¿Capaces? ¿Veraces? ¿Cómo deben ser los ejecutores de la reconstrucción?

Nelson Peñaherrera
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ERP/Nelson Peñaherrera Castillo. La locomotora de Reconstrucción con Cambios aún no arranca; digamos que está calentando motores en el mejor de los casos. De hecho, esta semana nos enteramos que la sociedad civil (léase, tú o yo) estará representada en toda esa jarana por la Universidad Nacional de Piura (UNP). esteee, ¿no lo sabías? Bueno, ya te enteraste.

Una de las cosas que intriga a la gente que sí está interesada en el proceso es quiénes serán los reconstructores, y en ese sentido hay dos corrientes: quienes quieren profesionales de primerísima línea y quienes quieren personas honradas por sus cuatro costados.

La primera corriente cree que la mejor manera de que las obras no se desmoronen, un par de meses después de haberlas inaugurado, radica en el hecho de que los contratistas deben garantizarnos que su 'staff' tiene títulos en los centros de estudio más reputados, que no dejen duda alguna de su competencia y experiencia profesional, que sepan la cantidad exacta, exactísima, de fierro, ladrillo, cemento y tierra a mezclar, que tenga el cálculo exacto de dónde reubicar a la gente para que ninguna creciente la afecte; en fin, la milenaria ciencia de la construcción al servicio de la reconstrucción.

La segunda se enfoca en que, bajo el mismo escenario de que la obra no se caiga-desplome-desmorone-colapse al segundo mes tras haberse inagurado, la mejor garantía sea que los contratistas no tengan uñas, que es lo mismo a carecer de antecedentes policiales, penales, judiciales, heréticoss, en fin todo lo que se reduce a a siete palabras: no haber robado jamás en su vida.

¿Cuál es la mejor corriente?

Ay, oye, no hay tanta vuelta que darle; pues... ¡las dos!

De hecho, el perfil de quienes se encarguen de la reconstrucción es una suma de ambas posiciones: por un lado, gente capaz, bullente y boyante de conocimiento, pero también gente veraz, bullente y boyante de actitudes positivas.

No queremos gente tan blanda que la obra le quede ídem, ni gente tan esclavista que la obra también le quede blanda; queremos gente que sepa liderar y exigir no solo para que su nombre se perennize -vamos, es legítimo el deseo de trascendencia-, sino para que millones de personas estén seguras y así lo sientan.
Tampoco queremos sindicatos que cobren cupos y sientan que la contratista es su cajero automático sin límite de crédito. Ojo.

Mucho menos queremos que las autoridades y funcionarios locales, ahora que se ha anunciado tendrán fondos transferidos, crean que es su caja chica personal. Ojo, pestaña y ceja.

Será una búsqueda y una selección muy fastidiosa, casi obsesiva, con unos términos de referencia a estándar muy alto; pero, ¿saben qué?, es necesario llegar a ese punto por ti, por mí, por quienes nos rodean y por quienes van a venir.

El hecho que la UNP sea la delegada de la sociedad civil no resta a la propia sociedad civil para fiscalizar; al contrario: cuantos más seguros utilicemos, mejor. En todo caso, sí tenemos que empoderar a esa casa superior de estudios para que nuestras exigencias justas y razonables sean acogidas, incluídas y aplicadas. De nuestra parte, ahí radica el cambio.

A propósito, sí sería bueno escuchar a quienes dudan de la probidad de UNP en vista de las controversias en que se ha involucrado, especialmente tras haber emitido títulos sin verificar los antecedentes académicos de cierta congresista.

Creo que hay que separar a la institución de la persona alegadamente infractora. Quiero decir, la entidad no tiene por qué cargar con la impericia o la negligencia de un individuo, a menos que estemos hablando de un esquema colectivo que nos ponga en tela de juicio la representatividad; pero, mientras no se determinen responsabilidades, démosle el beneficio de la duda (presunción de inocencia, dirían los abogados).

Ya, si se prueba lo peor, se cambia y listo. Ojalá que esto nunca pase, y que nos demos cuenta oportunamente si pasara.

Por lo de fondo, contratistas capaces y veraces, honestos, honrados, incuestionables, claro que sí. sería suicidio renunciar a éso. Pero, como sigo insistiendo, sería más suicidio restarse al proceso. es la única forma de que los cambios de la reconstrucción sean beneficiosos para todo el mundo.

(Opina al autor. Síguelo en Twitter como @NelsonSullana)

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