Cheo y Gabo

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP. Latinoamérica estaba empezando a digerir la partida de Cheo Feliciano, que falleció en un accidente de tránsito este jueves 17 en San Juan, Puerto Rico, cuando en la boca del estómago nos golpeó horas más tarde, la partida del escritor colombiano Gabriel García Márquez.

El colombiano se nos fue desde Ciudad de México, donde estaba convaleciendo.

Yo sabía de su existencia por cultura general, hasta que pude estudiarlo en cuarto de secundaria (1990) en el curso de Literatura.

Entonces escuché ese término: realismo mágico.

Si tienes la facultad de vivir la realidad en medio de una explicación mitológica de lo que está pasando ante tus ojos, como si pretendieras engañarte que el Universo gira alrededor tuyo, entonces estás dentro de esa corriente.

Cuando pasé los 20, cubría activamente las noticias aquí en Sullana, y siempre coincidía con Irina Mauricio.

Además de la actualidad, nos gustaba hablar de todo, incluso de literatura.

En 1997, ella me sorprendió para mi cumpleaños con un monólogo poco conocido del autor, Diatriba de amor contra un hombre casado.

Cuando leo literatura, voy de corrido. Esa obra no fue la excepción.

Su prosa elegante y bien estructurada inspiró a muchos y muchas de esta generación, que descubrimos que el contar historias no solo consistía en narrar hechos, sino en darles estilo, elegancia, gusto, cual ballerina enérgica que además transmite belleza.

Es entonces cuando la técnica se convierte en arte.

El periodismo, cuando cuenta historias de forma equilibrada y estética, crea arte... aunque poca gente lo vea como tal.

¡Bastardo Cheo! Quería hacer una juerga bohemia en pleno Jueves santo, y no se le ocurrió mejor idea que pedirle a Dios para llevarse a Gabo, así ángeles, santos y santas tendrían ritmo y narrativa al mismo tiempo.

No se trata de dónde es cada cual. Latinoamérica está de duelo, como hace dos mil años cuando la soberbia humana llevó a la cruz a un líder de Nazaret.

Solo debemos tener fe que al tercer día, resucite el talento de todos ellos en la nueva generación.

La energía no se destruye, se transforma.

Esa energía se llama legado.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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