La identidad como activo comunitario

Nelson Peñaherrera
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nelson penaherrera castilloERP/N.Peñaherrera.La otra noche conversaba en línea con un joven funcionario, quien me sorprendió por su capacidad de sostener una charla.

Él trabaja en una municipalidad de centro poblado, donde el componente poblacional y económico es rural.

La comunidad se dedica a la agricultura, luego a la ganadería, pero tiene algunas posibilidades con otros econegocios que, en vez de competir con los primeros, mas bien los complementan.

Les doy una clave: es un pedazo de paisaje inusual, abrupto y verde en plena costa piurana.

Conversábamos sobre la posibilidad de construir un esquema de desarrollo peculiar, donde esa comunidad se proyecte al mundo vendiendo su activo más importante: su identidad.

El temor de este muchacho era si al realizar ese proceso, acaso esa identidad termine 'contaminándose'.

Todo proceso intercultural implica una suerte de negociación con las identidades de diferentes lugares, donde es legítimo que adoptes patrones de otros sitios y los hagas tuyos pero sin dejar de lado tu esencia.

A eso lo llamamos evolución.

Ejemplos de ello parecen ser Colombia, Brasil, Argentina o México, a quienes criticamos su nacionalismo, pero ¿no es que esos países se capitalizaron poniendo su identidad en vitrina?

El primer paso para construir identidad no es repetir cual lorito fechas y nombres. Primero hay que formar autoestima.

La construcción de autoestima tampoco es cuestión de floro, sino un proceso muy personal, secuencial y de mediano aliento. A veces toma un año recomponer toda una vida. A veces menos. A veces más.

La cosa es que si no nos autovaloramos como personas capaces de aportar algo importante siendo quienes somos, será difícil construir procesos de desarrollo sostenible.

¡Ahora caigo por qué andamos como andamos en Sullana! Bueno.

Tras ese autorreconocimiento, ya viene la reestructuración del tejido social local, de la oportunidad de acordar hacia dónde se construirá el progreso de la zona, de empaquetarlo todo y de lanzar la iniciativa.

Claro que parece fácil enunciarlo en un párrafo, pero ése es el camino. Insisto que dar soluciones mesiánicas es venir con más de lo mismo y condenar a un pueblo a que vaya degradándose... ¡como Sullana!

Y si el modelo es exitoso, la comunidad que lo impulsa puede darse el lujo de convertirlo en un producto exportable no tradicional: conocimiento. Y, ojo, se paga muy bien por eso en otras partes del mundo.

Imagina una comunidad rural vendiéndonos su experiencia de integración y proyección como conferencia central, en diferentes escenarios del mundo... incluyendo Sullana.

Como dije, no debe existir temor de que, en ese proceso, se incorporen ciertos patrones culturales positivos que nos son ajenos. Si realmente van a enriquecer nuestra identidad, que vengan. Si es lo opuesto, clarísimo que no.

No nos conformemos con educar gente productiva. Formemos gente visionaria. Nuestro futuro nos lo agradecerá.

(Sigue al autor en Twitter como @nelsonsullana)

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