien es cierto, parábola significa trayectoria curva descrita por un punto sobre un plano lo mismo que cuento corto simbólico con moraleja, yo prefiero combinar ambas porque ambas son buenas, no una más que la otra. Y de eso se trata la educación superior, de apostar por una integralidad con calidad.

Entonces, estemos muy alertas a los movimientos sociales que cierran escuelas o los partidos políticos que quieren relajar las condiciones para brindar educación superior de calidad. Ni nos están dando vacaciones ni nos están abriendo el mercado. Puede que estén generando las condiciones para que nos hundamos en la ignorancia que nos haga fáciles de manipular, o en la manipulación que nos haga más ignorantes aún, o quizás peores personas, y todo eso produce pobreza en todas las acepciones del término. Que nadie diga que no se advirtió.

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